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Reseña del libro: «EL CAPITAL EN EL SIGLO XXI».

POR: JOSÉ GUILLERMO MÁRTIR HIDALGO.

Thomas Piketty es un economista francés; en 2014 publicó “El capital en el siglo XXI”, un análisis histórico y económico sobre la desigualdad. Su tesis central sostiene que cuando la tasa de retorno del capital (r) supera al crecimiento económico (g), la riqueza tiende a concentrarse en pocas manos.

En el siglo XIX predominó un capitalismo patrimonial: las élites europeas acumulaban grandes patrimonios heredados y la movilidad social era mínima. Entre 1914 y 1945, las dos guerras mundiales y la Gran Depresión redujeron la desigualdad mediante una redistribución forzada de recursos. De 1945 a 1975, los “Treinta Años Gloriosos”, se consolidó el Estado de bienestar; surgieron sistemas de protección social, una clase media próspera y políticas redistributivas en educación, salud y fiscalidad progresiva. Desde 1980 hasta 2000, la globalización y la desregulación fortalecieron al capital financiero: la riqueza creció más rápido que la economía y reapareció el capitalismo heredado. Del 2000 a la fecha, la desigualdad se ha globalizado, ampliando la brecha entre el 1% y el resto de la población.

Piketty plantea que la historia económica alterna periodos de concentración y redistribución. Basándose en más de doscientos años de datos sobre salarios, patrimonio, herencias, impuestos y crecimiento en Europa y Estados Unidos, concluye que el capitalismo moderno tiende a convertirse en una “sociedad patrimonial”, lo que amenaza la igualdad de oportunidades y la democracia. La concentración del poder económico y político puede generar inestabilidad social.

El autor no propone abolir el capitalismo, sino reformarlo mediante políticas fiscales y redistributivas. Entre sus propuestas destacan impuestos progresivos sobre la riqueza y las rentas más altas, gravámenes a la herencia para frenar la acumulación intergeneracional y mayor transparencia fiscal con cooperación internacional para combatir los paraísos fiscales.

El libro se organiza en cuatro partes. En la primera, Piketty muestra cómo la concentración de la riqueza fue muy alta en el siglo XIX, debido a retornos de capital elevados frente a un crecimiento económico moderado; la desigualdad disminuyó en el siglo XX por factores como las guerras, la inflación y la expansión del Estado de bienestar. En la segunda parte denuncia el renacimiento de la desigualdad en el siglo XXI, con un crecimiento económico más lento y una mayor concentración del capital, y plantea soluciones como impuestos progresivos, transparencia financiera, gravámenes a herencias y donaciones, inversión en educación y capital humano, cooperación internacional, fortalecimiento democrático y una revisión de la meritocracia. La tercera parte analiza el panorama económico contemporáneo, con un crecimiento debilitado y un retorno del capital que eleva la desigualdad, destacando el papel del sector financiero. En la cuarta parte ofrece medidas para promover una mayor redistribución y mitigar las consecuencias negativas de la concentración: menor movilidad social, fragilidad política y obstáculos al desarrollo sostenible.

La fórmula r > g —tasa de retorno del capital superior al crecimiento económico— explica la tendencia a la concentración de la riqueza y la creciente desigualdad. El siglo XX fue, en muchos aspectos, una excepción debido a guerras, inflación y políticas redistributivas; hoy existe el riesgo de volver a niveles de desigualdad comparables a los del siglo XIX, planteando desafíos a la cohesión social y al desarrollo sostenible.

Aplicada a El Salvador, la lectura de Piketty permite identificar riesgos y dinámicas locales. La creciente inversión en proyectos de infraestructura y las concesiones a privados pueden generar retornos elevados para inversionistas próximos al poder. El Producto Interno Bruto (PIB) mostró un crecimiento moderado antes y durante la administración de Nayib Bukele; no ha sido un crecimiento excepcional ni sostenido a tasas que igualen los posibles retornos concentrados del capital. En consecuencia, no se han mejorado de forma notable indicadores como empleo formal, productividad y diversificación productiva.

Recortes de impuestos a grandes empresas, incentivos fiscales, concesiones estatales y una concentración del poder ejecutivo que debilita contrapesos reducen la capacidad redistributiva del Estado y facilitan la acumulación privada de riqueza. La adopción del Bitcoin como moneda de curso legal y las políticas asociadas crean nuevas oportunidades de transferencia de riqueza y fuentes de renta que podrían concentrarse en actores que controlen infraestructura y servicios. Por su parte, las elevadas remesas sostienen el consumo y el ahorro de hogares receptores; sin políticas que orienten esas remesas hacia inversión productiva amplia, pueden reproducir desigualdades preexistentes.

En El Salvador, los salarios reales y la productividad crecen más lentamente que los retornos del capital, lo que reduce la participación laboral en el ingreso y concentra la riqueza en manos de propietarios del capital. La acumulación de contratos y concesiones puede legitimar oligopolios y beneficiar a actores cercanos al poder. Si el crecimiento no financia políticas redistributivas, el Estado podría depender de deuda y concesiones, profundizando la asimetría patrimonial. La falta de regulación y supervisión sobre innovaciones cripto-financieras puede favorecer ganadores concentrados.

Entre las medidas públicas recomendadas figuran impuestos progresivos sobre la renta y el patrimonio para moderar el r neto de los grandes capitales; políticas que transformen remesas en inversión productiva; inversión en productividad y empleo formal para elevar el g a largo plazo y aumentar la participación laboral en el ingreso; y una regulación clara y supervisión efectiva del ecosistema cripto-financiero. En términos generales, se requiere un fortalecimiento institucional que permita implementar estas políticas y contener las dinámicas de concentración patrimonial.