MUERTA LA REPÚBLICA, MUERTO EL PAÍS.
POR: MIGUEL BLANDINO.
El 29 de abril de 2021 publiqué Requiescat in Pace a la República, un artículo con el que daba mi sentida despedida a la institucionalidad y legalidad republicana. Dos días después, la bancada de diputados bukelistas y sus aliados de la ultraderecha asesinaban sin pudor ni piedad a la que fue República, a pesar de sus defectos y todos las monstruosas deformidades y corrupciones propias de su naturaleza burguesa.
Pero todavía en El Salvador existía potencial para minar esa mayoría absoluta de bukele en la Asamblea Legislativa y, con ello aprovechar un pequeño resquicio para elevar la voz de la denuncia.
Ese potencial era la personalidad de una mujer que es la única diputada del partido VAMOS, Claudia Ortiz.
Es cierto que ese partido es de ideología conservadora y abiertamente derechista y anticomunista, pero es republicano y, por esta última característica, opuesto a la tiranía autocrática del musulmán.
El trabajo legislativo le dio visibilidad a Claudia Ortiz, quien hábilmente, y a pesar de las andanadas de ataques personales contra ella, proyectó una propuesta de denuncia de las arbitrariedades del oficialismo y sus aliados rémoras y dedicó todo su tiempo a dar voz a las demandas ciudadanas.
Para el electorado se perfilaba como una muy atractiva figura para desafiar la popularidad del tirano. En ese sentido, muchas voces propusieron en 2023 la candidatura presidencial de Claudia para las elecciones de 2024, en una coalición de convergencia amplia o frente amplio.
Pero ni Claudia ni el partido VAMOS presentaron candidatura para competir por ese cargo, aunque sí lo hicieron para diputados y alcaldes. En esa ocasión no consiguieron ni una alcaldía y solo lograron una diputación, al resultar reelegida Claudia. Eso confirmaba su potencial.
No obstante, la firme posición del partido de no hacer alianzas con los partidos que ya han gobernado y fueron rechazados por los votantes, y solo estar dispuestos a aceptar participar en unión con organizaciones sociales, aparentemente mostraba confianza en el crecimiento de sus fuerzas y en la juventud de su liderazgo.
Al parecer, confiaban en que el tiempo y el trabajo los llevaría finalmente al poder, contando con el desgaste del tirano y el desencanto del electorado. Pero razones para mí desconocidas han llevado al partido a su muerte y con ella a la muerte de la única oposición real contra la tiranía.
En plena temporada previa a la campaña electoral, Claudia denunció corrupción en la dirigencia partidaria y esta dirigencia pidió su expulsión.
El escándalo público de tales dimensiones es la antesala del sepulcro político del partido. Y, aunque Claudia Ortiz va a seguir viva en el imaginario, su carrera está clausurada porque lo más probable es que si en El Salvador vuelve a haber elecciones será hasta 2032, cuando bukele se tome el tiempo para montar otra vez el teatro.
Para 2032 El Salvador habrá desaparecido tal como lo conocemos hasta hoy. Ni VAMOS ni ningún otro partido de oposición va a existir, únicamente las rémoras que necesita el tirano para que comparezcan en el escenario a modo de corifeos o, a lo sumo, como actores de reparto.
El único partido que pudo ser el pionero de un movimiento de oposición -al estilo de la derechista democracia cristiana de hace más de medio siglo- se habrá convertido en momia o, en el mejor de sus expectativas, en zombie.
Pero no todo está perdido, con el capital político acumulado de Claudia ella muy bien puede darle forma a su proyecto AVANCEMOS, y aliarse con el Movimiento Social de todas las tendencias, sobretodo el progresista y dar la batalla social, y desde ahí construir el proyecto que reemplazará la dictadura, que ya hace aguas y tiembla ante la llegada del Partido Demócrata en USA.
