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El fracaso del Bitcoin: Crónica de una rendición anunciada.

Por: Mauricio Manzano.

Los números de la economía salvadoreña llevaban meses gritando lo que el gobierno intentaba silenciar con tuits en inglés y promesas inquebrantables.

El acuerdo con el FMI para frenar la compra de Bitcoin con fondos públicos y ceder el control de la Chivo Wallet a un «operador privado» a cambio de un préstamo de 1,400 millones de dólares, desnuda por completo la hipocresía del régimen. Analicemos este fracaso.

Durante años, el presidente inconstitucional se vendió al mundo como el mesías financiero, el rebelde que desafiaba la hegemonía del dólar, a los bancos centrales y al propio Fondo Monetario Internacional. Pero cuando la caja del Estado se asfixia, la valentía de Twitter desaparece. El «dictador cool» ha terminado arrodillándose ante la misma institución que juró ignorar, aceptando condiciones de austeridad clásicas porque, al final del día, los memes no pagan la deuda externa ni sostienen el presupuesto nacional.

La privatización de la Chivo Wallet, es, quizás, la parte más perversa de la noticia. El Estado gastó cientos de millones de dólares de los impuestos de los salvadoreños en fideicomisos, cajeros, bonos de 30 dólares y compras de criptomonedas. Dinero que faltó en escuelas y en hospitales. Ahora que el experimento no soportó la presión de la realidad, se entrega el control de esos activos a una empresa privada anónima. Es la culminación perfecta de la corrupción moderna: el Estado asume el riesgo y el gasto millonario y cuando las papas queman, cede el control a manos privadas sin rendición de cuentas.

Este gobierno es una maquinaria dedicada exclusivamente al «parecer». El tema del Bitcoin es su obra cumbre en este aspecto. En público, hacia sus seguidores internacionales y los cripto-entusiastas, mantuvo la fachada del «hombre fuerte» que compraría un bitcoin diario pasara lo que pasara. En privado, en las oficinas del FMI, admitió el fracaso y firmó la claudicación. Es la prueba definitiva de que la Dictadura es un gigantesco fraude visual que se desmorona en el instante en que hay que pagar las cuentas del mundo real.

En resumen. Se le prometió al pueblo salvadoreño libertad financiera y soberanía, pero el país terminó más endeudado, sometido a los dictámenes de organismos internacionales y sin saber a qué bolsillos privados fue a parar la infraestructura tecnológica que pagaron con su trabajo. Han vendido la soberanía del país, y ni siquiera lo han hecho por oro, sino por un espejismo digital que acaba de apagarse. El fracaso del experimento del Bitcoin no es más que la crónica de una rendición anunciada.