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Libro: “La Política de la Heroína: la complicidad de la CIA en el narcotráfico mundial”

POR: JOSÉ GUILLERMO MÁRTIR HIDALGO.

Alfred McCoy, es un historiador y catedrático universitario estadounidense, publica “La Política de la Heroína: la complicidad de la CIA en el narcotráfico mundial” en mil novecientos noventa y uno.

McCoy inicia su libro, narrando la historia del comercio de la droga. El opio se menciona en los textos griegos del siglo quinto antes de Cristo. Y en los textos chinos, se menciona en los del siglo octavo de la era cristiana. Su uso, dirá el autor, se mantuvo en el ámbito local hasta el siglo dieciséis, cuando comerciantes portugueses, holandeses e ingleses descubrieron sus potencialidades. Fue la compañía británica de las indias orientales, la que estableció un monopolio del opio hindú en mil setecientos setenta y tres. Quienes la transportaban a China, cambiándola por sedas y porcelana, las que se embarcaban a Inglaterra y Europa. Este comercio dependía del control político británico de la India y la fuerza militar china, que hacía esfuerzos por prohibirla. Por tal motivo, Inglaterra libro una guerra contra los chinos en mil ochocientos treinta y nueve y mil ochocientos cincuenta y seis. El autor explica que la Amapola produce opio, del que se derivan la morfina y la heroína.

Fue en el siglo diecinueve que el mundo occidental conoció la cocaína. Desde la década de mil ocho cientos cincuenta, firmas químicas europeas empezaron a extraer el elemento activo de la coca. Merck comenzó a fabricar la cocaína en forma comercial. Fue hasta mil novecientos tres, que la comunidad médica empezó a tomar conciencia del carácter adictivo de la cocaína.

McCoy narra que el presidente Herbert Clark Hoover nombro a Harry Anslinger, como primer comisionado de la oficina federal de narcóticos del departamento del tesoro. Durante la Segunda Guerra Mundial, facilitó personal de su departamento a la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS), precursora de la Agencia Central de Inteligencia (CIA).

La Oficina de Inteligencia Naval (ONI), se aproximó a la mafia siciliana-norteamericana, para solicitarle ayuda en los muelles de Nueva York. Para que no se produjeran acciones de espionaje y sabotaje alemanes. Por tal motivo, la ONI se puso en contacto con Lucky Luciano y Meyer Lansky. Otros servicios que presto Luciano fueron, proporcionar información de donde se encontraban las fuerzas militares italianas en la costa de la Isla de Sicilia. Esta información, permitió derrotar las guarniciones italianas. Al terminar la guerra, la mafia siciliana era más fuerte que nunca. Thomas E. Dewey, gobernador de Nueva York, conmuto la sentencia de prisión de Luciano, quien fue deportado a Italia.

Al final de la Segunda Guerra Mundial, el número de adictos a la heroína había caído a veinte mil. El gobierno norteamericano, tuvo la oportunidad de erradicar su adicción, pero, a través de la CIA, creo una situación que posibilitó a la mafia siciliano-norteamericana y al submundo de Córcega, reavivar el tráfico de estupefacientes.

Luciano armo uno de los más exitosos sindicatos del narcotráfico en Sicilia. Empezó desviando heroína de la farmacéutica Schiaparelli a Estados Unidos. En mil novecientos cincuenta la industria farmacéutica italiana sufrió restricciones, por lo que Luciano acudió a un importante mayorista libanes, quien recibía opio sembrado en Turquía y procesado en el Líbano. Un año más tarde, empezaron a aparecer laboratorios de heroína en Marsella, que era el principal puerto de entrada de los bienes aportados por el Plan Marshall a Europa. Los hermanos Guarini, eran los lideres del submundo corso. La administración francesa estaba consciente del tráfico de heroína y permitía que operaran en secreto. En Estados Unidos, Santo Trafficante era el nuevo suministrador de drogas, una vez muerto Luciano y Lansky retirado.

El sudeste asiático era una zona prometedora para la mafia, por lo que otorgaron poder e influencia a los lideres de las tribus Hmong a cambio que cultivaran amapolas. El sistema tuvo éxito hasta que los franceses, reclutaron a dirigentes tailandeses de la región baja para que se desempeñaran como intermediarios y controlasen a los Hmong de la región alta.

El suministro de opio después de la Segunda Guerra Mundial provenía de sudeste asiático, completado con opio procedente de Irán y China. La producción en el sudeste de Asía involucraría a los Estados Unidos, convirtiendo al Triángulo Dorado formado por Birmania, Laos y Tailandia, en el área de mayor producción de opio del mundo. El ejército francés descubrió que sus tácticas de batalla no funcionaban, por lo que compro ayuda a los Hmong mediante la adquisición se su opio. El cual era transportado a Saigón y vendido al mercado de adictos que existía. Mientras que el excedente, se entregaba al submundo corso. La CIA en la persona del coronel Edward G. Lansdale, se quejaba de los militares franceses. La derrota francesa no hizo desistir a los militares franceses de continuar la guerra de manera encubierta. McCoy afirma que la guerra era una contienda entre Estados Unidos y Francia, por controlar a Saigón y Vietnam del Sur.

Remanentes del Ejército Nacionalista del Kuomintang (KMT), en vez de organizarse para ejercer presión a China, se esparció por el noreste de Birmania para controlar la producción de opio. Las caravanas llevaban la droga a Tailandia y regresaban con armamentos. Flujos de armas y estupefacientes iban y venían en aviones de la CIA. En mil novecientos sesenta y uno, los birmanos derrotan a los del KMT y huyeron a Laos, encontrando armas y municiones estadounidenses que habían dejado abandonadas.

A partir de mil novecientos cuarenta y ocho, el general Phao Siyanam, director de la policía tailandesa, recibía el opio birmano. Phao tenía el control de las empresas de Bangkok dedicadas al crimen organizado y al vicio. En mil novecientos cincuenta y cuatro, el secretario de Estado del ejército de los Estados Unidos, otorgo la legión al mérito al general Phao, por “servicios excepcionalmente meritorios”. Facciones que asumieron posteriormente el poder en Tailandia, echaron del país a los agentes de la CIA infiltrados en la policía de Phao.

Pero la principal participación norteamericana en el Triángulo Dorado se dio en Laos. Por quince años, de mil novecientos sesenta a mil novecientos setenta y cuatro, la CIA mantuvo un ejército secreto de treinta mil hombres de las tribus Hmong. El apoyo del cultivo de opio por parte de la CIA aseguraba la supervivencia económica de las aldeas tribales y garantizaba el reclutamiento de los jóvenes Hmong. La estrategia fue un éxito, debido a la red de aviones de Air América de la CIA. Transportaban arroz a los lugareños, reclutas a las batalla y opio al mercado. Ante el avance del Pathet Lao, la CIA recurrió a la política de destrucción, forzando a los Hmong a dejar sus aldeas. El gobierno real de Laos firmo un cese al fuego con el Pathet Lao, poniendo fin a la guerra secreta. Y en mil novecientos setenta y cuatro, Air América abandono las instalaciones laosianas.

Después de la evacuación norteamericana en mil novecientos setenta y cinco, los laboratorios de heroína del Triángulo Dorado continuaron exportando su producto a través de Bangkok. Los sindicatos del crimen chinos se originaron en Shanghai y se mudaron a Hong Kong después de la llegada al poder de los comunistas chinos. Fueron ellos los que crearon los laboratorios del Triángulo Dorado.

Con la guerra de Afganistán, de mil novecientos setenta y nueve a mil novecientos ochenta y nueve, se creó una segunda región productora de heroína. Zbigniew Brzezinski convenció al Consejo de Seguridad Nacional (NSC) que ayudaran a la resistencia anticomunista afgana. La CIA envió a un agente para que se entrevistara con Gulbudin Hekmatiar, jefe terrorista de Hezbi islam. Cuando termino la guerra, la región limítrofe entre Pakistan y Afganistán, emergió en zona importante de producción de heroína.

McCoy finaliza su libro, con un vistazo de la guerra encubierta de la CIA contra el gobierno sandinista de Nicaragua. En mil novecientos ochenta y dos, Ronald Reagan ordeno a la CIA apoyar la lucha de Los Contra frente a los sandinistas. Los aviones llevaban armas y víveres a los puntos de provisión en Costa Rica y Honduras. A menudo, los aviones volvían a Estados Unidos cargados de cocaína. Mientras el pueblo estadounidense se ahogaba en un mar de cocaína, el Cartel de Medellín pagaba a Los Contras, para que ayudasen a entregar la cocaína en Estados Unidos.