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Mercenarios de la desinformación. El laboratorio salvadoreño.

Por Miguel A. Saavedra.

Si, la persuasión política deja de limitarse a convencer y comienza a diseñar emociones, administrar miedos y dirigir la atención, la frontera entre comunicación estratégica y manipulación se vuelve peligrosamente delgada. El Salvador ofrece hoy un caso particularmente revelador para observar hasta dónde puede llegar esta nueva arquitectura del poder.

Cuando la política deja de intentar convencer y empieza a diseñar lo que debemos sentir.No estamos frente a simples agencias de campaña. Estamos ante una industria de operadores del neuromarketing político y de manipulación masiva de la opinión pública, puesta al servicio de gobiernos y de grupos de poder que entendieron algo clave: en América Latina ya no se necesitan tanques ni bases militares para intervenir un país, alcanza con dominar su conversación y su huella digital.

Y el continente está en el momento perfecto para eso.

Vivimos el fin de un ciclo. El desgaste de los progresismos, la crisis de los partidos tradicionales, estallidos sociales sin respuesta, inflación, inseguridad, migración masiva y una desconfianza brutal hacia todo. En ese vacío, el outsider que promete romperlo todo se vuelve producto electoral.

Ahí entra esta maquinaria. Fabrican candidaturas outsider a la medida, funcionales al avance de la ultraderecha regional, con un libreto que viaja de Washington a Buenos Aires, de Madrid a San Salvador. No es casualidad: es la internacionalización de la CPAC, la red de think tanks, fondos y consultoras vinculadas al ecosistema MAGA de EE.UU., que necesita a América Latina alineada de nuevo como patio trasero ideológico frente al avance de China y Rusia en la región.
Han descubierto que controlar el algoritmo aquí es más barato que disputar una base militar omantener la VOA . Y más eficaz.

En El Salvador se lleva años de experimento.

Es un laboratorio a puertas cerradas. El primero en la región centroamericana donde se probó, a escala total, la fórmula que hoy se exporta a todo el continente: ante un dolor real la extorsión, la mara, el miedo a salir a la calle construir una solución rápida que no necesariamente resuelve de fondo, pero que alivia de inmediato.

En El Salvador :Ante el problema de pandillas y la economía en retroceso: el atajo emocional es: mano dura sin límites, ¡capturas masivas ,después de 4 años pregunten si eran o no! No importa el cómo,»Hay que curar el cancer con medicina amarga», «El Milagro económico,vendrá». No importa el cómo.Orden. Mano dura. Estética impecable. TikTok como cadena nacional. Comentómetros y analistas prepago validando cada paso. Granjas de trolls que responden al milisegundo a cualquier crítica. Y una narrativa simple: o estás con el orden o estás con las pandillas.

¿Ves el patrón? El problema es real. La solución rápida que te proponen no resuelve el problema de fondo y raíz, pero sí te alivia la emoción que ese problema te produce: miedo, rabia, cansancio, humillación.Construir ante una realidad real, una solución rápida que alivie. Esa es la fórmula. Y es letal, porque no te vende una idea. Te vende anestesia.No fue improvisado,fué neuromarketing político en estado puro. No te preguntaron qué pensabas de la seguridad. Diseñaron qué debías sentir: alivio, orgullo, pertenencia. Y luego te vendieron el producto que calzaba perfecto con esa emoción.

 El Ministerio de la Mentira S.A. — El Goebbels del siglo XXI es un streaming
Esto ya no es propaganda. Es un ministerio. Solo que sin edificio, sin placa y sin ministro formal.
Es el Goebbels del siglo XXI, pero no transmite en cadena nacional a las 8 de la noche. Transmite 24/7 en streaming, en TikTok Live, en YouTube, en X Spaces, en canales de WhatsApp y Telegram.Es orquestado desde un solo centro de mando

¿La fauna? Es un ecosistema completo. No es solo bots.

1. Los medios tradicionales domesticados. Los de siempre. Los que antes eran críticos y ahora reciben pauta, cargos para familiares, contratos de publicidad. No necesitan que mientan. Alcanza con que callen o titulen a favor. Validan.

2. Los medios propios y los gubernamentales. Canales que nacieron como medios, pero son aparatos. Portales con nombres en inglés, radios que nadie escucha pero que sirven para inflar pauta, TVs públicas convertidas en productoras de propaganda. Son la base que los bots usan para linkear. «Mira, lo dice este medio».

3. Los canales del líder. El TikTok del presidente, el YouTube del ministro, el streaming de la vocera a las 10 de la noche. Ahí no hay entrevista, hay show. Ahí no hay repregunta ni interrupción, hay chat lleno de corazones comprados. Es el Goebbels directo al celular, sin filtro periodístico.

4. La infantería de apoyo. Youtubers, tiktokers, influencers de fitness que de pronto hablan de política, páginas de memes, cuentas de «humor» que solo hacen humor contra el enemigo, ex periodistas ahora reconvertidos en operadores. Algunos cobran en efectivo, otros cobran como te decía antes: con la promesa de un cargo, un contrato, una foto en el círculo de confianza.

Cuando ese ministerio aprieta el botón, no ves un solo ataque. Ves una coreografía.

El medio tradicional titula. El canal gubernamental lo amplifica. El TikTok del líder lo convierte en clip. La infantería lo hace meme. Los trolls humanos salen a acosar al que duda. Y la granja de bots lo convierte todo en tendencia en 20 minutos.
Goebbels necesitaba una imprenta, una radio y un ejército para repetir una mentira mil veces.
Este ministerio del siglo XXI solo necesita un grupo de WhatsApp, 50 mil cuentas falsas y un streaming.

¿Cuándo se enciende la máquina?

Ese aparataje mediático  medios fantasma, comentómetros prepago, trolls de carne y bots que responden al milisegundo  no está encendido todo el tiempo al 100%. Sería muy caro y muy obvio.

Se activa a demanda. Y siempre en los mismos tres momentos.

1. Cuando se acercan elecciones. Propias o de un aliado.

Ahí ves la operación en modo ataque masivo.

De golpe, tu feed se inunda. Aparecen encuestas truchas donde su candidato ya gana por 20 puntos. Aparecen medios con nombres en inglés que nadie conocía publicando «informes exclusivos» sobre el candidato rival. Se activa el ataque y despoticación contra el adversario en redes y medios.

Los trolls humanos salen a marcar personalmente a periodistas, opositores y activistas. Los bots hacen el resto: 5.000 respuestas idénticas en una hora, insulto coordinado, hashtag instalado a fuerza de repetición hasta que los canales lo levantan para desmentirlo. Ya es tendencia.

El objetivo en elecciones no es solo que creas en su candidato. Es que creas que ya todo está perdido para el otro. Espiral del silencio a escala industrial.

2. Cuando el gobierno entra en crisis interna y se le cae el rating.

Un  escándalo  de algún funcionario que se filtra o un mal procedimiento  inocultable, un caso de corrupción que ya no pueden tapar, una devaluación, un hospital sin medicinas, un apagón. El dato real que duele.Ahí la máquina no ataca hacia afuera, hace cortina de humo hacia adentro.

De pronto aparece un enemigo nuevo de la semana. Un juez, un periodista, una ONG, un expresidente. El guion cambia. Todos los comentómetros prepago  los de sueldo y los que cobran con la promesa de un cargo o un contrato  salen con la misma frase: «Esto es un ataque de las élites», «Quieren desestabilizar» «Los paga Soros».

Los bots inflan logros que no existen. Cifras de turismo, de inversión, de seguridad proyecciones económicas, aunque no tengan fuente. El objetivo no es tapar la crisis, es inundar tu cabeza con tanto ruido que la crisis parezca una opinión más entre tantas.

3. Cuando se viene una condena internacional y ya les avisaron.

Este es el más sofisticado. Sus amigos de la inteligencia mundial y de la red de lobby les adelantan el dato: «La semana que viene sale informe de la CIDH, viene condena de la ONU, viene reportaje grande de un medio internacional».

Entonces se adelantan. 48 horas antes activan todo.

Campaña de victimización: «Nos atacan potencias extranjeras». Campaña de soberanía: «No nos van a decir qué hacer». Ataque preventivo y masivo contra el organismo que va a condenar deslegitimación total antes de que hable.

Cuando el informe sale, ya estás emocionalmente vacunado. Ya sentiste bronca contra quien condena, no contra lo condenado.

¿Ves el patrón? No es una estrategia de comunicación. Es una estrategia de defensa territorial. Usan el mismo ejército que usan para ganar elecciones para blindar al gobierno cuando tiene una crisis o cuando el mundo lo va a señalar.

4. Ese aparataje mediático también puede ocurrir una semana antes de una encuesta de opinión propia, 

cuando conviene preparar el terreno para que determinados resultados parezcan naturales; pero también cuando aparecen actores incómodos u otras encustadoras independientes andan recorriendo comunidades , midiendo el ánimo social o intentando instalar una narrativa alternativa (lo saben desde el espionaje estatal o informes en el terreno). Entonces comienza el calentamiento: publicaciones aparentemente espontáneas, comentarios que repiten una misma idea, pequeñas polémicas, etiquetas, videos y opiniones que van creando la sensación de que “la mayoría piensa así”.

No necesariamente se trata de fabricar una opinión desde cero. A veces basta con amplificar una percepción existente, instalarla como sentido común y hacer que quien todavía dudaba termine creyendo que está solo. Cuando llega la encuesta, el discurso político o la confrontación electoral, el terreno ya está preparado. La máquina no tuvo que convencer a todos; solo necesitó fabricar un ambiente previo e instalarlo.Y ahí aparece una de las mayores ventajas de la política digital: quien controla el clima de opinión antes de que comience la discusión ya llega a la discusión con parte de la batalla ganada.

El Ejército Dual — Trolls de carne y bots que responden al milisegundo

No hay un solo ejército. Hay dos. Y trabajan en pareja.Si desarmas el método Cerimedo  y el de casi toda la nueva ultraderecha transnacional encuentras siempre la misma fábrica con dos pisos.

Piso 1: El ejército de trolls humanos. Los que hacen el trabajo sucio físico.

No son bots. Son personas. Sentadas en war rooms en Buenos Aires, Santa Cruz, Bogotá , San Salvador , Ciudad de México o Miami. Con 3, 4, 10 celulares cada uno. Con dashboards con nombres, fotos y flancos débiles de cada objetivo.

Seguimiento y acoso. Persiguen al enemigo designado de la semana. Le contestan todo. Le ensucian cada post. Van a la vida personal. Familia, pareja, pasado. La orden es: «que no pueda respirar tranquilo en redes».

Instalación del guion. Ellos lanzan la narrativa madre. No con un hilo argumentado, con una frase corta, burlona, repetible. Esa frase es el guion de la semana.

Validación humana. El bot puede inflar, pero el algoritmo hoy detecta si no hay humanos interactuando. El troll humano le da like, le contesta, le pone indignación real. Hace que la mentira parezca conversación.Son pocos, pero ruidosos. 20 personas bien entrenadas pueden simular una turba de 5.000 seguidores inventados.

Piso 2: La granja de bots. El enjambre sintético que responde al milisegundo.

Aquí está la confesión que lo explica todo: 50.000 cuentas falsas operadas desde una misma estructura.

No son personas discutiendo. Es infraestructura. Cuentas creadas hace meses, con fotos robadas, con historial de retweets de fútbol, de farándula, de memes. Dormidas hasta que se activa la orden.

Y cuando se activa, hacen lo que ningún humano puede hacer:
Responden al milisegundo. Publicas algo y a los 3 segundos ya tienes 80 respuestas idénticas con el insulto de turno. No es debate, es castigo inmediato. El objetivo es que sientas que te vino una avalancha humana encima.
Réplican con respuestas prefabricadas. Tienen una biblioteca de 10, 20 respuestas por guion. Solo cambian el nombre del enemigo y el hecho inventado. «Otra vez [ENEMIGO DE LA SEMANA] mintiendo sobre [HECHO INVENTADO]». El texto es casi igual, cambia un emoji, una coma, para burlar al detector de spam.

Fabricación de tendencia. No buscan convencerte a ti. Buscan engañar al algoritmo. Si 5.000 cuentas postean a la misma hora el mismo hashtag + el mismo link de un medio fantasma, X / TikTok lo lee como «interés orgánico» y lo empuja a Tendencias. Es lo que en Brasil describieron como milicias digitales para destruir adversarios.
El truco maestro: el guion semanal.

Cada lunes, los operadores de la propaganda oficial , bajan el nuevo guion a seguir.

Semana del 4 al 10: Enemigo = Candidato X / Hecho inventado = «Recibió dinero del lider Y»  «Se ha aprovechado de mujeres»/ Emoción objetivo = Asco / Frases gatillo = «corrupto», «vendido», «¿cuánto te pagaron?» » ha maltratado mujeres» «chapatín».

Semana del 11 al 17: Enemigo = Periodista o analista Y / Hecho inventado = «Odia a la patria» / Emoción objetivo = Ira – odio – desprecio/ Frases gatillo = «traidor», «zurdo de m…», «chayotero» «siempre mintiendo» «váyanse del país» «el CECOT los espera » «dénles 3 Doritos» «dónde estaban ántes» «Viva el presidente» «No quieren Refundación del País» «Tiene SIDA y anda contagiando» «Les paga Soros».

Los trolls humanos reciben el memo con 5 o más bullets, 5 memes y 3 videos cortado de declaraciones reales sacadas de contexto. Los bots reciben un archivo.csv con las 20 o más variaciones del mensaje.

Y están los otros: los comentómetros y analistas prepago.
Su tarea no es debatir,es validar.No van a contrastar la narrativa oficial, van a magnificarla. A inflar, a abultar, incluso a presentar logros que no existen, con el libreto exacto que les entregaron minutos antes de cada entrevista o intervención en medios.Vale aclarar que, no todos cobran con sueldo en mano. Algunos cobran con cargos para familiares cercanos. Otros por contratos o para ser parte del listado de prestadores de servicios. Y  los más baratos, cobran solo con la promesa de ser tomados en cuenta, de pertenecer al círculo de confianza del poder(veánlos cada semana en la TV ,y en radio y sabrán sus nombres).

Por eso los ves a todos diciendo exactamente lo mismo con palabras distintas. No es coincidencia. Es sincronización.Y por eso es tan difícil combatirlo con fact-checking. Tú desmientes el hecho inventado de la semana pasada. Ellos ya están en el guion de esta semana. Siempre van una narrativa por delante.Es lo que se resume perfecto como: creación de clima social artificial, ampliación de fake news hasta convertirlas en tendencia, difundir mentiras o distorsiones de datos verdaderos, inflan datos a favor y ocultan lo que desfavorece.

¿Cómo detectarlos?
No mires el contenido. Mira el comportamiento:

Velocidad inhumana: 50 respuestas iguales en 60 segundos.
Sincronía: Cuentas que no se siguen entre sí, de países distintos, postean el mismo link con 2 minutos de diferencia.

Vida útil: Cuenta creada en 2023 o de meses recien creada  , tuiteó 2 veces sobre fútbol, estuvo muerta 18 meses y de golpe despierta para defender a un candidato en Bolivia o en San Salvador.
La prueba del guion: Busca la frase exacta entre comillas. Si 300 cuentas la repitieron con una palabra cambiada, no es opinión pública. Es operación.

Este es el punto donde el neuromarketing deja de ser marketing y se vuelve mercenarismo. Ya no están midiendo qué sientes para ofrecerte una propuesta. Están programando qué debes sentir, cada semana, contra un enemigo distinto, con un hecho inventado distinto, usando un ejército que mitad es humano pagado para acosar y mitad es código programado para parecer humano.

 El verdadero desafío

La respuesta no puede ser censurar todo aquello que incomoda ni declarar falsa cualquier opinión con la que no estamos de acuerdo. Eso solo sustituiría una manipulación por otra.

Necesitamos algo más difícil: «alfabetización digital, transparencia en el financiamiento político, trazabilidad de la publicidad electoral, identificación de redes automatizadas, periodismo de investigación, educación mediática y ciudadanos capaces de preguntarse quién produce el mensaje, quién lo financia y por qué aparece precisamente frente a ellos.»

La democracia necesita aprender a defenderse sin convertirse en aquello contra lo que pretende defenderse.Porque el gran desafío del siglo XXI ya no consiste solamente en impedir que alguien controle una estación de radio o un canal de televisión.

Consiste en impedir que alguien pueda construir una realidad artificial y hacer que millones de personas crean que llegaron a ella por decisión propia.La pregunta, entonces, no debería ser únicamente si estos operadores son «expertos en neuromarketing político» o «mercenarios de la desinformación».

La pregunta más profunda es otra:
¿Qué clase de democracia estamos construyendo cuando ganar una elección puede depender menos de convencer al ciudadano que de aprender a administrar o manipular sus emociones?

Gobiernan con la máquina encendida para poder activarla  cada vez que la necesitan.Por eso El Salvador es el espejo de que hacer para mantener hegemonía en el poder. Lo que allí funcionó control total de la arquitectura emocional de las plataformas  es lo que hoy intentan replicar sus asesores y franquicias en Argentina, Honduras, Bolivia y Colombia. No es casualidad que uno de los socios de esa red sea señalado como asesor de imagen y lobby internacional del presidente salvadoreño.

Cuando la política descubre cómo fabricar el miedo, convertirlo en contenido, amplificarlo mediante algoritmos y transformarlo en voto, la batalla deja de librarse únicamente en las urnas: empieza a librarse dentro de nuestra cabeza. Pero reconocer esa maquinaria no debería conducirnos a la paranoia ni a la resignación. Debería obligarnos a construir una respuesta.

La contrapropuesta puede ser sencilla de formular, aunque mucho más difícil de practicar: recuperar el control de nuestra atención para recuperar nuestra capacidad de deliberar. Frente a la política del estímulo inmediato, necesitamos una ciudadanía capaz de detenerse, verificar, contrastar fuentes, preguntar quién financia un mensaje, qué emoción intenta activar y qué intereses pretende aquel mensaje de miedo que aparece a cada rato en nuestra pantalla.

No se trata de abandonar las redes, sino de dejar de habitarlas ingenuamente.

Porque si el poder aprendió a convertir nuestros miedos en combustible electoral, la sociedad también puede aprender a convertir la información en criterio, la conversación en deliberación y la tecnología en una herramienta de autonomía. La respuesta al algoritmo no puede ser otro algoritmo de propaganda; tiene que ser una ciudadanía con más criterio que obediencia, más preguntas que consignas y más capacidad de pensar colectivamente.

Y mientras sigamos discutiendo si el mensaje es verdadero o falso, ellos ya ganaron. Porque el objetivo fue que creyeras el mensaje y que no pudieras pensar en otra cosa.
La pregunta entonces ya no es si son expertos o mercenarios. La pregunta es si lo que se ensayó durante años en El Salvador se va a convertir en el manual de campaña o del modelo comunicacional que tanto hablan para inocular en toda América Latina.

Quizá esa sea la verdadera disputa geopolítica de nuestro tiempo: no quién consigue hablar más fuerte, sino quién consigue conservar la libertad de pensar antes de que alguien piense por nosotros.