PRESUMIENDO 712 CAMAS.
POR: MIGUEL BLANDINO.
El lunes 1 de Junio de 2026 bukele hizo su arranque de campaña electoral anticipado. Toda una ilegalidad, pero que ya no sorprende a nadie, ni nadie tiene el valor para echárselo en cara. Pero, bueno. Hizo su show de noche para poder inaugurar el Hospital Rosales con todas las luces LED encendidas. Se miran impresionantes, la verdad sea dicha. Aunque el gobierno del Profesor Salvador Sánchez Cerén le dejó desde 2018 unos 170 millones de dólares y los planos de la obra, no lo construyó. Tres veces pusieron la “primera piedra”, y hasta la tercera comenzaron, en 2023. No con el dinero que le dejaron, ni con los planos que ya se habían aprobado. La construcción la realizaron los presos y los materiales se compraron con los fondos y herramientas y equipos de construcción que les quitó a todas las alcaldías del país. Por cierto, la dirección técnica estuvo a cargo de los ingenieros del Batallón de Ingenieros de la Fuerza Armada – que no cobran porque les pagan un sueldo como oficiales-. O sea, le salió gratis y nunca explicó que hizo con el dinero que le dejó el gobernante anterior.
Pero la gente dice “por lo menos, algo hizo. Se tardó siete años, pero peor es nada.”
¡Siete años para hacer un hospital que es igual en dimensiones a la biblioteca nacional que el gobierno de China hizo en unos cuantos meses a poca distancia del bendito hospital!
Pero, bueno, ni modo. Al menos ya los enfermos tendrán un lugar a donde llevar sus ilusiones de sobrevivir en un país donde las únicas cosas que crecen son las cifras de la pobreza y la fortuna de la familia bukele y sus secuaces.
Mala suerte para los que no llegaron vivos a estos días. Y como ya se murieron, bukele puede afirmar sin lugar a dudas que ha reducido el número de enfermos.
No todo es fiesta, sin embargo. A lo largo de todos estos años bukele ha ordenado el cierre de hospitales, clínicas y unidades de salud en todo el país, incluyendo el antiguo Hospital General Rosales, que era el más grande y especializado. En ese sentido, las novedades apenas compensan todo lo que ya se ha perdido, entre otros, los miles de profesionales de medicina, enfermería, radiólogos, laboratoristas, farmacólogos, anestesistas, ortopedistas, cardiólogos, oftalmólogos, nefrólogos y tantos y tantos especialistas que han sido despedidos para cumplir con las exigencias del Fondo Monetario Internacional.
Para suplir al personal que ha sufrido esos despedidos, bukele hizo una contratación de personas a diestra y siniestra en Argentina, Colombia y otros países, que no tienen necesidad de acreditar ni validar en El Salvador los títulos que les sirven para trabajar para la Dirección de Hospitales que funciona en Casa Presidencial. No responden al Ministerio de Salud ni a la Junta de Vigilancia de la Profesión Médica. Hay que tener fe en la palabra del patrón.
Pero en la destrucción del sistema de salud -dicen los creyentes- hay que rescatar que se han agregado 712 camas al inventario. Sí, claro, si no se descuentan las que desaparecieron al cerrar las instituciones de salud que fueron desaparecidas en todos estos años. O, tal vez, esas camas son las que sacaron de las clínicas, hospitales y unidades de salud que fueron clausuradas.
En todo caso, antes de la inauguración de este objeto de campaña, ya El Salvador tenía un déficit grave en el número de camas que recomiendan los organismos internacionales de salud. El sistema de salud del país cuenta con apenas una cama hospitalaria para cada mil habitantes, cuando el mínimo que se recomienda es de dos por mil.
A los adormecidos por la propaganda ya les dieron su atolito en la boca. Pero yo, solo por pellizcarlos, les quiero contar que para cuando finalice el mandato de la Doctora Claudia Sheinbaum, la Presidenta Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, va a dejar 16 mil 500 nuevas camas -incluyendo las que dejó AMLO-, o sea,1 mil 375 nuevas camas por cada año de sus gobiernos.
La Cuarta Transformación dejará 15 mil 788 camas hospitalarias más que las que presume el pobre bukele.
