Nuevas tecnologías y nuevas formas de lucha social.
Por: Walter Raudales. *Ponencia impartida (26/2/26) en la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia, durante el lanzamiento del 59 ICA (Congreso Internacional de Americanistas).
En El Salvador, un tiempo atrás, distintas organizaciones del movimiento social realizamos una marcha de protesta, que aglutinó miles de personas, indignados por los despidos injustificados, sin proceso de ley, de más de 10 mil empleados públicos. La protesta recorrió la transitada Alameda Roosevelt, desde el monumento El Salvador del Mundo hasta el centro de la capital frente a catedral. Muchas organizaciones con sus banner, mantas, megáfonos a todo volumén y carteles expresaban la indignación ante la injusticia de dejar a miles de personas sin empleo y por ende sin su sustento diario para sus familias.
La manifestación fue numerosa, “un despertar del movimiento social”, dijeron algunos analistas. Pero el esfuerzo y la coordinación, fue por gusto, el gobierno ejecutivo en cuestión de horas, de la mano de las nuevas tecnologías, torció la percepción.
Media hora antes de iniciar la protesta, un equipo de comunicaciones del gobierno con un dron de alta tecnología hizo fotografías y videos aéreos antes que llegaran los miles de marchistas, mostrando el lugar de concentración casi vacío. Todavía no había terminado el recorrido cuando en todas las redes sociales y con una estrategia comunicacional, respaldada por un engranaje digital y maquinaria digital bien estructurada, entró en acción una operación de guerra comunicacional hoy muy de moda. Apareció en todas las plataformas publicaciones sosteniendo la narrativa: “Fracasa marcha”, “pírrica protesta” con memes incluidos. La estrategia de saturación fue inmediata y efectiva a todos los dispositivos celulares llegaron esos amañados mensajes, videos manipulados y engañosas fotografías. El imaginario colectivo fue permeado por el discurso oficial y luego acompañado por los grandes medios afines, y los centros de troles amplificaron el contenido.
Resultado: aquella gran movilización resultó -de cara al objetivo de crear conciencia ciudadana- infructuosa. Fue tan impactante esa derrota comunicacional que hasta en nuestra familia nos recibían, al llegar cansados, después de la caminata bajo el sol ardiendo, diciéndonos “llegó poca gente verdad” cuando en realidad había sido todo lo contrario.
La tesis del pensador italiano Antonio Negri, en su libro “Multitud” escrito junto con Michael Hardt, (1) sostenía la idea que la multitud fomenta la “autonomía y la resistencia” frente a las prácticas de control hegemónico y que la multitud -entendida como movilización social – tiene enorme capacidad de influir en la transformación social.
Para Negri, la multitud se convierte en un contrapeso esencial y la multitud emerge como un sujeto político capaz de desafiar y re-imaginar la estructura social vigente.
Negri sostuvo “que las protestas sociales y hasta los movimientos antiglobalización, han demostrado su capacidad para reorganizar el espacio público y re-definir los términos del debate político, subvirtiendo las narrativas. tradicionales de poder y dando voz a -subjetividades colectivas-.”
Pues bien. Con la irrupción de las nuevas tecnologías los planteamientos de Antonio Negri ahora suenan desfasados. Ya no basta solo la multitud, la enorme marcha, la gigantesca movilización. Ahora es necesario acompañar esa protesta con una estrategia comunicacional de última generación, con eso que hoy llamamos “nuevas tecnologías”.
Por ello es válido preguntarse: ¿Cómo hacer la lucha social ahora en tiempos de las nuevas tecnologías y sobretodo en este universo digital cada vez más invasivo, perturbador y distorionador?
Cuestión válida no sólo para la lucha social sino, además, para la lucha electoral.
El actual presidente de la República de El Salvador ganó varias elecciones sin ir al territorio, sin hacer ningún “mitin” o reunión popular en las plazas. No lo necesitó, no se “ensució los zapatos”. No se dio “baño de pueblo o de masas”.
Los “en vivo” en diversas plataformas reemplazaron aquellas giras masivas de pueblo en pueblo y ciudad en ciudad. La infodemia y propaganda digital construyó una imagen y una figura, hoy, casi al punto de ser idealizada.
Y ante esto el Movimiento Social sigue usando las mismas formas de lucha de hace décadas, publican largos comunicados que nadie lee, haciendo conferencias de prensa, pequeñas marchas, sin ser capaces de entender que es urgente y un imperativo categórico cambiar el “chip” mental y la cosmovisión de cómo suceden ahora los procesos de lucha social y de qué manera se comportan los seres humanos, manejados a través de éstos mecanismos con puras emociones, siendo víctimas de una ingeniería social que arrasa con cualquier proceso organizativo.
Ya lo dijo el filósofo polaco Zygmunt Bauman, anticipándose magistralmente a lo que vendría: estamos antes una sociedad líquida, donde todo se resbala. “La «sociedad líquida» es un concepto que describe la era contemporánea como una etapa inestable, cambiante y efímera, donde las formas sociales (relaciones, trabajo, instituciones) se disuelven más rápido de lo que tardan en consolidarse. Se caracteriza por la fragilidad de los vínculos humanos, el individualismo, el miedo al compromiso y el cambio constante impulsado por el consumo”. (2)
Para ello es necesario comprender esta sociedad líquida en la que estamos. La sociedad “del me gusta”, “del like”, sólo eso importa, todo ello como parte de una guerra ideológica. Guerra que tiene dos escenarios: el cultural y el comunicacional. En la guerra cultural intentan borrarnos nuestra memoria y nuestra identidad, haciéndonos creer que muchos de nuestro valores ya están desfasados que ahora lo que importa es tu confort y tu ser individual renunciando al ser colectivo y a la solidaridad.
La guerra comunicacional es ahora un campo de batalla que hay que comprender, de verdad entender en toda su tecnología, financiar y ejercer. Hasta hace unos años, la lucha social se ejercía en las calles, en los lugares de trabajo, ese era el escenario de lucha, ahora, en un alto porcentaje, el escenario es en la mente de la personas y ahí se está llegando de manera directa a través de diversos dispositivos electrónicos.
Ante esta realidad, y desde mi vivencia: tanto en la academia como en la praxis social, en El Salvador, Centro América, uno de los países más desiguales del continente, considero que los movimientos sociales, hoy en día, deben agregar a su lucha social, de manera estratégica y táctica, el componente tecnológico y digital, de lo contrario serán aplastados y podrían revertirse muchas conquistas sociales.
Mi propuesta es que debe hacer hacerse una lucha social híbrida, mezcla de calle (protesta real) con el componente digital de manera simultánea y sistémica. En esa lógica hemos sido testigos de lo efectivo que se vuelve esta combinación. Hay varios casos exitosos de lucha social híbrida que deseo comentar:
Una comunidad rural tierra adentro en El Salvador llevaba años pidiendo a la alcaldía cercana que le reparara una calle ya intransitable, los niños para ir a la escuela corrían peligro ante una quebrada (un riachuelo) que debían cruzar cada día ida y vuela. Entonces la gente de la comunidad se fue con palas y picos a arreglar la calle con sus propias manos, y los jóvenes hacían videos y narraban la acción y la compartían en redes sociales, además etiquetaban a las autoridades locales, el alcalde y a los concejales. En cuestión de segundos las publicaciones se hicieron virales y una hora después llegó un camión volqueta con trabajadores de la alcaldía a reparar la calle, pero les decían: “se las reparamos pero borren eso de las redes”.
Está claro que esa acción combinada hizo que el miedo cambiara de acera, de aquella acción de “multitudes” protestando derribando las puertas de una institución ahora son los videos virales los que les aterrorizan.
También en El Salvador tuvimos otra victoria de esta lucha híbrida simultánea que propongo entre lucha de calle y lucha digital. El gobierno derogó una ley que prohibía la minería metálica. Y anunció el desarrollo de varios proyectos mineros sin importar el terrible impacto ambiental y la contaminación de los ríos en un país con un territorio tan pequeño y apenas un par de ríos y cada vez menos mantos acuíferos. Vino la movilización ciudadana, varias marchas, recolección de miles de firmas, acá se sumaron las iglesias, el arzobispo de San Salvador y la Conferencia Episcopal decidió que en cada parroquia la gente llegara a firmar en contra de la minería, simultaneo las redes sociales se volvieron un espacio de batalla y la narrativa gubernamental fue equiparada con muerte y la lucha social en contra de la minería con vida. Al ver perdida su batalla en redes sociales el gobierno de la república, a pesar de su deriva autoritaria, retrocedió y detuvo los proyectos.
Este episodio ha servido para descubrir y sostener la importancia de las batallas digitales en la lucha social. Pero esa nueva forma de lucha social tiene y debe ser coordinada, organizada, con pensamiento estratégico y objetivos precisos.
Planteados así los escenarios unas se ganan y otras se pierden porque es un asunto de disputa, pero quien gana hoy es quien mejor maneja la lucha digital.
Esa disputa de narrativas al final de cuentas es para ganar espacio y recuperar el poder y acá entramos a la profundidad del asunto.
La lucha social no es un deporte ni un ejercicio de revolucionarios de café. Es la lucha por el poder político. Por el derecho a decidir la política que responda a las aspiraciones populares, a los sueños de sueños de los marginados, explotados, despedidos, de los descartados de esta sociedad injusta.
Esta reflexión que ahora comparto con ustedes la he traslado en no pocas oportunidades a diversos movimientos sociales y grupos diversos que realizan lucha social, en este andar he descubierto una constante: profunda incoherencia y enorme temor a entrarle a las nuevas tecnologías. Prefieren el pantano con métodos de pasado, y un camino lleno de inconsistencias obteniendo el resultado del constantes derrotas.
El colonialismo tecnológico que nos ha caído encima puede ser derrotado con sus mismos instrumentos, claro, si precede a esta lucha una verdadera revolución educativa que nos libere de esa cadena infame de la ignorancia o falta de educación.
La máquina movida por el motor a vapor, que revolucionó el transporte y la industria, fue rechazada en su tiempo por los cocheros y los obreros que manipulaban los telares. Al final, esas nuevas tecnologías revolucionarias, en su tiempo, se impusieron porque los desarrollos tecnológicos cuando llegan es para quedarse. Y lo hacen porque facilitan los procesos y mejoran las condiciones de vida.
Sin embargo, la crítica no puede centrarse en la aceptación o no de su existencia. La crítica debe orientarse hacia la forma de su adopción y la temporalidad de su presencia en nuestras vidas y la vida de nuestra sociedad. Estas nuevas tecnologías pueden ser útiles para liberarnos o para embobarnos, a veces parece imponerse esto último y vemos ante nuestros ojos cómo están llevando a nuestra sociedad en un proceso de “zombificación”.
El colonialismo tecnológico que ya padecemos nos obliga a no ser solo receptores, debe invitarnos a crear nuestras propias tecnologías paralelas, bajo nuestro dominio y en función de los interés ciudadanos y no de las mega corporaciones. Las insidiosas nuevas tecnologías (Apple, Microsoft, Alphabet (Google), Amazon, Meta (Facebook), Nvidia, etcétera) apuntan al control mental de las sociedades y censuran sin ruborizarse todo lo que significa una amenaza real para sus intereses. Cuentan para “engañar” con su poderosa arma, el algoritmo y encima les pagamos en mensualidades para adquirirlas alegremente y pagamos las mensualidades por el derecho de “usarlas” cuando realmente nos instrumentalizan en una esclavitud sutil.
Sucedió lo mismo que con las tecnologías agrícolas cuando la famosa revolución verde y, antes como mencioné, con la industrialización. Nunca fuimos los dueños de las ideas, de las patentes y nos dejaron siempre en condición de siervos.
Igual que antes, cuando se utilizaban semillas transgénicas que se activaban con la “ayuda” de agro-químicos producidos bajo la misma marca. Y hasta los electrodomésticos que tenían enchufes estandarizados diferentes a los producidos del otro lado del Atlántico.
La dependencia tecnológica es una cuestión en la que un concepto crucial es el Poder, así, con mayúsculas.
De la misma forma, en la lucha social el tema central es el mismo concepto medular
¿Dónde radica pues la piedra de toque para comenzar a construir el camino de verdadera lucha social?
Después de todo y al final, siempre estamos ante un asunto de poder. ¿Quién tiene el poder y el control del mundo digital? ¿Tienen las organizaciones del movimiento social los fondos necesarios para adquirir los dispositivos y lo necesario para esa batalla? ¿Tienen el conocimiento y la destreza?
Volvemos al punto, la lucha social sigue siendo un asunto de poder, el mundo digital es en definitiva nuevas tecnologías, nuevos instrumentos.
El rey turco, el sultán Mehmed II, en 1453 no hubiese tomado Constantinopla sin la tecnología de vanguardia para la época, unos cañones gigantes (artillería pesada) diseñados por el ingeniero Urbano para derribar las murallas del Imperio Bizantino (y al Imperio Romano de Oriente) ese detalle fue el fin de la Edad Media y el inicio de la Edad Moderna.
Para aquella época ese cañón gigante debió haber sido impactante.
De igual forma las fuerzas guerrilleras en El Salvador, en la guerra civil en la década del 80 del siglo pasado, no hubiesen logrado un proceso de diálogo y negociación y firmado los acuerdos de paz si no hubiesen adquirido los misiles Sam 7, tierra aire, que les permitió realizar una ofensiva que equiparó su capacidad de combate casi al de las fuerzas armadas oficiales.
De igual forma creo que las luchas sociales deben desarrollar una estrategia híbrida, crear comandos y ejércitos digitales que acompañen las protestas y con el conocimiento estratégico de cómo funcionan estas nuevas tecnologías, darle un giro a sus esfuerzos tan genuinos y necesarios de lucha social.
Muchas personas, hoy muy jóvenes, desconocen que grandes conquistas sociales, como las 8 horas laborales, el salario mínimo, el pago de horas extras, la firma de un contrato laboral, el seguro social, las pensiones o jubilación pagada, el retiro a cierta edad, todas esas conquistas sociales, fueron luchas de hermanos nuestros años atrás.
Hoy hay que activar la lucha social de la mano de esos instrumentos y esas nuevas tecnologías, para mantener esas conquistas sociales, que no se desmonten y para alcanzar nuevas victorias y más logros en otros campos de nuestra vida, no solo en el laboral.
Muchas gracias.
Notas.
1) Hardt, M., y Negri, A. (2004). Multitud: Guerra y democracia en la era del Imperio (J. A. Bravo, Trad.). Debate. Negri y Hardt definen la multitud como el nuevo sujeto político global, creativo y resistente, diferente a la clase obrera tradicional.
2) Bauman, Z. (2000). Modernidad líquida. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.
