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EL SALVADOR: DEL VASO DE LECHE AL LABORATORIO LEGISLATIVO.

Por Miguel A. Saavedra.

El Salvador y el milagro de la leche que no es leche.

«Algunas leyes nacen para resolver problemas; otras nacen porque alguien ya tiene listo el negocio.»

Si sabe a plástico y nutre como agua, seguro ya es legal, pero es leche «chaveliada».

La política tradicional nos tenía acostumbrados a las leyes hechas a la medida; la política actual nos introduce a la legislación de laboratorio. Recientemente, la Asamblea Legislativa con botón listo ,aprobó una reforma que levanta los candados históricos y permite la utilización de leche artificial en polvo como materia prima para elaborar productos lácteos, leches mixtas, quesos, cremas y yogures u otros derivados.

Bajo el cobijo de discursos que apelan a la «modernización» y a la «homologación centroamericana», se ha consumado un asalto al vaso de leche del salvadoreño. Pero no nos engañemos: cuando el río suena, es porque leche en polvo trae, y en este río revuelto, la salud y el bolsillo de la población son lo único que va a terminar diluido.

Y cuando una ley lleva detrás intereses «empaquetados » y se habla más de negocios que de nutrición, más de costos que de calidad y más de importaciones que de productores, vale la pena detenerse un momento.

Aquí desarmamos las piezas de un entramado donde el centro de la ley jamás fue la gente, sino el blindaje legal de un negocio con nombres y apellidos ya impresos en los empaques ( ya lo sabremos ).

El nuevo traje a la medida del negocio lácteo

El argumento oficialista cayó por su propio peso de agua: se repitió en el pleno que la medida busca que la gente obtenga productos a bajo costo y porque en otros paises de centroamerica ya se hace así. Sin embargo, un análisis riguroso del texto legal revela la primera gran bandera roja: en ningún artículo de la ley se establece el cómo, el cuándo o el mecanismo de control para que esa supuesta rebaja llegue al consumidor final.

Las leyes de mercado no funcionan por fe ni por las buenas intenciones de un diputado en un micrófono y botón al lado. Si disminuyes drásticamente los costos de producción permitiendo un sustituto barato, pero no regulas el precio final, lo único que estás haciendo es engrosar el margen de ganancia del industrial.

El fondo de todo esto tiene el aroma bypass de los negocios exprés: un andamiaje «llave en mano». No es una coincidencia legislativa; es un modelo de negocios ya empaquetado. Todo parece indicar que ya se tiene definido al país proveedor del polvo, la identidad de los importadores directos con beneficios exclusivos y la planta procesadora que recibirá el beneficio de transformar el híbrido lácteo. Al legalizar esta mezcla, lo que la Asamblea ha hecho no es dinamizar la economía, sino otorgar un empuje legal y un blindaje aduanero a un grupo selecto de amigos y cercanos, protegiéndolos de la competencia real y asegurándoles el monopolio del sucedáneo.

Del vaso de leche al laboratorio legislativo: quién gana, quién pierde y qué está realmente en juego

Están avalando con esa reforma de ley la «nutrición «chaveliada»: Cuando el derecho a la salud se vuelve un lujo. Donde la calidad nutricional de la población debería ser un asunto de seguridad nacional, pero en el debate legislativo fue tratada con una ligereza que raya en el cinismo. Escuchar intervenciones de diputados oficialistas y aliados afirmando que «la gente ya consume productos ‘chaveliados’ y no pasa nada»* o que «el consumidor no distingue entre leche pura o no»es una radiografía perfecta de las prioridades del Estado.

Aquí queda al descubierto que velar por la composición nutritiva, los estándares de calidad o los efectos a largo plazo en la salud de la población jamás fue una prioridad ni estuvo al centro de la discusión.Al contrario, se normaliza y legaliza la precarización alimentaria bajo un peligroso sesgo de clase: la premisa implícita de que, para los sectores más vulnerables, cualquier fórmula blanca que pinte el café es suficiente. Mientras el discurso público vende «bienestar», la letra legal le da la espalda a los estándares de salud pública para validar un engaño etiquetado.

Si la prioridad fuera la calidad nutricional, la salud pública o el fortalecimiento de la producción nacional, ¿serían esos los argumentos principales?

Legislar para el importador, vaciar el vaso del productor.¿La reforma busca abaratar alimentos o simplemente abaratar costos empresariales?

No es exactamente lo mismo.Vale preguntarse qué  negocio detrás de la narrativa y la  experiencia salvadoreña enseña que muchas leyes no nacen para crear negocios.Nacen porque el negocio y los inversionistas ya existen.

El impacto de esta estocada legal no se limita al plato del consumidor; destruye de raíz el aparato productivo local. En El Salvador, las gremiales que agrupan a los grandes, medianos y pequeños productores de leche suman casi un centenar de miles de familias.

Hoy, la anatomía del silencio en el sector agropecuario es desoladora:

Los grandes productores ,guardan un silencio complaciente; muchos de ellos ya están integrados verticalmente en la cadena o forman parte del mismo esquema de importación.
Los medianos productores,callan por conveniencia o por el temor fundado a ser asfixiados y excluidos del mercado si alzan la voz.
Los pequeños ganaderos, el eslabón más débil, todavía no alcanzan a dimensionar cómo la sustitución de leche fluida local por polvo importado subsidiado los empujará irreversiblemente a la quiebra técnica.

Al destruir el incentivo para producir leche real en el campo, el país no solo pierde empleos, sino que entrega su soberanía alimentaria a los intereses de quienes manejan las licencias de importación del polvo artificial.

Menos nutrientes, los mismos de siempre ganando
Lo que señalan numerosas organizaciones médicas, nutricionales y científicas es que la nueva formula es consumible; pero que la composición nutricional original de la leche puede alterarse significativamente cuando se sustituye parcialmente, se diluye o se reformula con grasas vegetales, azúcares añadidos, edulcorantes, estabilizantes y otros componentes industriales.

¿Y el consumidor? ¿Y los grandes comercios de abastos? La cadena de complicidades se cierra en la góndola del supermercado. Los grandes distribuidores de alimentos no opinan al respecto; para ellos, el producto A, B o C es indiferente mientras rote en el estante y genere flujo de caja. En muchos casos, estos grandes comercios ya forman parte de la misma estructura de distribución del híbrido lácteo que se acaba de legalizar.No es la primera vez que una legislación funciona como llave de encendido para un modelo empresarial previamente diseñado.

Por su parte, el consumidor final asfixiado por una economía donde los precios no dan tregua se encuentra en un estado de apatía forzada. No opina porque su urgencia actual no es discutir la pureza del alimento, sino ver si el dinero le alcanza para comprar algo que se le parezca.

Esa es la victoria perfecta del capitalismo de amigos:

El consumidor no protesta porque está en «modo supervivencia» debido a la inflación o la fatiga social. Las grandes cadenas no opinan porque ganan con cualquier producto que rote. Lo que sí resulta evidente es que durante el debate legislativo la pregunta central nunca fue qué alimento necesita la población.

Por lo que diseñar una ley que arrebata nutrientes a la población, quiebra al productor nacional y concentra la riqueza en los importadores cercanos al poder, todo mientras la gente, cansada y desinformada, consume(los que pueden) resignada la leche que no es leche.