“LA METAMORFOSIS SALVADOREÑA”, RECORDANDO A FRANZ KAFKA.
Por: Fernán Camilo Álvarez Consuegra.
“La Metamorfosis”, de Franz Kafka, es una crítica profunda a una sociedad que mide el valor y la dignidad de las personas, únicamente, por su valor económico, productividad, y su utilidad dentro de la sociedad.
Desde hace más de veinte años, los economistas consideraban que las remesas, producto de la emigración, era la mayor ventaja que tenia El Salvador, por lo que una economía dolarizada, debía ser el reflejo de dicha realidad. Aunque la emigración ilegal, siempre fue combatida, las acciones del Gobierno, tendían a hacia lo contrario: mayor lucha política, restricciones mercantiles, destrucción del agro, y considerando que la industrialización seria muy costosa, pero una sociedad de servicios, basada en las remesas, sería lo mas fácil y conveniente.
El salvadoreño en el país, era visto como una potencial mano de obra para la maquila, pero sin descentralizar las zonas francas o favorecer su distribución para lograr un desarrollo social óptimo, el resultado fue una mayor emigración, legal e ilegal. Nuestra clase media profesional, ha emigrado de forma legal y, el obrero especializado, también lo ha hecho, ilegalmente. La escases de mano de obra especializada ha llegado al extremo de utilizar en el campo mano de obra extranjera (hondureña y nicaragüense) o en la construcción (guatemalteca).
El salvadoreño ha pasado de ser una persona apreciada en el extranjero, a ser objeto de persecución y deportación. En 2025 fueron deportados 16,051 salvadoreños y hoy en 2026, ya llevamos 10,504 deportados, según datos de Migración.
Aquí, se permitió que crecieran las pandillas y que más de medio millón de personas vivieran de lo que producían los pandilleros: se suprimieron los valores cívicos y la socialización, o sea, la introducción del ser humano al sistema de convivencia social; primero el familiar y luego, dentro de la sociedad. Las causas de este fenómeno son varias, pero una consecuencia de la emigración, fue la desintegración familiar, producto de la separación generacional, así que hoy en ves de tratarlos como seres humanos, son encerrados y le adquieren un nuevo valor para el Estado: mano de obra. Sin que haya mucha diferencia con otros centros de explotación humana. (Un ensayo sobre la razón de las pandillas, es “La Norma a la Luz de la Fisiología Humana”, del autor de este artículo, que puede ser consultado libremente).
El Gobierno, en vez de procesar al delincuente en base al debido proceso, se ha regularizado un sistema “sine iure” que niega la calidad de ser humano al no reconocérsele el debido proceso y sus garantías constitucionales, pero que tienen un valor añadido para el Estado; el de la obligación de sus familiares de alimentar a su pariente prisionero, creando mayor presión social y elevando el umbral de pobreza extrema.
El salvadoreño que aún esta por sobre el umbral de pobreza, ya no es útil para alimentar el sistema económico, pues ha perdido su capacidad de adquirir vivienda propia o de generar más allá del nivel de subsistencia, y son capitales extranjeros, los que vienen a invertir en inmuebles salvadoreós, esperando revalorizar las propiedades o “gentrificación”.
El concepto de gentrificación, tiene cuatro elementos: 1) Capital privado, de naturaleza extranjera, que renueva la zona deteriorada, 2) Transformación, que crea nuevas construcciones o adecua el inmueble para otros usos, 3) Revalorización, incrementado el precio de la tierra y los alquileres, y 4) Desplazamiento social: los residentes originales ya no pueden pagan los nuevos precios y son desplazados.
Toda persona que ha sido desplazada de su zona, por proyectos de gentrificación, ahora son parias sociales y los vemos siendo perseguidos en el centro de San Salvador y en los municipios en que se ha aplicado este concepto. La densidad poblacional en El Salvador es de 308 habitantes por km2 y la gentrificación aumenta exponencialmente este número en zonas aledañas a las zonas gentrificadas, en la cual el número decrece.
En todos los casos aquí citados, el salvadoreño ha perdido su valor e importancia como persona útil, y se ha vuelto indeseable, como lo es un insecto. Así nos ve el Gobierno; el salvadoreño es útil mientras produce para el Estado y si no, es un insecto, por ello, el Gobierno insiste en cobrar impuestos hasta por los aguacates que vende una persona en la puerta de su casa o a quien pone una cosina de barril en la calle, para vender pupusas al obrero, en su viaje a su trabajo.
En vez de elevar el nivel de vida en general, promoviendo la inversión extranjera y que llegue la riqueza a todos, según sus capacidades productivas, se centra en la tecnología que no domina el común de las personas. Busca presionar al mas pobre y aleja al inversionista legítimo.
Por estas razones es necesario un cambio, en que el salvadoreño recupere su tierra: El Salvador y la libertad para decidir; si no hay un cambio en la dirección nacional, el salvadoreño, seguirá siendo tratado por el extranjero y el Gobierno, como un insecto, que hay que desechar y, sólo mientras aún sea útil, será tratado como un animal doméstico, esperando su fin, que sólo vive mientras den leche y huevos, pues el Régimen de Excepción le ha quitado sus derechos y por último, su dignidad.
