Cuando las encuestas dicen una cosa y la calle otra.
Leer datos no es interpretar el país y su trasfondo
Por: Armando Fernández /Comunicador Comunitario
En contextos de control social como El Salvador, la gente no dice lo que siente, sino lo que conviene. Aprender a escuchar el silencio detrás de la encuesta.
Una cosa es decir: «Cambiar será difícil» (eso es realismo). Otra muy diferente es decir: «Como es difícil, es imposible» (eso es resignación).
Si hay algo que abunda en nuestros días son los análisis brillantes sobre por qué el cambio es inútil: la fuerza del poder, la apatía social, la falta de condiciones. Y muchas de esas cosas son ciertas. Pero aquí está la pregunta disruptiva que nos obliga a seguir leyendo y a deconstruir todo lo que creemos saber: ¿Tu análisis te sirve para encontrar caminos o solo para justificar tu inacción?
Si todo diagnóstico termina en un callejón sin salida, entonces, sin quererlo, te has convertido en un arquitecto de la parálisis. Y el primer síntoma de esa parálisis intelectual es creer que los números hablan por sí solos.
La trampa matemática y el silencio estratégico
A veces caemos en la soberbia de creer que la sociedad es una operación matemática. Hacemos encuestas, analizamos datos desde la comodidad de una pantalla o un escritorio, y creemos tener la verdad revelada. Pero la gente no son máquinas. Menos escritorio, más territorio. No se puede analizar un pueblo sin poner los pies en el barro.
En contextos de alta polarización, miedo o control social como los que vivimos, los datos son una brújula, pero nunca son el mapa completo. ¿Por qué? Porque lo que la gente dice no siempre es lo que la gente piensa. La gente calla por precación, por presión social o por miedo al juicio o represión. El encuestado no confía en que el dato sea para fines estadísticos; lo ve como un riesgo de fiscalización o exposición.
Leer los porcentajes sin entender este trasfondo emocional no es analizar, es ceguera computacional. Detrás de cada estadística hay una familia, una historia y un cálculo de supervivencia que ninguna gráfica de pastel puede capturar.
Descifrando al rebaño: Entre el orgullo, el miedo y el bolsillo
Revisemos las encuestas recientes (CID Gallup, LPG Datos y IUDOP-UCA). Las primeras dos por teléfono; la última, cara a cara. Nos gusten o no por sus aparentes inconsistencias, son señales para hallarle el pulso a la estrategia política. ¿Y qué nos dicen cuando las cruzamos? Que la reacción del votante no es lógica, es de supervivencia.Unas sirven para auscultar realidades y coyunturas ,otras para servir de filtro para atenuar el descotento social.
El ciudadano ha creado un compartimento donde separa la «figura del líder» de la «realidad del bolsillo y de su estómago». El chip de la propaganda ha logrado anclar que el descontento económico se redirija hacia actores secundarios o se justifica como un «sacrificio necesario» por la seguridad. El orgullo supera a la gestión. La población no evalúa resultados reales (hospitales con medicinas, escuelas funcionales,obras transparentes que duren ), sino la sensación de «reivindicación» frente a un pasado percibido como corrupto.
Premia el esfuerzo comunicacional (anuncios ,spot y render masivos)y la presencia de la marca institucional por encima del resultado operativo . esta percepción es inducida por la millonaria campaña publicitaria que se gasta más que muchas oficinas gubernamentales.
Aquí emerge la «Paradoja de DoctorSV»: En las encuestas, un 85% califica como «bueno» el servicio de salud (símbolo de cambio de era), pero un 60% reporta que no recibió sus medicinas en los últimos 6 meses. ¿Esquizofrenia colectiva? No. Es Supervivencia narrativa. La gente sabe que le falta la medicina, pero aísla el fallo para no dañar la imagen del líder que les devolvió la calle. Es una disociación cognitiva brutal entre el símbolo y la realidad.
Mientras tanto, la Asamblea legislativa goza de una «aprobación por inercia». El 70% no sabe quién es su diputado ni saben que hacen por su departamento . El electorado no los «apoya» por lo que son ; es que son invisibles. Y en el caso de los alcaldes la situación es más grave , ahora el ciudadano de cualquier distrito vive aislado,no tiene donde acudir o quejarse por falta o ineficiencia de servicios básicos volvimos al tiempo de las fincas . Ante la duda, la gente vota por la «Marca» para no equivocarse. Y si las encuestadoras preguntan «¿Cómo está la economía: buena, regular o mala?», la gente responde desde el orgullo.
Pero cuando IUDOP hace la pregunta abierta: «¿Cuál es el principal problema del país?», la gente opina desde su hambre y su necesidad.Ahí está el trasfondo: el silencio y la aprobación muchas veces no son lealtad, es blindaje conveniente.
El escenario del colapso del relato
La realidad salvadoreña valida el «Principio de primacía de Seguridad». La población canjeó sus derechos civiles por orden público. Pero aquí el error de la oposición y los críticos: no han logrado posicionar que una Seguridad Integral (Jurídica, Alimentaria, Laboral,políticos y Ambiental) con Derechos es posible. No han sabido rebatir la tesis de que la seguridad punitiva es la única vía.
Existe otro fenómeno preocupante: la lógica del caballo ganador. La tendencia de muchos analistas a no preguntarse qué necesita la sociedad, sino a adivinar quién parece más fuerte y conveniente adular. Si alguien parece invencible, muchos prefieren acomodarse a su sombra. Pero la historia no se escribe siguiendo al más fuerte. La historia la escriben quienes entienden que hay cosas que, simplemente, no pueden seguir igual.
¿Qué pasa si el costo de vida supera la capacidad del discurso de seguridad para apaciguar el malestar?
No veremos una transición ordenada hacia la oposición. Veremos un «colapso del relato». Pero si el votante, al no tener una alternativa política creíble, pasará del apoyo activo al oficialismo a la abstención absoluta. El silencio total. El oficialismo está perdiendo la capacidad de convertir «aprobación» en «voto activo» porque la gente aprueba por miedo, pero al ceder el miedo es escenario es , no hay quien me represente y oiga , entonces mejor me abstendrá , no ira a votar, y este escenario siempre le favorece al poder actual.
Entonces, ¿qué hacemos?
La pregunta no es si cambiar una realidad difícil será sencillo. La pregunta es: ¿qué pasa con una sociedad que se rinde?
El pensamiento crítico no debe ser el arma que usamos para decirle a la gente: «No se puede». Debe ser la herramienta para preguntarnos: «¿Dónde están las oportunidades que todavía no estamos viendo?». Hay que aprender a leer la realidad diaria y a hacer las preguntas correctas.
Una sociedad empieza a cambiar en el momento en que sus ciudadanos recuperan algo fundamental: la confianza en que su voz importa, en que organizarse transforma y en que ningún poder, por más invencible que parezca, tiene la última palabra sobre el futuro.
Y en ese afán de recuperar la agenda ciudadana, ir a votar en las próximas elecciones se convierte en un acto radical de soberanía y en la muestra más contundente de descontento. Quedarse en casa es seguir avalando, desde la inacción, que las cosas sigan como están. No se vale seguir quejándose si no hemos hecho lo mínimo por nosotros mismos y nuestro entorno. La lucha tiene muchos flancos, y el electoral, con todas sus falencias, es un espacio histórico que costó sangre y años de esfuerzo; no podemos dejarlo abandonado por caprichos o por agendas confusas de quienes sugieren no asistir desde el confort de sus despachos u organizaciones.
Las nuevas luchas ya no caben en golpes de Estado o rebeliones armadas para optar al poder. La batalla de hoy es otra: hay democracias que rescatar ,repúblicas que alinear hacia mejores derroteros y construir modelando sistemas de bienestar sostenibles para las mayorías empobrecidas y excluídas. La participación política ya sea para emitir el voto o para asumir cargos que permitan empujar cambios reales es una de esas trincheras insustituibles. La lucha política de hoy es lo que abre los caminos del futuro para los que nos siguen.
Los cambios no llegan cuando todos creen que son fáciles. Es iluso sentarse a esperar que se cumpla un Lista de verificación de condiciones ideales ese «vía libre» que jamás llega o que los detentores del poder te cedan el espacio como un regalo. El cambio real se construye cuando alguien decide que, aunque sea dolorosamente difícil, vale la pena intentarlo.
Romper esta dictadura de la resignación es un proceso encadenado que no termina el día de la elección: empieza en la urna, como un acto de coraje y soberanía; sigue con la vigilancia y la defensa férrea del resultado, y debe continuar con una representación digna y fiel a la agenda del pueblo que lo demanda.
Y aquí radica nuestra autocrítica más profunda: es justo ahí donde nos perdimos en el pasado. Se confundió el alcanzar un cargo con la transformación real; se abandonó el mandato popular para caer en la comodidad del escritorio, los intereses partidarios y de grupos que vieron el cargo público como de su posesión y su forma de vida a costa de lo que sea(incluso traicionando). Esta vez, la urna no puede ser la línea de meta, sino el primer paso de una batalla constante para no volver a soltar el timón de nuestra historia.
