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Reseña del libro: ILLUMINATI 3: POSESIÓN SATÁNICA.

Por: JOSÉ GUILLERMO MÁRTIR HIDALGO.

La humanidad desconoce el insidioso “ataque” que sufre, ya que el antisemitismo funciona como cortina de humo para ocultar a los supuestos orquestadores. Henry Makow, autor canadiense identificado como judío y doctor en filosofía, publicó en 2014 Illuminati 3: Posesión satánica. Afirma que la humanidad está bajo una “posesión satánica” ejercida por un cartel bancario judío —los Illuminati—. Según él, el culto satánico estaría integrado por cabalistas judíos y sus aliados masones, quienes subvierten el cristianismo con el propósito de establecer un gobierno y una religión mundiales.

Makow sostiene que esta agenda oculta se evidencia en la manipulación de eventos históricos importantes —como guerras mundiales y crisis económicas— y en la perversión de la cultura moderna a través de los medios de comunicación, la educación y diversos movimientos sociales. Entre los temas que identifica como claves figuran la destrucción deliberada de instituciones tradicionales, como la familia y los roles de género; la promoción de la promiscuidad y de prácticas sexuales que califica de perversas; así como la supresión de la verdad mediante guerras psicológicas y técnicas de control mental.

Según esta visión conspirativa, los Illuminati —descritos como un culto satánico de banqueros judíos y masones aliados— impulsan su agenda mediante operaciones de guerra psicológica, la promoción de la perversión sexual, la manipulación mediática y educativa, y la orquestación de conflictos y crisis económicas. Makow afirma que eventos históricos como la Revolución Rusa, las Guerras Mundiales y ciertos movimientos sociales —por ejemplo, el feminismo y las luchas por los derechos de las personas homosexuales— habrían formado parte de un plan destinado a someter a la humanidad.

Esa “posesión satánica” tendría por objetivo subvertir la realidad y la moral establecidas, creando una realidad artificial más favorable a los intereses atribuidos a los Illuminati. La fuerza motriz, según el autor, sería un cartel bancario masónico de origen judío que controla el crédito gubernamental a escala mundial, “creando dinero de la nada” y concentrando riqueza y poder con la intención de instaurar un Nuevo Orden Mundial (NOM). Makow presenta esta motivación como un mandato cabalístico: “rehacer el mundo” o “sanar el mundo”.

En su argumentación, el judaísmo cabalístico es descrito como un culto satánico encubierto, distinto del Antiguo Testamento visible; la “cabala” y el “Talmud” subyacentes serían, en su opinión, expresiones de una doctrina que redefine a Dios como incognoscible y enfatiza la unión carnal como acto creativo divino. Las herramientas que, según Makow, emplean para degradar y controlar a la humanidad serían la “liberación sexual” y la perversión: la pornografía y el sexo anónimo, afirma, deshumanizan al promover la obsesión sexual y la eliminación de la atracción afectiva.

Los Illuminati, prosigue el texto, difundirían su programa a través de la cultura, los medios y la educación; fomentarían guerras y crisis económicas; y colocarían a figuras del “establishment gentil”, con frecuencia masones, en posiciones de poder como colaboradores. El autor llega a implicar a personajes históricos como Hitler, Stalin y Churchill como agentes Illuminati que conspiraron para provocar conflictos globales.

Define el satanismo por su credo “haz lo que quieras”, entendido como la liberación de impulsos animales y la negación de la conexión con Dios o el alma; su esencia sería invertir las nociones convencionales de bien y mal. En la sociedad moderna, sostiene Makow, “Dios” se ha convertido en una palabra obscena; hay un énfasis desproporcionado en el romance y el sexo, hasta el extremo de considerar el orgasmo como un “santo sacramento” y la vagina como un “santo grial”. El sexo se separaría así del amor y de la procreación, promoviendo la perversión bajo el rótulo de “liberación”.

El objetivo supremo atribuido a los Illuminati es la instauración del Nuevo Orden Mundial: un monopolio político, económico y cultural institucionalizado en un gobierno mundial que concentre poder y riqueza en manos de un cartel bancario central, presentado como “poder estatal”. Makow utiliza la expresión “judaísmo totalitario” para describir el modelo que, según él, serviría de referencia para ese NOM. Afirma además que ese proceso se realiza mediante una dialéctica hegeliana —tesis- antítesis— que fabrica adversarios para avanzar su agenda.

El autor identifica símbolos satánicos en logotipos y lugares públicos como signos de identificación entre miembros, y describe a los Illuminati como una pequeña camarilla de banqueros cabalistas que, bajo la máscara del humanismo, la razón y el progreso, habrían sustituido a Dios y subvertido las leyes morales y naturales, promoviendo la perversión como saludable mediante un programa de ingeniería social.

En el centro de esta supuesta tiranía global, Makow sitúa a la cábala —doctrina secreta que atribuye al judaísmo y a la masonería—, la cual, según él, promovería la “redención a través del pecado”. Incluso llega a afirmar que actos deliberados de maldad —incesto, pedofilia, adulterio, asesinatos y genocidios— acelerarían la llegada de su mesías, el Anticristo, que “reharía el mundo” a imagen y semejanza de los Illuminati. Según el texto, la red se extiende más allá de lo judío hasta abarcar gobiernos, fuerzas armadas, agencias de inteligencia y corporaciones.

Makow describe a los Illuminati como una “red de inteligencia privada” capaz de recopilar datos personales para chantajear, manipular y arruinar carreras, garantizando así la obediencia. A los masones de rangos inferiores, sostiene, se les mantiene al margen del verdadero “culto al diablo” reservado a los grados superiores.

La estrategia atribuida a los Illuminati para alcanzar su Nuevo Orden Mundial implicaría el desmantelamiento de la “civilización cristiana” mediante la normalización de la perversión sexual, la fabricación de conflictos, la ocultación de historias y la manipulación mediática y cultural. Makow apunta a multimillonarios sionistas y a élites corruptas como arquitectos del engaño, cuyo fin sería la dominación global.

El texto matiza que la mayoría de los judíos serían “ingenuos” y participantes involuntarios, mientras que un sector poderoso de millonarios sionistas controlaría el discurso político para desviar la atención hacia la agenda masónica del Nuevo Orden Mundial, Israel y el control global.

El escrito concluye con una llamada a la acción: denunciar la conspiración, volver a la introspección espiritual y obedecer el orden moral y natural de Dios como vía hacia la perfección y la recuperación del auto control.