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Farmear Aura: ¡ Absurdo callejero de la juventud !

Moda pasajera o la forma creativa de hacerse visibles?


Por: Armando Fernández /Comunicador Comunitario

Es fín de semana son las 4:30 de la tarde en San Salvador. Plaza Barrios. El calor revienta el asfalto.Un vendedor a escondidas ofrece agua en botellas frías y de repente, tres chavos de 16, 17 años se paran en seco en medio de todo. Uno camina como si trajera una caja invisible. Otro se congela a mitad de la calle como mimo con ansiedad. El tercero hace un movimiento lentísimo, ridículo, como si estuviera esquivando balas de mentira, y los tres se miran y sueltan la risa.

Nadie entiende. Una señora los graba para quejarse en Facebook. Un policía los ve de reojo. Pero otros cinco jóvenes al otro lado de la calle sí entienden. Sacan el celular, no para hacer scroll, sino para unirse. Eso, eso que acabas de ver, es llamado «Farmear Aura».Hasta que un policia de seguridad del Centro Historico ,prohibe continuar , por no estar permitido por los nuevos dueños…

Si no lo has visto en TikTok, es porque tu algoritmo ya te cree viejo.

 ¿Qué es farmear aura?

No es baile. No es reto. Es teatro callejero aparentemente absurdo.

En miles de cuentas, principalmente en TikTok, los jóvenes están saliendo a hacer performances sin permiso, sin escenario y sin guion. Mimos, movimientos extraños, caídas en cámara lenta, simulan abrir una puerta que no existe, cargar un garrafón gigante invisible, pelearse con el aire. Ridiculizan la vida diaria o se mandan mensajes en clave que solo su tribu decodifica.

Es incómodo a propósito,es cringe a propósito. Y por eso funciona.

¿De dónde viene la palabra?

Farmer, del inglés, es el que cultiva. El que siembra y espera. En el mundo cripto, los que ya entendieron el juego lo usan así: dejas tus monedas en depósito, las “farmeas”, y con el tiempo te generan intereses, más valor. Sembrar para cosechar.

Ellos están haciendo exactamente lo mismo, pero con algo que no se compra en Binance: presencia. Farmean aura es cultivar atención, cultivar respeto, cultivar comunidad en un terreno donde nada crece si no lo provocas tú.

 De los Therians al Aura: la moda que dura tres scrolls

Para muchos adultos esto es “ya no hallan qué inventar”. Hace apenas unos meses la moda que nos quisieron vender fue la de los Therians: donde niños, jóvenes con colas, máscaras y orejas de animales, aparecían arrastrandose y ladrando en centros comerciales o patios de escuelas. Duró lo que dura un trend: nada. Pasó desapercibido, salvo cuando algún influencer cercano al poder quiso subirse a la foto para mostrar “eventos innovadores para la juventud”.

Lo descartamos rápido. Nos reímos,no entendimos nada.
Pero :¿Cómo es que en la era de la mega-información, gente con título, con maestría, cree sin dudar que la tierra es cuadrada o que las vacunas te enferman a propósito, y al mismo tiempo es incapaz de leer lo que un chavo de 17 años te está gritando sin decir una palabra en una acera?

Cuestionamos la tontería conspiranoica, pero no cuestionamos nuestra ceguera para las señales reales.Adiós libro, hola scroll, ¿y ahora?

Esta generación lleva casi dos décadas sin libros. No es culpa de ellos. Hasta el Estado los trata como piezas de museo (para no se lea la historia). Pasamos de leer por obligación escolar a leer como se puede: en una pantalla, en 7 segundos, haciendo scroll infinito.

Haz la prueba. Súbete al bus en Guadalajara, en San Salvador, en Ciudad de Guatemala. En el parque, en la parada. Busca un libro en la mochila de un chavo o en la cartera de una chica. Es una especie en extinción. Si lo encuentras, pensarán que está desfasado, como quien todavía usa reloj de pulsera.

Y aquí va la reflexión que duele:

¿Será que el scroll infinito ya no llena? ¿Será que esa mente arremolinada de inquietudes, de ansiedad, de rabia no resuelta, ya no aguanta más dopamina a granel?

Quizás lo que estamos viendo es el intento desesperado de volver a lo presencial. A la comunidad que perdimos. A la plática sin filtro, a reír juntos sin streaming, a tocar el hombro del otro sin emojis de por medio. El scroll los agobio y aisló. Ahora el cuerpo les pide espacio compartido y calle para expresarse.

 No es ocurrencia,e s contexto que no se puede entender el farmear aura si no ves de dónde vienen , corrigiendo algunos gestos y ademanes que rayan en la vulgaridad ,por supuesto.

Estos jóvenes llevan 4 años reprimidos en sus colonias y zonas populares. Cuatro años creciendo bajo la amenaza real de que por vivir en una zona pobre, por tener un tatuaje, por vestir de cierta forma, te pueden parar, fichar y llevar como sospechoso. ¿Dónde queda tu juventud cuando tu barrio es un sinónimo de peligro para el Estado?

Y súmale la casa ,con tanto de nada. ¿De qué sirve el mundo virtual si en tu casa no hay ni para comer, mucho menos para ponerle saldo al móvil? Si tu comunidad, tu tribu, tu gente está alojada en un teléfono que no puedes recargar, ¿qué te queda? La calle. El cuerpo. El absurdo como protesta.

Por eso se hacen visibles aunque no nos guste cómo lo hacen. Ya pasó antes y nos hicimos los mismos sordos. En los 80 ,90 hasta inicio de año 2000. fue el break dance, la música disco, el hip hop, las batallas de rap. También nos parecieron ridículos, vagos, peligrosos. Eran subculturas buscando aire donde no había.

El fenómeno psicosocial de hoy nos está avisando algo brutal: así como el libro fue desplazado por el scroll, el scroll también va a pasar de moda. Ya está pasando. Lo que sigue no es más tecnología. Es volver al cuerpo. A la risa compartida. A aprender haciendo el ridículo juntos en comunidad.

El dato que nadie quiere ver

Mientras nos reímos de ellos, el reloj corre. Según datos demográficos internacionales, para el 2047 habrá más personas mayores de 65 años que jóvenes de 15. Se acabó el bono demográfico. No habrá masa joven que sostenga las pensiones. Y entonces sí vamos a extrañar que estos chavos quisieran farmear algo.

 ¿Para qué quiere el país a sus jóvenes?

Aquí es donde se pone incómodo, el contexto.
En los años 80 y 90, la juventud era necesaria para engrosar las filas de la guerra. Hoy, ¿para qué los quieren? Para los desfiles. Para acarrearlos a los eventos del presidente. Para cuidar urnas y poner el voto en tiempos electorales. Y lo más conveniente de todo: para que se autoexporten, para que se vayan y manden remesas que maquillan la pobreza estructural. Ese 25% del PIB que hace que las cifras no se vean tan crudas viene de los jóvenes que se fueron hace tres o cuatro décadas atrás .

¿Y los que se quedan? Un grupito mínimo de clase media con estudios superiores es usado para encuestas gubernamentales en ministerios. El resto, como trolls, para manejar redes, atacar opositores y repartir likes al mensaje oficial.No son el futuro. Dejemos esa frase vacía. Son el presente desatendido e incomprendido HOY. Entonces, ¿qué hacemos?Hay que hacer mucho en todos los ámbitos.

Dejenlos que farmeen. De verdad.

Dejémoslos farmear su futuro.Y para eso no necesitan que les cerremos las creatividades y formas (siempre que no emulen a los malos y delincuantes que ya sabemos .ni que decidamos por ellos qué deben pensar, vestir, bailar o crear.
«Necesitan terreno fértil: formación, cultura, oportunidades, tecnología, deporte, arte, espacios públicos, libertad y posibilidades reales para construir una vida que tenga sentido.»

“Mírennos. Estamos aquí.”

 Porque una sociedad inteligente no mira a sus jóvenes únicamente para utilizarlos cuando los necesita a conveniencia.Los mira para preguntar qué necesitan ellos , y quizá esa sea la verdadera lección escondida detrás de una moda que a primera vista parece absurda a lo mejor nos están diciendo algo que los adultos todavía no llegamos a comprender

Pero hagamos nuestra parte: cerremos las veredas que los desorientan y abramos terreno fértil. Terreno con formación que sirva, no cartón. Con espacios de cultura que no pidan carnet del partido. Con oportunidades reales. Con libertad para equivocarse haciendo teatro absurdo en una plaza sin que los fiche una patrulla.

Que su cosecha nutra a su generación y a la que sigue. Y que el Estado deje de verlos de una vez por todas como el peligro a controlar o como la pieza que le hace falta para su plan de poder de turno.

Porque no están farmeando aura. Están farmeando existencia.