SALUD. Longevidad y vitalidad: las cinco señales cotidianas que revelan el ritmo real de tu organismo
La velocidad al caminar, la agudeza sensorial y la lucidez mental se consolidan como los indicadores más precisos para garantizar una vejez activa y de calidad
Por: Anna Fregonara.
Si un día el médico les pidiera no solo la tensión y el colesterol, sino también medir la fuerza de la mano, la velocidad del paso, la agudeza visual y auditiva, la lucidez de la memoria, el estado de ánimo y la energía que les queda al final del día, podrían pensar que se trata de una consulta un poco inusual.
En realidad, estaría intentando evaluar algo que hoy todavía no se mide de forma estandarizada: la capacidad intrínseca. Es un concepto en el que médicos e investigadores están trabajando en clave de longevidad, para seguir mejor cómo envejecemos, reconocer antes las señales de deterioro e intentar preservar durante más tiempo la autonomía y la calidad de vida. La capacidad intrínseca es el conjunto de las capacidades físicas y mentales de una persona, lo que su organismo y su mente son capaces de hacer.
Es un concepto holístico, en el sentido más literal del término, porque considera al sujeto en su conjunto y no solo la presencia de diagnósticos individuales. No tiene nada que ver con terapias alternativas o «new age». «Es un término poco atractivo», declaró a The New York Times John Beard, profesor de Envejecimiento Activo en la Mailman School of Public Health de la Universidad de Columbia, quien luego explicó ambas palabras: «‘Intrínseca’ indica todo lo que pertenece a la persona desde el interior; ‘capacidad’ indica cuánto logra funcionar el organismo».
Esto no significa que enfermedades como la diabetes, la hipertensión o la depresión dejen de importar. Significa que, además de diagnosticarlas y tratarlas, los especialistas pueden preguntarse si esa persona conserva la posibilidad de moverse, razonar, ver, oír, afrontar los compromisos cotidianos y vivir como desea.
Cómo se calcula
La capacidad intrínseca se evalúa a través de cinco áreas que los expertos llaman dominios: la cognición (memoria, atención, orientación y otras funciones mentales), la locomoción (fuerza muscular, equilibrio, movilidad y velocidad de la marcha), las capacidades sensoriales (sobre todo vista y oído), el bienestar psicológico (estado de ánimo y síntomas depresivos) y la vitalidad (una mezcla de energía disponible y de capacidad para soportar un esfuerzo o un impacto físico).
Algunas de las mediciones utilizadas ya son habituales en la valoración geriátrica. Sin embargo, todavía no existe una única prueba, ni una única puntuación, universalmente aceptada.
Medir varias veces a lo largo del tiempo
En los estudios realizados sobre todo en personas mayores, niveles más bajos en algunos de estos aspectos se asocian a un mayor riesgo de fragilidad, discapacidad, pérdida de autonomía y mortalidad.
No obstante, según los investigadores, el valor de la capacidad intrínseca radica en medirla varias veces a lo largo de los años, porque es ahí donde se observa cómo estamos envejeciendo y cuándo intervenir. Incluso una persona aparentemente sana puede mostrar pequeños cambios en la fuerza, la marcha, la memoria o los sentidos antes de que aparezca una discapacidad real. Detectarlos a tiempo podría ayudar a comprender qué está ocurriendo y a intervenir lo antes posible sobre factores modificables, como la actividad física, la alimentación, el aislamiento social, los déficits sensoriales, el sueño, los fármacos o las patologías mal controladas.
Los científicos también están evaluando cómo medir la capacidad intrínseca en personas jóvenes, quienes en las pruebas disponibles hoy en día obtienen a menudo puntuaciones máximas o casi máximas, por lo que los test logran captar pocas diferencias entre una persona y otra.
El ensayo en Francia
En Francia está en marcha un programa para monitorizar la capacidad intrínseca de las personas mayores en la vida real.
Los participantes completan a intervalos regulares un breve cuestionario sobre los principales dominios y reciben pautas personalizadas. Si se detecta un empeoramiento, la persona puede ser derivada al médico o a un profesional formado en geriatría para realizar evaluaciones más exhaustivas y posibles intervenciones.
Sin embargo, aún es pronto para saber si todo esto sirve realmente para alargar la vida. «Esperamos que así sea, pero todavía no disponemos de los datos», aclaró David Furman, del Buck Institute for Research on Aging, quien colabora con los líderes del estudio francés.
Los fármacos para la longevidad
También hay quienes miran más allá. En Estados Unidos, la ARPA-H (Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada para la Salud) está estudiando si la capacidad intrínseca podría servir como parámetro para evaluar intervenciones y fármacos destinados a frenar el envejecimiento. Sin un indicador de este tipo, demostrar que una molécula alarga la vida requeriría ensayos de décadas de duración. «No sabemos si funcionará», admitió Andrew Brack, director del programa.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) definió formalmente la capacidad intrínseca en 2015, dentro de su marco sobre el envejecimiento saludable. John Beard es el autor principal del artículo publicado en The Lancet que presentó este cambio de perspectiva. La idea de la OMS era trasladar la atención sanitaria desde la sola presencia o ausencia de enfermedades individuales hacia la capacidad funcional de la persona.
La capacidad intrínseca y la funcional no son lo mismo: la primera atañe a los recursos físicos y mentales del individuo; la segunda depende también del entorno en el que vive.
