Y LO QUE FALTA en El Salvador.
POR: TOÑO NERIO.
En las lides políticas siempre hay que tener los ojos abiertos, la mirada de mosca, la memoria fresca y la mente libre de juicios a priori. No se trata de ser ni pesimista ni tampoco Iluso.
Estamos viviendo a nivel nacional las consecuencias de una guerra mundial que tiene, por lo menos, una década de estar desarrollándose.
Los intentos por impedir la debacle total del imperio estadounidense no comenzaron ni siquiera en el Maidan o en la guerra contra el gobierno sirio. Los esfuerzos comenzaron desde el principio del siglo XXI, cuando quedó en evidencia el avance de China en el comercio internacional, al hacer su ingreso triunfal en la OMC en 2001.
Las medidas para inyectarle oxígeno al imperio moribundo son cada día mucho más drásticas. Con el paso del tiempo se degrada la calidad del dominio imperial, disminuye su influencia en las sociedades y su poder económico. Le va quedando únicamente su poderío bélico y la desfachatez creciente de sus gobernantes carentes de toda autoridad moral y ética.
Hoy, cuando podemos observar que lo mismo que pasa en El Salvador de los bukele, ocurre simultáneamente en Argentina, Ecuador y Estados Unidos; que se cierran las industrias más importantes; reducen el gasto social del gobierno; ignoran la letra y el contenido de la ley y la Constitución; aumentan el gasto en todo lo que tiene que ver con lo militar y con el espionaje contra la ciudadanía; cuando vemos como se quitan los jueces y se sustituyen con títeres, se relevan fiscales, etc., hay que pensar que tienen un plan.
No es que estén locos y quieran destruir a sus propios países y empobrecer hasta la hambruna solo porque sí a la población. No andan dando palos de ciego ni mucho menos improvisando, tienen objetivos claros y bien definidos, metas y cronogramas.
En su debut ante la Asamblea General de la ONU dijo bukele que tenían que arrasar ese sistema “anacrónico” y fundar uno nuevo.
Ese fue el anuncio del inicio de una nueva etapa en la desesperada lucha por impedir el avance de China.
En los primeros meses de su gobierno, y sin parar hasta hoy, bukele rompió todas las relaciones con Venezuela, expulsó del país al personal diplomático y comenzó a atacar a México y a cuanto gobierno le indicaran sus amos. Después fueron otros los que se unieron.
Eso precisamente es lo que están haciendo al atacar la Embajada de México en Ecuador, al agredir militarmente a Venezuela y secuestrar a su Presidente Constitucional, al amenazar a Groenlandia e insultar a Canadá. Eso es lo que significa la masacre de todo el liderazgo político y religioso de Irán. Eso es lo que están haciendo cuando no se detiene el genocidio de Israel contra el pueblo de la Palestina y Líbano.
Cuando bukele fue a dar gracias y a recibir instrucciones de parte de la ultraderecha mundial en la Heritage Foundation, justo después de ganar las elecciones de 2019, solo estaba dando el informe de cumplimiento de la etapa anterior -la de la construcción del liderato- y del inicio de la nueva.
Un mes después de tomar posesión del cargo rompió relaciones con la República Árabe Saharaui Democrática y dejó clarísimo su norte cuando abrió el consulado en Marruecos: alineación con la ultraderecha y con el crimen organizado en su máxima categoría. Luego, privilegió las embajadas en Rusia, Turquía e Italia, las sedes del crimen organizado y enyugó a El Salvador a la Ruta de la Cocaína y del Opio (la ruta de la seda inglesa y gringa).
Eran los primeros años de Trump en el cargo y su pieza más potente en materia de conducción de la ética podrida de la etapa putrefacta del imperialismo era Ronald Johnson. De inmediato lo nombró embajador de los Estados Unidos en El Salvador. El curriculum era del más alto nivel, privilegio exclusivo de bukele. Tenían que darle todo el apoyo y más si era necesario.
No es casualidad ni accidental.
Hoy, en la segunda etapa de Trump, el nivel de deterioro del imperio es aún mayor. Por eso mandan a Johnson a México, el pilar fundamental de la defensa de América Latina.
A la familia bukele no le faltan razones para estar optimista.
La oscuridad para el pueblo salvadoreño no será solo un asunto del recibo de la luz. Eso es simbolismo puro.
Pero hay esperanza. Un hálito, un soplo suave ha empezado a exhalar la sociedad salvadoreña que parecía muerta. Su juventud estudiantil ha empezado a erguirse. Ese síntoma es el primero. Todavía falta mucho por ver.
