La política vaticana y los viajes papales.
Por: Elio Masferrer Kan. *
La Iglesia Católica se autodefine como institución no política y esa es la mejor manera de hacer política. La Iglesia trabaja sobre las coyunturas desde la «larguísima duración» que plantea un importante historiador, F. Braudel. Para entenderla debemos remitirnos a plazos largos, nunca trabaja sobre las coyunturas, aunque se define en la coyuntura.
Recientemente confirmó una visita pastoral a Uruguay, Argentina y Perú. El viaje a Uruguay tiene una perspectiva misionera, es el país con una tradición laicista más sólida, donde las encuestas más recientes plantean que el 28% de la población es católica, aunque sólo el 9% es practicante. Los evangélicos tienen alrededor de un 15% de la población, pero sólo el 8% es practicante. Existe un 20% de población que cree en Dios, aunque esta concepción es genérica y no se traduce en una adscripción denominacional. El resto de la población son ateos o agnósticos, uno de los índices más elevados de América Latina.
La visita a Argentina es una deuda pendiente de los tiempos de Francisco, quien prefirió no ir a su país natal para evitar contaminarse con la política nacional. La mayoría de obispos católicos están confrontados con las estrategias anarco capitalistas del presidente Milei y están preparando discretamente una candidatura que pueda confrontarlo con éxito.
El caso peruano merece una mención especial, León XIV fue obispo y está naturalizado peruano, de alguna manera la Iglesia local está interesada en un respaldo papal, teniendo en cuenta el avance evangélico y la pérdida de feligresía católica.
León XIV tiene pendiente un viaje a su país natal y es reiteradamente invitado por el Gobierno de la Cuarta Transformación mexicana. Lo cual va acompañado de un discreto silencio de la Iglesia de ambos países. Las razones son muy sencillas, la Iglesia mexicana es la cabeza de la oposición a la 4T y lanzó este año como tarea primordial estratégica la Conmemoración de la Guerra Cristera, una insurrección de los católicos integristas contra el gobierno emanado de la Revolución mexicana (la Tercera Transformación) y los principios definidos en la Reforma (1857), la Segunda Transformación, según los definiera el líder moral de la 4T: Andrés Manuel López Obrador. En esa perspectiva la Jerarquía católica no quiere hacerle el juego al gobierno mexicano, pues los planteos de León XIV se parecen demasiado a los de la 4T y tenemos las elecciones intermedias en junio del próximo año.
En los Estados Unidos son varios quienes no están interesados en recibir a su compatriota incómodo, particularmente el presidente Trump y la misma Iglesia norteamericana, quienes ya desde los tiempos de Francisco no están de acuerdo con la renovación eclesiástica propuesta por los dos últimos pontífices.
La diplomacia vaticana está acostumbrada a jugar en forma contradictoria y confrontada con los gobiernos que ven habitualmente en blanco o negro. Por ejemplo, está desarrollando una controvertida estrategia con la República Popular China, para reconocer los obispos cismáticos de la Asociación Católica Patriótica, generando un sistema de doble obediencia, al Papa y al Estado y el Pueblo Chino. Recientemente el Secretario Vaticano para las relaciones con los estados monseñor Paul Richard Gallagher visitó Moscú y se reunió con el ministro de relaciones exteriores ruso, apuntando evidentemente a un acuerdo de paz en Ucrania. El gobierno de la República Socialista de Vietnam está negociando con la Iglesia Católica para mejorar las relaciones, a la vez que está implementando una política con los líderes de las minorías étnicas.
Pero la «perla» de este esquema es la República de Cuba, si el papa viniera a México o fuera a los Estados Unidos tendría que visitar Cuba, para «equilibrar el movimiento». El gobierno estadounidense planteó la posibilidad de enviar ayuda «humanitaria» a través de la Iglesia Católica, pensando en la Iglesia americana, pero allí se topó con el Vaticano, quien le recordó que debía pasar por Roma. Previendo el asunto la Iglesia lleva más de un año moviendo cuadros estratégicos y enviándolos a la Isla, garantizando así una respuesta inmediata en cualquier coyuntura. Los americanos, dirigidos por el Secretario de Estado Rubio tienen claro que quienes ganarán en conflicto son los cuadros leales a Roma, que podrían pactar con el actual régimen cubano dejándolos con el desprestigio de un enorme gasto, para no obtener ningún beneficio.
La estrategia de larguísima duración del Vaticano para asumir las coyunturas le permite consolidar espacios de poder eficaces dejando «fuera de juego» a quienes se aceleran y confían o pretenden resultados inmediatos. Como decíamos al principio, la eficacia de la diplomacia vaticana es pensar en siglos y no en años.
*Doctor en antropología, profesor investigador emérito ENAH-INAH
