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El reto del Movimiento Social en El Salvador: Pasar del «clic» al músculo social. La dictadura no caerá por inercia.

Por: Miguel A. Saavedra.


“Mente despierta, músculo listo: la libertad no es un sprint, es resistencia.”

Hay una idea demasiado cómoda que flota como una hamaca en tarde de domingo: creer que las dictaduras se desgastan solas, que tropiezan con sus propias torpezas y caen por el simple peso de su contradicción. Suena bien, casi poético. Y, sin embargo, la historia la desmiente.Los regímenes autoritarios no se autodestruyen: se enquistan, se adaptan, mudan de piel como serpientes pacientes.

Lo que tenemos enfrente no es un accidente político ni un desorden improvisado. Es, más bien, un esperpento cuidadosamente ensamblado: grotesco en su forma, pero preciso en su ingeniería. Se vende como orden mientras respira a través de un pulmón financiero hipertrofiado, como un atleta dopado que aún corre… aunque ya no por mérito propio. Su estabilidad no es fortaleza: es escenografía sostenida por el dinero público y el miedo privado.

Si estás poniendo tus fichas en las elecciones de 2027 como una «salida mágica», detente. El tablero ya está calibrado y las reglas ajustadas para que no haya sorpresas. Participar ahí sin una estrategia de fondo no es competir; es ser un extra en su película o validar el decorado.

No estamos en una carrera de 100 metros, estamos en una marcha de maratón.Y las maratones no se ganan con entusiasmo de salida, sino con disciplina de fondo. Aquí no sirven las nostalgias ni los arrebatos. Hace falta otra cosa: cabeza fría, organización persistente, una musculatura social capaz de sostener el tiempo largo.

La pregunta necesaria es: ¿quién está dispuesto a correrla? Desmontemos el experimento.

El combustible del régimen: La rapiña estructural

Sostener un régimen así no es barato. Nunca lo ha sido. La historia de los autoritarismos es también la historia de sus cuentas por pagar. Y cuando el crédito externo se agota porque incluso los aliados se cansan de financiar obras y teatros caros.Necesitan millones mes tras mes para alimentar el ecosistema de corrupción.

Y ante el agotamiento de los préstamos, el régimen recurre a su fase depredadora: aquello que alguna vez fue considerado intocable empieza a circular como mercancía en subastas discretas y poner en concesión lo sagrado (agua.salud, educación y demás recursos naturales o turísticos).

Porque sostener este teatro es carísimo. La lealtad en el oficialismo no es convicción, es una factura mensual. y para alimentar su maquinaria, el régimen ha mutado la corrupción en su combustible principal:

Las 4 cajas negras: Triangulaciones, obras sobrevaloradas y traslados internos de fondos que esconden el rastro del dinero.

La fase depredadora: Como el flujo de préstamos masivos tiene límites, ya empezaron la subasta del país. El agua, la educación, la salud (ahora diagnóstica la IA y «DoctorSV» deriva a sus farmacias y laboratorios privados),siguen los recursos naturales (subsuelo , bosques, playas ) y la expropiación de tierras son el botín de los depredadores políticos que venden «modernidad» mientras desmantelan lo público.

El Mito del Salvador externo
Es hora de madurez geopolítica. La historia nos enseña que Washington no abandona sus «experimentos» mientras le sean funcionales. Desde Carter, Reagan ,Bush padre ,hasta hoy, EE. UU. solo ha ajustado las formas: en la guerra, exigieron frenar a los escuadrones de la muerte, pero mantuvieron intacto el flujo de ayuda militar.

El apoyo estructural no se basa en valores, sino en intereses y rentabilidad. Recordemos el fin de la guerra: solo cuando el ciclo dejó de serles útil, cortaron los 2 millones de dólares diarios para la guerra y pusieron el avión para que Cristiani aterrizara en Chapultepec a firmar la paz.

No esperemos milagros de la Casa Blanca. Podrán cambiar los nombres en Washington, pero mientras El Salvador siga siendo un laboratorio útil de control social, no nos soltarán. Nadie vendrá a limpiar nuestra casa ni a rescatar lo que nosotros no seamos capaces de defender. Solo la presión interna y el desgaste de sus propios aliados obligarán al régimen a buscar una salida.

Las grietas en el blindaje
Ningún sistema es perfecto, ni siquiera los que se presentan como inevitables. Bajo la superficie del control absoluto, siempre hay fisuras. A veces pequeñas, casi invisibles. Otras, tan evidentes que solo la propaganda logra ocultarlas.Si el poder parece absoluto, es solo porque su propaganda trabaja horas extra. En realidad, el «esperpento» duerme con un ojo abierto por miedo a estos tres disparadores:

1. El quiebre de la obediencia: Patrimonio y Constitución
La lealtad de este sistema es transaccional, no ideológica. El régimen teme el día en que:

Las Fuerzas Armadas dejen de ser cómplices de la inconstitucionalidad al entender que ellos heredarán las culpas legales, mientras los de arriba huyen.

La oligarquía tradicional retire su apoyo al ver que el régimen ya no solo les sirve, sino que compite con ellos, interviene sus negocios y pone en riesgo su patrimonio histórico.Cuando el negocio deja de ser rentable para los que sostienen el fusil y la chequera, el pacto de silencio se rompe.

2. El fin del «Retiro dorado»: La justicia que no caduca
El mayor pánico de la cúpula gobernante no es perder una elección, sino perder su botín. Su mayor temor es que el «retiro dorado, opulento y ostentoso» que han construido para sus familias se convierta en una celda de cristal.Temen que las investigaciones por crímenes de lesa humanidad prosperen internacionalmente.Un dictamen acusatorio global es el fin de su «perpetuidad eterna»: convierte su riqueza acumulada en un activo congelado y sus mansiones en prisiones de lujo de las que no podrán salir sin ser capturados.

3. El despertar del gigante: Identidad de clase vs. mito del 3%

El régimen necesita que te sientas solo, que compitas con tu vecino y que creas que eres parte de una «minoría insignificante». Es puro humo de youtubers y aduladores a sueldo.Rescatar la identidad: El verdadero poder reside en que las masas populares dejen de verse como individuos aislados y se reconozcan como la mayoría que sostiene al país.

Al romper el mito del «3%», el gigante despierta. Cuando el «pueblo para el pueblo» conecta su dolor con su conciencia, la narrativa oficial de los «aplausos pagados» se desmorona ante la realidad del hambre y la falta de libertad.

De la batalla digital a la conciencia real

El régimen y su «club de aplausos» (Youtubers ,opinadores y abogados/as de alquiler) nos llaman el «3% insignificante». Ese discurso es control psicológico. Para romperlo, necesitamos:

Primeros auxilios doctrinales:Necesitamos una estafeta de lucha que acumule experiencias, aprenda de los yerros y avance a un posicionamiento superior.

Pedagogía política itinerante Del «clic» al músculo social

Nuestra respuesta no puede quedarse en la queja digital; el algoritmo no hace revoluciones. Necesitamos pasar del muro de Facebook al músculo social que obligue al diálogo y al consenso real. Esto exige una pedagogía política itinerante: salir de la burbuja y hablar en los códigos que la gente reconoce en su día a día.

Menos retórica técnica de escritorio y más mensajes «pueblo a pueblo». El objetivo no es solo denunciar lo que ellos hacen mal, sino conectar con el dolor cotidiano de la gente para despertar esa conciencia adormecida. Solo cuando el mensaje se entiende en la calle, la indignación se convierte en organización y la organización en fuerza para tensionar al régimen.

Transformar la queja en acción exige un tránsito incómodo: salir de la burbuja, traducir el lenguaje, escuchar más de lo que se habla. La política, cuando es real, no ocurre en pantallas: ocurre en calles, mercados, conversaciones sencillas, pero honestas.

Hace falta pedagogía, sí, pero no de escritorio. Una que camine, que tropiece, que aprenda. Que hable en códigos reconocibles, que conecte con lo cotidiano: el precio del pan, la incertidumbre del trabajo, la fragilidad de los derechos.

Solo entonces la indignación deja de ser ruido y empieza a ser fuerza.Utilizar  la llamada UGC del marketing (Contenido de la gente) sin manipulación: Usar la tecnología para tocar el punto de dolor de la canasta básica, la falta de oportunidades de trabajo y derechos vulnerados , no para viralizar mentiras, sino para despertar gigantes.

Organizar para tensionar: “No somos el 3%: somos el gigante que ha decidido dejar de dormir.”No creemos en caídas automáticas. Creemos en el desgaste acumulado , donde ya les conocemos la jugada  al tecnoautoritarismo y para impulsar la estrategia sostenida, necesitamos «primeros auxilios doctrinales» para revivir conciencias y luego, escalar la lucha.Hay que encontrarnos entre los de abajo,reaprender a hablar, a construir, a sostener procesos,acumular experiencia aciertos, errores y escalar.

El objetivo final no es solo resistir, es ostentar estatura de competencia. Forzar diálogos reales, exigir y equilibrar la mesa de participación.No buscamos migajas en una mesa servida por ellos. Buscamos equilibrar la mesa de participación, exigir consensos de país y obligar al régimen a entender que no somos una minoría, sino el pueblo reclamando su derecho a la existencia.

El poder que tenemos enfrente no se va a equivocar lo suficiente como para caer solo. Ni el 2027 es la meta, ni la voluntad del Norte es la cura: la libertad se construye con músculo, mente y agenda propia.

«Solo alineando esfuerzos, recursos y mensajes, la mano de la justicia tendrá la fuerza necesaria para rescatar la República.»