La verdad de los huesos de Francisco Morazán.
Por: Mauricio Manzano.
¿Se puede asegurar científicamente que los huesos ubicados en el mausoleo que mandó a construir el dictador de El Salvador son de Francisco Morazán?.
Esta pregunta nos lleva de la engañosa propaganda política a la verdad de la ciencia. Cuando el poder decreta que un héroe descansa en un mausoleo, nos exige un acto de fe. Pero la ciencia no entiende de fe, ni de desfiles, ni de decretos presidenciales; la ciencia exige pruebas.
Respondamos directamente esta pregunta, Si. Científicamente es absolutamente posible asegurar si esos restos pertenecen al prócer Francisco Morazán.
Sin embargo, para que esa afirmación sea científicamente válida, el Estado tendría que someter los restos a un riguroso examen que va más allá de cambiar una tumba de lugar.
¿Qué exigiría la ciencia para comprobar la identidad del prócer?
- El análisis osteológico.
Los huesos cuentan la historia de cómo vivió y cómo murió una persona. Sabemos por la historia que Francisco Morazán fue ejecutado por un pelotón de fusilamiento en San José, Costa Rica, el 15 de septiembre de 1842. Un análisis de antropología forense tendría que buscar y documentar perfiles de impacto de proyectiles de la época en la osamenta.
El perfil biológico. Tambien los forenses deben confirmar que la edad cronológica, la estatura y las características físicas de los huesos coinciden con las de un hombre de 49 años, edad que tenía al morir. - La prueba de ADN. La única forma de disipar cualquier duda es la genética. Se tendría que extraer material genético de los huesos y compararlo con el ADN de los descendientes vivos confirmados de la familia de Morazán. Si hay coincidencia genética, no hay margen de error.
- La cadena de custodia. El mayor desafío científico no es la tecnología, sino la historia de esos huesos. La tumba de Morazán no ha estado quieta. Fue enterrado en Costa Rica, exhumado años después y trasladado a El Salvador a petición suya (como dictó en su testamento) y sepultado en el Cementerio de los Ilustres. A lo largo del siglo XX, San Salvador sufrió terremotos que dañaron el cementerio. En los procesos de reconstrucción hay traslados de huesos, los restos suelen mezclarse o perderse. Además, hay un hecho histórico ducumentado que la tumba original de Francisco Morazán fue profanada y destruida en 1863 tras la invasión de las tropas guatemaltecas lideradas por el Rafael Carrera, quien se oponía a la visión unionista de Morazán. En años recientes se mencionó públicamente que la tumba había sufrido un saqueo en la década de 1860 y que los huesos no corresponden al del Prócer unionista.
La ciencia exige documentar paso a paso esta «cadena de custodia» para descartar que en la tumba haya huesos de otras personas.
Conclusión. Hasta que no exista un informe forense independiente, público y respaldado por pruebas de ADN, la afirmación de que esos restos son los de Morazán se basa en la tradición y en la palabra del dictador de turno. Un mausoleo de mármol puede impresionar a los turistas, pero a la comunidad científica solo le impresiona un cromosoma que coincida. Hay que saber distinguir entre la verdad comprobada y la verdad decretada. Las personas con poder suelen creer que su palabra es suficiente para convertir la piedra en oro o los mitos en historia.
