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Claudia y Petro, un frente contra el tecnofascismo.

El líder colombiano alerta de los riesgos para México del avance de la ultraderecha comandada por Estados Unidos y financiada por Israel.

Por: Ricardo Pérez Trejo. 

La primera salida de Colombia de Gustavo Petro ya como expresidente del país sudamericano fue a México, un país fundamental para las luchas que encabezó desde que era un joven militante de la guerrilla del M-19, pero sobre todo un aliado clave en los cuatro años que gobernó y que recién terminaron hace unas semanas con el peor escenario posible: el regreso de la extrema derecha de la mano de Abelardo de la Espriella.

Claudia Sheinbaum, militante de izquierda desde sus época universitaria y aun antes, volvió a abrir la puertas del Palacio Nacional a su amigo colombiano, a quien ya había recibido en en encuentro informal en diciembre de 2024, cuando ambos eran jefes de Estado y encabezaban junto con el brasileño Lula da Silva el nuevo bloque de gobiernos progresistas en América Latina.

Es el cuarto encuentro de ambos dirigentes desde que asumió la presidenta mexicana hace casi dos años, el 1 de octubre de 2024, en una ceremonia con la que culminaba una transición ejemplar y poco usual entre gobiernos de izquierda, en la que el colombiano fue uno de los jefes de estado invitados. Unos meses después volvieron a encontrarse en la cumbre de G20 celebrada ese mismo año en Brasil.

Luego vino la visita “informal” de Petro a la presidenta en diciembre de 2024, donde ya se hablaba de la necesidad de fortalecer la alianza del bloque progresista latinoamericano y mecanismos fuera de la órbita de Washington como la CELAC. tener una voz propia, independiente de los dictados norteamericanos.  Acaban de pasar la elecciones en Estados Unidos con un resultado que avizoraba tempestades para América Latina: el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca. 

Y vaya que se desató la tormenta sobre el continente. En poco más de año y medio, la ultraderecha de la mano del propio Trump, se impuso en Ecuador, Bolivia, Honduras, Chile, Costa Rica, Perú y Colombia, además del secuestro, en los primeros días de 2026, del presidente Nicolás Maduro en una operación militar sin precedentes en Venezuela.

México y Brasil, acaso Uruguay, los últimos bastiones de la izquierda en América Latina en la segunda mitad de la década de los 2020. México, objeto de un feroz ataque de la ultraderecha internacional comandado ni más ni menos por su vecino del norte con quien comparte más de 3 mil kilómetros de frontera, una economía compleja y entrelazada hasta la raíz y hogar de más de 40 millones de mexicanos.

El planteamiento sobre la mesa: el riesgo de México ante el avance de lo que Petro y otros han denominado el “tecnofascismo”. Así lo dijo el expresidente colombiano en un breve diálogo con reporteros en las afueras del Palacio Nacional después de su encuentro con la mandataria y lo volvió a repetir en la conferencia que dicto en un auditorio atiborrado en la Universidad Nacional Autónoma de Mexico.

“La coyuntura es la realidad política artificial -podemos llamarlo así- a partir de todas estas investigaciones hechas desde Bolivia que cubren a toda América Latina, aunque su centro real está en Estados Unidos y su financiamiento está en Israel y en el narcotráfico” , dijo el exmandatario colombiano entrevistado afuera de la sede del ejecutivo mexicano.

Petro hacia referencia a la detención por feminicida de Fernando Cerimedo, uno de artífices de la redes de desinformación y mentiras y común denominador en los triunfos de la ultra derecha en América Latina y que, según las declaraciones de su víctima, su ex pareja Nadia Beller, operaba en México donde su intención era “reventar” a la presidenta Sheinbaum.

El dirigente colombiano no vino a refugiarse  ni a buscar la protección de la presidenta a México como dijo la prensa de derecha colombiana y mexicana. “Yo decidí vivir en Colombia”, dijo Petro hora antes de abordar el avión para dejar el país. Vino a alertar del riesgo del avance del “tecnofascismo” que él mismo vio en primera fila y no pudo contener aun siendo presidente de su país.

“Nos acercamos a unas elecciones fundamentales que son las de Estados Unidos y las de Israel que es donde se ha construido esta red de poder oscura que va en contra de la democracia en el mundo que va por un control omnímodo de cada persona en el mundo cuyo objetivo es expoliar recursos y que es lo que se denomina un tecnofascismo”, dijo Petro a la prensa.

“Hay un riesgo pero depende de lo que pase en las elecciones en estos países y hay que ver esos datos para ver la magnitud de esos riesgos”, añadió Petro.

Sheinbaum no dijo nada públicamente sobre su cuarto encuentro con el exmandatario colombiano, pero sin duda el avance del tecnofascismo es uno de los temas de trabajo de la mandataria. La misma mañana de este miércoles la jefa del ejecutivo había hecho una fuerte declaración: la DEA busca sembrar la división al interior del gabinete de seguridad de México. 

El último episodio en una serie de intentos injerencistas de Washington que han pasado por el retiro de visas a políticos como el hijo del ex presidente López Obrador, la acusación de narcos contra el gobernador de Sinaloa y parte de su gabinete y la detención, sin dar parte al gobierno mexicano, de uno de los líderes históricos del Cártel de Sinaloa y pieza clave en los equilibrios del poder en el mundo criminal.

Gustavo Petro sabe que el operador puede ser Cerimedo, pero el mando está en Washington y el financiamiento en Tel Aviv y en el propio narcotráfico. Los ojos están puestos en Brasil y en México. El mensaje llegó directo y sin intermediarios a Palacio Nacional. Al final lo entregó un hombre que tendrá que regresar a un país que gobernó con una de las visiones progresistas más adelantas de nuestra época, pero que tuvo que dejar en manos del tecnofascismo.