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¡Te volví a olvidar!, un relato para reforzar la Memoria

“Necesité imperiosamente recordarla” 

Por: Sergio Ferrari. *

Luego de pensarlo durante mucho tiempo y de redactarlo casi a diario, poco a poco, laboriosamente, en los últimos dos años, ¡Te volví a olvidar! será presentado próximamente en Argentina.

En sus 304 páginas, David Andenmatten, ex preso político durante la última dictadura cívico-militar-religiosa, construye una autobiografía que desborda la primera persona para encarnarse en un nosotros colectivo. “Mi libro es un aporte a la memoria colectiva del pueblo sobre lo que ocurrió durante el proceso genocida en la Argentina de los años setenta”,reflexiona el autor en esta entrevista exclusiva.

Con estilo simple y palabras directas Andenmatten recorre sus orígenes familiares, la militancia, la cárcel, el exilio y el compromiso sindical en Suiza, su país de adopción. Y, como punto central, las pérdidas irreparables, entre ellas la de Berta Perassi, su joven compañera, detenida y todavía hoy desaparecida.

 “Lo imaginé como un homenaje a Berta y a todas y todos que hoy no están”, explica, anticipando su principal deseo: “Me gustaría que las historias que cuento se incorporaran a esa memoria de todo nuestro pueblo y que alienten a otros a aportar también sus experiencias”. En octubre y noviembre Andenmatten recorrerá numerosas ciudades del país sudamericano -desde la Ciudad de Córdoba a Buenos Aires, pasando por Río Cuarto, Mendoza, Resistencia, Rosario etc.- presentando su libro, tejiendo Memoria, estimulando esperanza (https://condor-atlanta.org/tevolviaolvidar/). 

Pregunta: Berta Perassi está presente en casi todo el libro y le da forma al título, ¡Te volví a olvidar! Cincuenta años después de su desaparición, ¿quién fue Berta y por qué sigue siendo tan importante?

R: Berta fue mi compañera. Compartimos una etapa de nuestras vidas y militancia en Río Cuarto y Córdoba. Después la secuestraron y desapareció en La Perla, uno de los más terribles centros clandestinos de detención de todo el país cuando yo estaba en la cárcel.

Durante muchos años la guardé dentro de mí, sin casi hablar de ella. El terror generado por el genocidio había sido tan grande y eran tantos los compañeros desaparecidos que englobaba su historia en el aniquilamiento de una parte del pueblo argentino. Berta era una más entre ellos, como Alberto Pinto, Sergio Comba, Gabriel López y tantos otros. Pero fue reapareciendo en mi vida a través de recuerdos y testimonios de quienes la habían conocido.

Con el tiempo comprendí que investigar lo que había pasado con ella era también una manera de reconstruir mi propia historia y la de toda una generación. Hoy, en Río Cuarto, una calle y una escuela llevan su nombre. Visito todos los años esa escuela y encuentro jóvenes que no habían nacido cuando la secuestraron y que conocen su historia. Para mí, esa escuela es la memoria viviente de Berta.

Este libro es también una manera de decir que no consiguieron hacerla desaparecer de nuestra memoria. Y si en algún momento pareció que la había olvidado, necesité imperiosamente recordarla.

Una historia, una generación

P: ¿Por qué decidió contar ahora una historia que comenzó hace cincuenta años? ¿En quién pensó como destinatario del libro?

R: No lo escribí porque pensara que mi vida es excepcional, sino porque fui comprendiendo que mi propia vivencia formaba parte de una historia colectiva que no quería que se perdiera. Durante muchos años reuní documentos, busqué compañeros, declaré en juicios y trabajé para recuperar las memorias de personas desaparecidas. Pero todavía no había contado mi propia historia.

Cuando empecé a escribir comprendí que no podía comenzar por la cárcel. Tenía que contar quién era antes: mi infancia, mi familia, mis amigos, la militancia, Berta. Y tampoco podía terminar cuando recuperé la libertad. Después vinieron el exilio, Suiza, los regresos, los juicios y el trabajo de memoria. El libro terminó siendo la historia de una vida atravesada por el genocidio, pero no reducida a él.

La primera motivación fue escribirlo para mis hijos. Había cosas de mi vida que nunca había conseguido contarles directamente. También pensé en los jóvenes que no vivieron aquellos años. Me gustaría que comprendieran que nosotros también fuimos jóvenes, que teníamos familias, amigos, proyectos, miedos y contradicciones, y cómo impactó el genocidio en esas vidas.

Si el libro sirve para que alguien que no conoció a Berta se pregunte quién fue, o quiera saber qué ocurrió con aquella generación, habrá cumplido una parte importante de su objetivo.

P: El libro está escrito en primera persona. ¿Cómo contar una experiencia tan personal y, al mismo tiempo, abordar la historia colectiva de una generación?

R: Sólo podía contar esta historia desde mi propia experiencia. No podía hablar en nombre de una generación ni de los compañeros que ya no están. Por eso elegí la primera persona: cuento lo que viví, lo que vi, lo que sentí y también lo que fui comprendiendo muchos años después.

Pero mientras escribía ocurrió algo que no había previsto. Mi historia empezó a cruzarse permanentemente con la de los demás: Berta, mis compañeros de militancia, los presos, los desaparecidos, mi familia, los exiliados. Comprendí entonces que contar una experiencia individual podía ayudar también a entender una realidad colectiva.

No pretendo representar a mi generación. Soy solamente un sobreviviente que atravesó aquella historia y decidió contarla.

“Las ausencias me siguen pesando cada día”

P: En el libro están muy presentes las pérdidas, pero también los reencuentros. Casi cincuenta años después, ¿qué pesa más?

R: No puedo separar una cosa de la otra. Las ausencias siguen estando y me pesan todos los días. Pero también están los reencuentros. Después de tantos años fui buscando compañeros, familiares, documentos y testimonios. Algunas personas volvieron a entrar en mi vida después de décadas.

Esos reencuentros no reparan las pérdidas, pero permiten reconstruir historias que el genocidio intentó destruir.

P: La familia atraviesa todo el libro, desde sus orígenes hasta su vida actual. ¿Por qué ocupa un lugar tan importante en el relato?

R: Cuando empecé a escribir me pareció que podía interesarle al lector —y en primer lugar a mis hijos— que contara mi vida desde el comienzo. Por eso aparecen mi familia de origen, mi infancia y, al final, la familia que construí después.

La presencia de la familia surgió naturalmente al decidir narrar mi vida y no solamente los años de militancia, la cárcel y el exilio.

P: Su relato, simple y profundo al mismo tiempo, tiene la autenticidad de reconocer también debilidades. No esconde, por ejemplo, sus miedos de entonces.

R: Algunos de aquellos miedos no han desaparecido completamente, a pesar de los años y de la distancia que separa Suiza de Argentina.

Todavía me despierto a veces después de una pesadilla en la que me están torturando o mis torturadores vienen a mi casa en Ginebra para matarme. Han pasado cincuenta años. Sé dónde estoy y que aquella situación terminó hace mucho tiempo. Pero hay experiencias que dejan marcas que el tiempo no consigue borrar completamente.

P: Argentina y Suiza atraviesan buena parte de su vida. ¿Cómo logró integrar esos dos mundos?

R: Son dos realidades muy diferentes. Llegué a Suiza después de haber sobrevivido al genocidio y aquí pude reconstruir mi vida sin abandonar mis ideales. Durante muchos años milité en un sindicato en Ginebra y, al mismo tiempo, seguí contribuyendo a la recuperación de la memoria y a la lucha por la justicia en Argentina.

Eran dos mundos que casi nunca se mezclaban. Podía estar ocupándome de un conflicto sindical en Ginebra y, poco después, trabajando sobre un compañero desaparecido o un juicio en Argentina.

He vivido gran parte de mi vida entre esas dos realidades. Pero no creo que hayan existido dos David diferentes. Quizás escribir el libro me permitió ver con más claridad que todo forma parte de una misma historia.

“Lo haría de nuevo”

P: Mirando hacia atrás, ¿volvería a tomar la decisión de militar como lo hizo en aquellos años?

R: Pienso que lo haría de nuevo. Hay que tener en cuenta el momento histórico que vivíamos. Fuimos producto de enormes luchas populares y de la esperanza de conquistar una sociedad más justa y transformar las relaciones de poder en favor de las clases populares.

Eso no significa que no hayamos cometido errores. Los cometimos, y algunos no los repetiría. Pero nuestros errores no justifican el genocidio ni explican su existencia.

Estoy convencido de que la decisión de los Estados Unidos y de los sectores dominantes de impulsar y sostener el aniquilamiento de aquellas luchas populares en todo el continente no dependió de nuestros errores. El nivel de organización, conciencia y movilización popular alcanzado en aquellos años resultaba inaceptable para esos poderes y debía ser destruido.

P: Después de tantos años trabajando como un “albañil” de la Memoria, ¿qué espera que aporte este libro?

R: Aspiro a que el libro circule ampliamente, sobre todo entre los jóvenes, y que sirva para despertar preguntas, discutir y seguir construyendo Memoria.

Por eso voy a recorrer distintas ciudades de Argentina para presentarlo y encontrarme con los lectores. Y más adelante quisiera explorar la posibilidad de traducirlo al francés para compartirlo también en Suiza, mi país de exilio y reconstrucción personal.

*Sergio FerrariJournaliste RP/periodista RPTel: (00 41) 078 859 02 44
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