Entre fiestas agostinas y el olvido de los apresados inocentes sin causa.
Por: Miguel A. Saavedra.
«Pero los dioses del poder y el dinero , se oponen a que haya trasfiguración».
Llegaron las esperadas fiestas en honor al Divino Salvador del Mundo, patrón de El Salvador. La ciudad explota. Desfiles, carrozas, luces, música, el Centro Histórico engalanado como set de televisión.
Una semana de derroche basta para que olvidemos todo lo demás.
La ciudad se llena de algarabía y eventos por doquier; las autoridades municipales y el gremio comercial organizan desfiles, carrozas, música y exposiciones. El centro histórico de la capital se engalana. Y, como bien lo dictan los sondeos de opinión al preguntarles por el mejor logro de la municipalidad, al unísono el aspecto mejor evaluado son las fiestas patronales, muy por encima de los baches , alumbrado público , recolección de desechos sólidos y demás servicios básicos que prestan.
Para las autoridades municipales y su partido oficial solo es un motivo más para mostrar para los que son muy eficientes :montar eventos 24/7 para la gente se distraiga y olvide el hambre un par de horas…
Pero a la par de la fiesta ,luces y cohetes hay una realidad que revienta y ocultan.Bajo el argumento de combatir la violencia pandilleril, se ha apresado a cerca del 2% de la ciudadanía y, en
esta macabra cuenta, se han llevado a justos por pecadores. Ese es el saldo de miles de personas que pasan los 20 mil, según fuentes cercanas a defensores de Derechos Humanos que permanecen en el olvido.
Mientras tanto, el régimen presenta la cárcel de máxima seguridad como un ejemplo.Nos venden la cárcel de máxima seguridad como destino de turismo carcelario. Presidentes extranjeros y fncionarios de america latina ,hacen fila para la foto en el CECOT. Exportamos barrotes. Somos ejemplo mundial.Mientras en las otras 20 cárceles del país se viven pequeños infiernos , donde después de 4 años solo slgunos que pueden pagar defensoría particular han conseguido saber de los detenidos.Este escenario no se vivió ni cuando estaba la guerra civil , con los presos politicos , pues si habia espacio para habeas corpus y a través del CICR, era posible saber y comprobar sobre las captura de alguna persona.
Pero basta alejarse unas cuadras del centro histórico para que el blanco se convierta en negro y la realidad nos golpee: El Salvador no es esa postal turística de cemento y luces; El Salvador es también el grito sordo que emana de las prisiones bajo el régimen de excepción.
Qué ironía tan amarga celebrar la gloria del Salvador mientras el país se ha convertido las cárceles en una «maquinaria de muerte». En las fiestas titulares, la narrativa oficial y la propaganda nos vende a un líder que es un «ángel enviado por Dios», y hace manipulación perversa que hace a niños que canten endiosando al gobernante.
Pero una semana de derroche y espectáculos no borra una realidad innegable e imborrable: la de los presos inocentes de El Salvador.
Como si no fuera suficiente con el encierro sin causa ni juicio para miles de personas que cayeron en la red masiva de capturas, para muchas de sus familias representa una titánica dificultad recolectar los $150.00 o $200.00 del «paquete». Este dinero, de obligatorio pago en los centros penales para el uso de efectos personales de los recluidos, debe ser entregado a las autoridades penitenciarias. Una extorsión legal vestida de normativa, pagada por familiares que no han visto a sus seres queridos desde su captura en 2022, hace casi tres años.
Lo más terrible es el caso de alguien que aunque ya habia fallecido el familiar aún no le habian informado de ello ,pero seguían acpetando el paquete mensual.
Mientras las luces de los fuegos artificiales estallan sobre la capital y miles de salvadoreños se congregan para presenciar «La Bajada» del Divino Salvador del Mundo, el patrón del país se transfigura en una plaza de adoquines blancos que pretende ser el rostro de toda una nación. Pero basta alejarse unas cuadras del centro histórico para que el blanco se convierta en negro y la realidad nos golpee: El Salvador no es esa postal turística de cemento y luces; El Salvador es también el grito sordo que emana de las prisiones bajo el régimen de excepción.
Qué ironía tan amarga celebrar la gloria del Salvador mientras el país se ha convertido en lo que el abogado John Cruz define como una «maquinaria de muerte». En las fiestas titulares, la narrativa oficial nos vende a un líder que es un «ángel enviado por Dios», pero la realidad jurídica es una «chavacanada» donde se juzga a la gente en audiencias masivas de 300 personas, sin individualizar delitos, como si las vidas humanas fueran simplemente expedientes apilados.
Hay una trampa bien montada en donde enmedio de los tatuados de cara y cuerpo , incluyen a panadero, albañil y pupusera , quienes aunque no aparece en las fotos que muestran , estas personas sin vínculo o comprobación aparece en la lista que el marero criteriado dice conocer (es casi imposible saber o pretender conocer de 300 personas a la vez en la lista que le entrega la fiscalía).
La otra «Transfiguración»
En el monte Tabor, Jesús mostró su gloria. En las cárceles de este régimen, la transfiguración es hacia el horror. Se conoce de relatos y casos que harían temblar la fe de cualquiera:
Cuerpos mutilados:Hombres que entraron sanos y terminaron con ambas piernas amputadas por la negligencia médica y el abuso físico de custodios que les aplastaron los dedos con las botas.
Bichitos en el infierno:Mientras la niñez canta alabanzas angelicales para el presidente en spots publicitarios, pagados con fondos publicos , los «bichitos» (jóvenes detenidos) son «repartidos» entre internos antiguos para abusos sexuales ante la mirada indiferente de un sistema que perdió el control.
La piel de los inocentes:Bebés que nacen en penales producto de abusos, que no tienen nombre ante el Estado y cuya sarna es tratada por sus madres con mezclas de lejía y detergente porque no hay medicinas.
El Diablo condenando a los Pecadores
La justicia salvadoreña hoy es un teatro de sombras. La fiscalía utiliza a «pandilleros criteriados» criminales sanguinarios con decenas de muertos a sus espaldas para que, como un diablo condenando a pecadores, señalen a personas inocentes leyendo listas de nombres que ni siquiera conocen. Los jueces, reducidos a simples «macetas» o «pasapapeles», obedecen órdenes de Casa Presidencial, permitiendo este fraude procesal donde la mentira policial es ley y la prueba de video es ignorada.
Incluso cuando la luz de la justicia brilla por un instante y un juez ordena una libertad, el sistema se burla: hay inocentes que siguen presos porque «tienen pendiente terminar un pedido de pupites» dentro del penal o porque andan en la construcción de otra escuela. La libertad en El Salvador hoy depende de la producción de muebles, no de la ley.
¿Quién responderá?
La celebración del Divino Salvador del Mundo debería ser un momento de reflexión sobre la dignidad humana, pero se ha transformado en el velo que oculta las fosas clandestinas en penales como Apanteos, donde se entierran bebés y fallecidos sin registro alguno.
Este gobierno, que Cruz califica de «terrorista» por gobernar a través del miedo, tendrá que enfrentar algún día su propio Núremberg. No habrá fuegos artificiales suficientes para borrar la deuda que el Estado está acumulando con cada inocente asesinado sistemáticamente por negligencia, hambre o tortura.Se sabe de 530 víctimas hasta este año, desde el inicio del Régimen de Excepción que sin ser ley de la nación ,lo han impuesto como normal y está sobre todo el orden legal y jurídico del pais dicho procedimiento transitorio y ocasional especial se ha prorrogado por 53 ocasiones desde marzo de 2022
Hoy, el Divino Salvador del Mundo baja de su columna, pero El Salvador sigue hundido en un calvario donde la esperanza ha sido canjeada por una seguridad de cemento y sangre. Es hora de dejar de mirar la estatua y empezar a mirar al Jesús encarnado en los inocentes y los que ya fueron víctimas del sacrosanto Régimen que le dedica canciones angelicales a su amo , incluso utilizando la inocencia de los niños .mientras que muchos están muriendo en el olvido de una celda y el desprecio de un sistema judicial silenciado y cómplice.
Aquellos que, a diferencia del patrón, no tienen quien celebre su resurrección, ni su vida, ni su derecho a existir bajo la ley.Solo les queda el martirio impuesto por un Estado que prefiere la fiesta al derecho y su justicia.
