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CLASE TRABAJADORA ¿DÓNDE ESTAMOS ANTE UN DIFERENTE ESCENARIO CAPITALISTA?

Por: Róger Hernán Gutiérrez.

Cambiaron las ramas, las tecnologías, las formas de contratación y las condiciones en las que miles de personas trabajadoras venden su fuerza de trabajo. ¿Qué es exactamente lo diferente? ¿Cambió la clase o cambió su composición? ¿Dónde está hoy su fuerza? ¿Cómo puede transformarse en una fuerza política con poder?

Una trabajadora de maquila, un metalúrgico, un obrero de una industria disminuida sin mercado, una enfermera, un trabajador de logística y una programadora u otros trabajos pueden parecer muy distintos. Hacen trabajos diferentes, cobran salarios distintos y muchos no tienen ni idea de una organización sindical y otros tienen experiencias sindicales diferentes desde el sindicalismo que libera y asume conciencia, hasta el que se arrastra y es total soba leva del patrón. Pero una clase social no se define por esas diferencias superficiales. Ahora con el pretendido cambio en la compresión de la jornada de trabajo, que afectará a casi todos será importante la organización de la clase trabajadora, para oponerse ante tan descabellada modernización del sector productivo.

Un importante autor del pasado dijo que “para producir y reproducir su existencia, los seres humanos establecen relaciones entre sí en determinadas fases históricas y que esas relaciones están ligadas al desarrollo de las fuerzas productivas a lo largo de la historia”. Bajo el capitalismo, ese desarrollo no se detiene. El capital se concentra y se desplaza entre distintas ramas, cambian las máquinas, las tecnologías, la división y administración del trabajo, aparecen nuevas actividades y otras pierden peso. Tenemos el caso de decir que seremos de avanzada hoy en la educación de nuestros hijos y estaremos a niveles de Alemania o Suecia por la materia de introducir inteligencia artificial de avanzada en un supuesto programa piloto o que somos un títere del ejercicio Trump estimulando a diario al capital para que evolucione a estadios de mayor explotación de la clase trabajadora, al continuar desalojando e impidiendo las ventas para sus mínimos ingresos de subsistencia y pretendiendo desaparecer la informalidad laboral y económica que supuestamente no desarrolla al país y no le da la imagen para venderlo.

La relación fundamental entre capital y trabajo asalariado permanece, deja afuera aquella clase trabajadora en la informalidad y deja los servidores públicos al arbitrio del sector privado que necesita acumular, y por tanto avala lo que desmonta al Estado y lo hace más débil para dar servicios que pueden ser competencia; no obstante, cambia la composición concreta de las clases. El capital tampoco es simplemente una fábrica, una máquina o una cantidad de dinero, es una relación social productiva. De un lado están quienes poseen y controlan los medios de producción, del otro, quienes necesitan vender su fuerza de trabajo para vivir.

No hace falta trabajar como obrero y entrar todos los días a una fábrica para formar parte del proletariado. Tampoco pertenecer a la clase obrera significa producir directamente plusvalía en cada caso, trabajadores de administración o de limpieza, por ejemplo, no crean por sí mismos

una mercancía acabada, pero pueden formar parte del trabajo colectivo necesario para producirla. Lo decisivo es la relación que el trabajador(a) mantiene con los medios de producción y con el capital. Las personas trabajadoras de aplicaciones call center, muestran bien hasta dónde pueden cambiar las formas. Pueden aparecer jurídicamente como independientes, utilizar un carro o una moto propia y no tener un patrón físicamente delante. Su fuerza de trabajo sigue siendo explotada por capitalistas que hacen negocio con el servicio que prestan y descargan sobre ellos buena parte de los costos.

El capitalismo destruye viejos empleos y crea otros. Una transformación profunda en la apariencia del proletariado no significa que haya aparecido una clase nueva, la desocupación masiva expulsa a cientos de miles de trabajadores de sus antiguos lugares de organización, pero no por eso había dejado de formar parte de la clase trabajadora. De ahí lo medular de la organización de desempleados en el pasado durante el conflicto bélico y ahora en esta parte de la historia, con la reducción con motivo de problemas presupuestarios y mandatos del fmi en el caso de servidores públicos.

No necesariamente los primeros en sufrir los efectos de la crisis capitalista, sectores productivos en maquilas en la industria textil, empresas públicas privatizadas, docentes, salud, previsión social, energía, telefonía y otros sectores en la informalidad económica, pueden tardar más en entrar en lucha que otras capas de la clase, mientras ciertos sectores van siendo protagonistas de alcanzar niveles importantes de lucha social. Mucho de la dificultad en la clase trabajadora ha sido la injerencia de partidos políticos que han pretendido cooptar a los sindicatos, lo que ha retrasado la reacción ante la crisis. La organización social en la comunidad, los sectores contra la destrucción del medio ambiente, los abusados por despojos de tierra y asentamientos urbanos, los desalojos ante el avance del mercado en los negocios. Una cosa son los sectores más avanzados políticamente que entran más rápidos a la lucha y otra el peso que distintos sectores tienen dentro de la economía.