El Salvador en la “Lista Corta” de la OIT: Un país puede maquillar estadísticas… pero no esconder eternamente el miedo en los centros de trabajo.
Por: Miguel A. Saavedra.
Cuando el trabajo pierde derechos y el poder exige silencio.
Donde el trabajador teme hablar, el autoritarismo ya encontró lugar de trabajo.
Hay expresiones técnicas que parecen diseñadas para sonar inofensivas. “Lista corta de la OIT” es una de ellas. Suena casi administrativa, burocrática, como el nombre aburrido de un archivo perdido entre escritorios de Ginebra. Pero detrás de ese tecnicismo diplomático se esconde algo mucho más serio: un señalamiento internacional reservado para los países acusados de violar derechos laborales fundamentales.
Cada año, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) selecciona los casos más graves del mundo en materia de incumplimiento de convenios laborales. El Salvador fue incluido en los primeros 26 en 2025 formando parte de 40 países que conforman la denominada “lista corta”, sometidos al escrutinio de la Comisión de Aplicación de Normas (CAN). El país arrastra un historial de más de 15 años bajo observaciones en estos mecanismos.
No se trata, como muchos creen, de una “lista negra” automática ni de un castigo comercial inmediato. La OIT obliga a los gobiernos a rendir cuentas públicamente ante la comunidad internacional. Para liderazgos obsesionados con controlar la narrativa, este escrutinio puede resultar más incómodo que cualquier sanción económica.
¿Por qué El Salvador forma parte de este expediente internacional?
El núcleo del problema gira alrededor del Convenio 87 de la OIT (libertad sindical y protección del derecho de organización) y el Convenio 98 (negociación colectiva). Se trata del derecho de los trabajadores a organizarse sin miedo, sin castigo y sin interferencia estatal.
En la práctica reciente, diversas organizaciones sindicales han documentado patrones reiterados de incumplimientos que han motivado la inclusión y permanencia en la lista corta.
Violaciones sistemáticas al Convenio 87
Las denuncias no son aisladas. Según reportes de organizaciones sindicales, **alrededor del 80% de los sindicatos independientes enfrentan graves dificultades para obtener o mantener su personería jurídica**, con retrasos deliberados y obstáculos administrativos en la entrega de credenciales.
Además, se han eliminado o afectado más de 60 sindicatos en centros de trabajo públicos y privados desde 2019, mientras cientos de dirigentes sindicales han sido impactados.
La paradoja es real: mientras el discurso oficial habla de modernización y eficiencia, el ambiente laboral se describe como uno donde organizarse se percibe cada vez más como un riesgo.
La asfixia administrativa: burocracia como mecanismo de control
Los autoritarismos modernos rara vez prohíben de frente. Prefieren retrasar, desgastar y diluir. No hace falta cerrar un sindicato si se puede paralizarlo con trámites interminables.
Despidos y persecución sindical
El problema se agrava dramáticamente con los despidos en el sector público. Organizaciones como el Movimiento de Trabajadores Despedidos (MTD) y el Movimiento para la Defensa de los Derechos de la Clase Trabajadora (MDCT) estiman que más de 47.100 empleados públicos han sido cesados entre 2019 y principios de 2026, muchos de ellos sin respeto pleno al debido proceso ni al fuero sindical. Solo entre 2025 y lo que va de 2026 se reportan más de 23.400 de estos despidos.
El miedo no afecta solo al despedido: se expande como una señal silenciosa para el resto. Cuando el temor se instala en la rutina laboral, la obediencia tiende a reemplazar la participación.
Cero diálogo con los no alineados
En este contexto, el tripartismo ha sido fuertemente cuestionado. Mientras el Gobierno promueve supuestos consensos con sindicatos alineados al oficialismo, existe **cero diálogo real con los sindicatos y centrales no alineados**. Las demandas históricas de las organizaciones autónomas rara vez prosperan y son sistemáticamente excluidas de las mesas de negociación.
¿Cómo funciona realmente la “lista corta” de la OIT?
La lista surge de un filtro de casos graves y persistentes. El Salvador enfrenta quejas activas ante el Comité de Libertad Sindical (incluyendo casos calificados como “graves y urgentes”) y observaciones reiteradas por incumplimientos a los Convenios 87 y 98.
¿Qué implica para El Salvador permanecer en esta lista?
Daño reputacional e inversión extranjera
Un país señalado por vulneraciones sistemáticas a derechos laborales proyecta incertidumbre. Los inversionistas evalúan no solo números macro, sino gobernabilidad y seguridad jurídica.
Tratados comerciales y cláusulas laborales
Muchos acuerdos comerciales incluyen estándares laborales. Los incumplimientos pueden escalar a tensiones diplomáticas.
La contraofensiva oficial: controlar el relato global
El Gobierno ha intensificado esfuerzos para mostrar avances y buscar la salida de la lista. Mientras tanto, sindicatos autónomos insisten en que persisten violaciones y piden mantener la supervisión internacional.
¿Qué tendría que cambiar para salir de la lista?
La OIT ha insistido en recomendaciones claras: restablecer diálogo social genuino (incluyendo a todas las centrales), garantizar libertad sindical efectiva, eliminar obstáculos administrativos, respetar el fuero sindical y permitir supervisión independiente.
El sindicalismo salvadoreño: entre resistencia y sobrevivencia
El movimiento sindical está fracturado: entre organizaciones alineadas al oficialismo y sindicatos autónomos que denuncian persecución, despidos y reducción de espacios, mientras recurren a instancias internacionales.
Cuando trabajar también implica callar
El problema más profundo es cultural. Cuando el trabajador siente que debe elegir entre el empleo y su dignidad, el espacio laboral deja de ser neutral y se convierte en un ámbito de obediencia política.
La historia muestra que los proyectos autoritarios avanzan debilitando primero los espacios colectivos. La gran interrogante es si la presión internacional, la resistencia social y la memoria histórica bastarán para revertir esta tendencia antes de que el miedo se normalice.
