Entorno

DISCURSO completo de diputada Claudia Ortiz en Oslo, Noruega, el 1 de junio de 2026.

Por: Claudia Ortiz.

Reivindicando El Salvador

Soy abogada, politóloga, madre de tres hijos y una de los tres legisladores de oposición en un parlamento de sesenta diputados. La única de mi partido.

No planeé convertirme en política. Durante doce años trabajé en la sociedad civil promoviendo la transparencia y la participación ciudadana, pero llegué a comprender que defender la democracia desde afuera ya no era suficiente.

Fui electa en 2021. Ganar ese escaño fue todo un sueño, pero lo que vino después fue todo lo contrario. Desde mi primer día en el cargo he tenido un asiento en primera fila para observar, en tiempo real, cómo una democracia —una muy frágil— es desmantelada.

La pandemia le proporcionó al gobierno un manual de instrucciones: cómo una crisis se puede utilizar como herramienta de control.

Aprendieron que una amenaza mortal es la excusa perfecta para que los ciudadanos entreguen voluntariamente sus libertades. Por primera vez desde el conflicto armado de los años ochenta, se impuso un régimen de excepción de quince días.

También aprendieron que las reglas de contratación de emergencia son un excelente vehículo para trasladar dinero público a manos privadas. La pandemia terminó. Pero su manual no.

El último fin de semana de marzo de 2022, más de 80 personas fueron asesinadas por las pandillas, según reportes de prensa, como consecuencia del colapso de las negociaciones secretas que el propio gobierno mantenía con los líderes pandilleros. Después de eso, la Asamblea Legislativa decretó un nuevo régimen de excepción.

Esta vez, permitió a las fuerzas de seguridad arrestar a cualquier persona sin debido proceso, y ya lleva más de cuatro años en vigencia. Más de 90 mil personas han sido detenidas. Muchas de ellas eran criminales, pero miles sin ninguna vinculación con pandillas.

Permítanme ser clara: la reducción de la violencia es real y el alivio que sienten los salvadoreños es legítimo. Nadie que haya vivido décadas bajo el terror de las pandillas toma eso a la ligera. Pero los salvadoreños no dejamos atrás un miedo para vivir ahora con otro. Y créanme, existen razones para que los ciudadanos honestos tengan miedo.

Uziel Pineda, un joven pescador con enfermedad renal crónica, fue arrestado junto a otras 24 personas, a pesar de vivir en la Isla Espíritu Santo, una comunidad pesquera sin presencia de pandillas. Después de un mes en prisión y de un grave deterioro de salud, fue liberado, pero nunca logró recuperarse. Murió recientemente a los 29 años.

O Dolores Almendárez “Lolita”, mi amiga, es madre de seis hijos, y ha trabajado durante 16 años como empleada municipal de limpieza, pero también ha servido como dirigente sindical. Después de discutir con su sindicato la posibilidad de iniciar una huelga por las malas condiciones laborales, fue arrestada porque alguien hizo una llamada anónima acusándola de colaborar con pandillas. Pasó siete meses detenida.

Otro caso es el de Génesis, una bebé de nueve meses. Su madre fue enviada a prisión y Génesis fue enviada con ella. La bebé enfermó gravemente y ocho meses después fue entregada a su abuela en estado crítico y falleció poco tiempo después.

El lema del sistema es: capturar primero, investigar después.

Los ciudadanos inocentes ya no tienen dónde buscar justicia porque el partido oficial utilizó su supermayoría legislativa para reemplazar al Fiscal General, a los magistrados de la Sala de lo Constitucional y a un tercio de todos los jueces del país con gente obediente. También modificaron las reglas electorales para mantener su control y reformaron ilegalmente la Constitución para cambiarla a su conveniencia.

Naturalmente, todo esto conduce al saqueo y a la impunidad.

Por ejemplo, la mega cárcel CECOT, pieza central de la marca de seguridad del gobierno, fue construida en tiempo récord, pero sin ningún proceso de licitación competitiva. La información relacionada con sus contratos públicos ha sido puesta en reserva por siete años.

O en el centro histórico de San Salvador, donde el gobierno utilizó el régimen de excepción y leyes urbanísticas para asfixiar pequeños negocios y desalojar por la fuerza a vendedores informales, despejando el camino para que la familia gobernante acapare los inmuebles. Eso no es una política de seguridad, eso es un modelo de negocios.

Por denunciar estos abusos, he sido blanco de campañas masivas de difamación desde el gobierno.

Esto forma parte de un patrón sistemático contra todos aquellos que denuncian el autoritarismo y la corrupción, y ha escalado peligrosamente contra la sociedad civil.

Abogados, líderes de la sociedad civil, periodistas han estado enfrentando la prisión y el exilio y ciudadanos comunes también.

Así como los líderes comunitarios de El Bosque, arrestados por protestar pacíficamente contra su desalojo a 300 metros de la residencia presidencial.

El mensaje para cada salvadoreño es simple: quédate callado o tú serás el siguiente.

Pero el gobierno no es dueño de nuestra libertad, no importa lo que afirme haber hecho por nosotros. Y la popularidad no es legitimidad.

Y esto no se trata únicamente de El Salvador. En este momento, gobiernos y políticos de todo el mundo observan a mi país como un modelo. La lección que están extrayendo es que, si entregas una sola cosa que la gente necesita desesperadamente, puedes salirte con la tuya en todo lo demás.

Por eso hoy quiero pedirles algo: Cuando escriban algo sobre El Salvador, no hagan titulares con el nombre de él, hagan titulares con los nombres de las personas que han sido silenciadas. Cuestionen la narrativa. (Aplausos) Cuestionen la narrativa. Exijan rendición de cuentas a sus propios gobiernos cuando se relacionen con el nuestro.

Mis electores conocían las probabilidades, y aun así decidieron reelegirme porque ellos creen en que su voz importa. Yo me tomo eso muy en serio porque es la prueba de que el deseo de un mejor El Salvador sigue vivo y está creciendo. Así que estamos construyendo algo nuevo. Estamos avanzando hacia una visión de un país que se gana la confianza de sus ciudadanos en lugar de exigir su silencio.

A lo largo de la historia, muchas naciones entregaron su libertad para resolver una crisis. Pero nadie les dijo que tendrían que luchar para recuperarla.

Es por eso que quiero que recuerden una cosa: Solo el pueblo salva al pueblo.

Gracias