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Mientras el MUNDIAL te duerme, la realidad sigue jugando. (Las crisis económicas que el fútbol no puede tapar en El Salvador).

Por: Miguel A. Saavedra.

El Mundial y el Relax con R de Realidad : Mientras rueda el balón de las emociones, continúa la liga de las conmociones nacionales. <<Cuando el espectáculo termina, la realidad sigue jugando>>

Cada cuatro años ocurre el mismo fenómeno. Durante aproximadamente cuarenta días, el mundo parece detenerse para observar una pelota rodar sobre el césped. El Mundial de Fútbol atrae, apasiona, une familias, genera debates interminables y ofrece algo que toda sociedad necesita de vez en cuando: una pausa emocional.

Pero existe una diferencia fundamental entre una pausa y una solución.

Mientras millones celebran goles, sufren derrotas o sueñan con una final histórica, los problemas estructurales de los países permanecen intactos. El marcador emocional cambia cada noventa minutos; el marcador de la realidad suele permanecer congelado durante años.

En El Salvador, sin embargo, la discusión va más allá del Mundial. La gran pregunta es si el país vive una distracción temporal o una distracción permanente.Estamos ante un elemento más para la  estrategia de dominación simbólica que utiliza la «distracción» no como un evento coyuntural, sino como un sistema de gobernanza permanente.

Mientras el mundial captura la atención y las emociones por unas semanas, la gestión del Estado ha convertido la comunicación política en un «guion de Netflix» donde la realidad se sustituye por imágenes generadas por computadora (renders) y una narrativa de miedo que justifica la erosión de libertades.

Ocho años de espectáculo continuo

Si el Mundial dura cuarenta días, la narrativa política salvadoreña parece haberse convertido en un campeonato permanente.Eventos, inauguraciones, anuncios, campañas digitales, espectáculos públicos, producciones audiovisuales de alto nivel, escenografías cuidadosamente diseñadas, renders futuristas y una maquinaria comunicacional que opera las veinticuatro horas del día.

Todo parece orientado hacia un mismo objetivo: mantener la atención pública ocupada.La lógica es sencilla. Cuando la conversación gira alrededor de una nueva obra, una nueva promesa o una nueva polémica, disminuye el espacio para discutir aquello que afecta directamente la vida cotidiana de la mayoría.

La economía doméstica no se mide en discursos ni en cadenas nacionales. Se mide en tortillas, en tiempos de comida que se reducen, en productos que desaparecen del carrito de compras y en familias que cada mes deben decidir qué gasto sacrificar.Mientras la propaganda habla de transformación, la mesa familiar sigue siendo el indicador más honesto del bienestar nacional.

El país de los renders

El Salvador proyecta hacia el exterior una imagen de modernidad, digitalización y transformación acelerada.Torres de gran altura, megaproyectos, estadios de estándares internacionales, centros de convenciones, zonas turísticas y una narrativa que busca presentar al país como una mezcla entre Singapur e islas paradisíacas en Tailandia o del Caribe.

La pregunta incómoda no es si algunas de estas obras son necesarias.La pregunta es otra:

¿Puede sostenerse una vitrina moderna sobre una estructura económica que todavía muestra profundas debilidades?

Porque detrás de los renders existe un país menos visible.Un país donde miles de familias siguen sin acceso a vivienda propia.Donde el costo de una casa continúa fuera del alcance de gran parte de la población.Y los pocos proyectos de vivienda «accesible» terminan siendo inaccesibles para quienes más los necesitan.

De la agricultura pierde protagonismo año tras año porque el sitema favorece la imortacion y no la producción local.
Donde producir maíz, frijol y hortalizas resulta cada vez más difícil y menos rentable pero que es un mecanismo de subsitencia y de apoyo a la economia en lo rual y lo spequeños pueblos y ciudades..

 La economía que no aparece en las pantallas

La realidad económica posee una característica incómoda: es resistente a la propaganda.Los precios siguen subiendo independientemente del discurso oficial.

El costo de vida continúa presionando los ingresos familiares.Las razones cambian constantemente: el petróleo, las guerras internacionales, el clima, los aranceles, las cadenas de suministro o las dinámicas internas del mercado los acaparadores importadores.

Sin embargo, para el ciudadano común, la explicación importa menos que el resultado.La pregunta no es por qué subió el precio.La pregunta es cómo pagarlo.Y mientras eso ocurre, la promesa del gran milagro económico continúa siendo una expectativa pendiente.

 La paradoja del pequeño productor

Uno de los contrastes más llamativos se encuentra entre los grandes anuncios y las pequeñas economías.Por un lado, se promueven inversiones millonarias, ecosistemas tecnológicos y proyectos vinculados a sectores financieros emergentes.Por otro lado, pequeños comerciantes, vendedores informales y microempresarios enfrentan crecientes dificultades para mantenerse operando.

La paradoja es evidente.

Mientras ciertos sectores reciben incentivos y beneficios especiales, quienes sostienen gran parte de la economía cotidiana siguen lidiando con impuestos, tasas, permisos y costos crecientes.

La modernización parece avanzar más rápido en los discursos que en la experiencia diaria de muchos ciudadanos.

 El miedo como herramienta política

Toda estrategia de poder necesita una emoción dominante.

Algunas apuestan por la esperanza.Otras por la admiración, o por el miedo.La política contemporánea ha perfeccionado el uso de esta última.El miedo al pasado,el miedo al crimen,al adversario, o el miedo al cambio.El miedo funciona porque simplifica decisiones complejas.,que reduce debates a una sola pregunta:

«¿Y si regresamos a lo peor?» argumento que mantiene al régimen en altos rating de poder y apoyo, porque se martilla en el consciente colectivo a cada hora y en cada comentario y publicidad multicanal-

Cuando una sociedad permanece emocionalmente en estado de alerta permanente, resulta más difícil discutir temas estructurales como empleo, productividad, vivienda, educación o sostenibilidad económica.

Las tormentas que vienen

Más allá de las disputas políticas, existen amenazas que no reconocen colores partidarios.

El cambio climático.Las sequías,las inundaciones,la erosión,la presión sobre los recursos hídricos.Los fenómenos extremos seguirán llegando independientemente de quién gobierne.

Y cada año el país continúa destinando millones a emergencias, evacuaciones, reconstrucción y atención de daños que podrían reducirse mediante planificación territorial más rigurosa. Ese «progreso de cemento» que justifican tanto ,ignora la vulnerabilidad ecológica de nuestro territorio. Se prioriza la obra de gran calado sin considerar las consecuencias ambientales que sacrifiquen el agua o las condiciones de resguardo para comunidades marginales a orillas de rios y quebradas , transformando el paisaje de manera irreversible bajo la promesa de una modernidad que no alcanza a las mayorías.

El progreso basado exclusivamente en cemento tiene límites físicos que tarde o temprano terminan apareciendo en forma de inundaciones, derrumbes o pérdidas materiales y humanas.

La naturaleza no participa en campañas electorales.

Simplemente pasa factura,el próximo partido: la política.Cuando termine el Mundial, comenzará otro torneo.La campaña electoral,los anuncios aumentarán las narrativas ,se intensificarán los ataques hacia los que no opinan bajo la orbita oficial.Las emociones volverán a ocupar el centro de la conversación pública.

Mientras tanto, seguirán abiertas preguntas incómodas:

¿Cuántos préstamos nuevos se aprobarán?¿Cuál será el nivel real del endeudamiento?¿Qué ocurrirá con el empleo?¿Qué pasará con la agricultura?¿Cómo evolucionará el acceso a la vivienda?¿Qué tan sostenible es el modelo económico actual?

Son preguntas menos emocionantes que un gol en tiempo agregado.Pero tienen una diferencia importante:definen el futuro del país.

Reflexión Ética: La Inteligencia al Servicio del Prójimo

Desde la Doctrina Social, y la misma constitución política que aunque violentada aún nos recuerda que la propiedad y la autoridad tienen una función social. Cuando el poder se utiliza para «espiar» o «perfilar» a los ciudadanos, y cuando los recursos se concentran en negocios vinculados a las élites del momento mientras se ahoga al emprendedor informal, hemos perdido el norte de la convivencia humana.

La inteligencia, si no va unida a la bondad y a la búsqueda de la justicia para los vulnerables, se convierte en una herramienta destructiva. Criticar es una acción ciudadana legítima no es atacar por deporte; es un deber cívico para evitar que el país caiga en la soberbia de quienes se creen «dueños de la verdad y del país» y terminan desconectándose de la realidad que sufre el campesino, la vendedora de tortillas o la familia que no tiene acceso a una vivienda digna.

El colapso de la burbuja: Las burbujas, por definición, no se sostienen por voluntad propia. La dependencia de deuda externa, el estancamiento de la producción agrícola y el aumento del costo de vida son realidades que no se pueden tapar con una campaña publicitaria, por muy efectiva que sea.

La erosión institucional se evidencia cada semana con el «dedo al botón» legislativo para aprobar endeudamiento sin auditoría social es una hipoteca para las siguientes dos generaciones. La pregunta no es solo qué pasará en la próxima campaña, sino qué país quedará cuando la narrativa del miedo ya no sea suficiente para ocultar el vacío de soluciones.

Entre emociones y conmociones

El Mundial ofrece emociones,la realidad produce conmociones.Las emociones son intensas, pero pasajeras;las conmociones son silenciosas, pero persistentes.

Pero ninguna celebración cambia el precio de los alimentos, reduce una deuda pública, genera empleo sostenible o construye viviendas accesibles.
Cuando el árbitro pita el final del partido, las emociones regresan al álbum de recuerdos.Las conmociones, en cambio, siguen esperando afuera del estadio.

El mundial es una fiesta de emociones temporales: el gol, el grito, la euforia. Pero las conmociones de nuestra realidad la falta de pan en la mesa, el inocente que sigue tras las rejas y de otros que mueren allí sin juicio justo, la tierra que se erosiona y el agricultor que abandona la siembra son heridas profundas que no se curan con transmisiones digitales.

Y tarde o temprano, toda sociedad debe decidir si quiere seguir observando el marcador de la pantalla o comenzar a revisar el marcador de la realidad.

Que la emoción del mundial 2026 ,no nos desentierre del presente; la conmoción de nuestro país nos obliga a volver a él. No permitamos que el ruido del «país de fantasía» nos impida ver el dolor del país real. La política del bien común comienza por reconocer la verdad, por humilde y dolorosa que sea.

No te dejes deslumbrar. La verdadera atención consciente en estos tiempos consiste en mirar los datos, en observar dónde se gasta cada centavo del impuesto y en acompañar, desde la palabra y la solidaridad, a quienes están siendo excluidos por este modelo. Mantengamos la brújula orientada hacia la dignidad del ser humano, que es el único terreno donde vale la pena sembrar.

Que la serenidad guíe tu análisis y la responsabilidad tu camino. Seguimos en reflexión.