Carta abierta a los soldados salvadoreños: No son mercenarios al servicio de intereses particulares.
El honor no se negocia en los tableros del poder.
Por: Miguel A. Saavedra.
A los soldados de la Fuerza Armada de El Salvador:
Esta carta no nace desde el rencor ni desde la comodidad de un despacho, sino desde el profundo respeto que aún merece el uniforme que portan y la historia de un pueblo que ha pagado muy caro los costos de la guerra.
Hoy me dirijo a ustedes con la urgencia de quien ve a sus compatriotas al borde del abismo. Las recientes decisiones del poder ejecutivo y los despliegues hacia escenarios tan complejos y peligrosos como Haití, donde la tropa ha sido expuesta al abandono, al secuestro y a servir de moneda de cambio, obligan a detenerse y a decir la verdad sin filtros: NO PERMITAN QUE LOS UTILICEN COMO CARNE DE CAÑÓN.
La Constitución está antes que el capricho del tirano.
A ustedes les han enseñado el valor de la jerarquía y la disciplina militar, pero la propia Constitución de la República de El Salvador es clara y categórica: la obediencia militar tiene un límite, y ese límite es la ley suprema y la defensa de los derechos fundamentales. Ningún decreto de emergencia, ninguna orden dictada desde la ambición política y ningún capricho de un gobernante que se cree dueño del país está por encima de la Constitución. Cuando una orden viola los derechos humanos, pisotea la ley o busca encubrir negociaciones oscuras, el deber patriótico y ético de un soldado no es obedecer ciegamente, sino recordar que su juramento fue ante la patria y el pueblo, no ante un dictador pasajero.
No son mercenarios al servicio de intereses particulares.
Un ejército nacional existe para defender la soberanía, la paz interna y la integridad del territorio frente a amenazas reales, no para convertirse en una fuerza de choque corporativa o en un cuerpo de mercenarios enviados a aventuras exteriores por voluntad unilateral. Como bien lo señalan las normativas y los principios internacionales, y como lo advierten los organismos multilaterales. exponer a la tropa en misiones sin mandato claro, sin respaldo estratégico y solo para alimentar la propaganda internacional o justificar compras multimillonarias de armamento es una traición a la vida del soldado.
El verdadero valor de un soldado es la defenza de la patria, su soberanía, la familia que amamos, como reza nuestra oración a la bandera.
Aquel que les ordena marchar hacia el peligro o callar ante las injusticias no camina a su lado en el fango, no sufre el abandono de sus familias ni carga con la culpa de obedecer mandatos que traicionan al pueblo, a la patria, porque es un traidor. Los verdaderos héroes de una nación no son aquellos que aplauden la tiranía o callan por miedo, sino los que tienen la valentía moral de recordar que la lealtad más alta se le debe a la justicia, a la dignidad humana y a los ciudadanos que los alimentan con sus impuestos.
Soldados salvadoreños: su vida vale más que la narrativa publicitaria de cualquier dictador. No se dejen usar como escudos de la impunidad. El honor militar no se mide por la sumisión ciega al poder absoluto, sino por la capacidad de defender la Constitución y proteger, por encima de todo, al pueblo del que forman parte.
«Por la patria… cualquier cosa, en cualquier lugar»
DIOS, UNIÓN, LIBERTAD.
San Salvador, El Salvador, 03 de noviembre de 2026.
