Santiago Atitlán no es el problema.
Por: Edwin Felipe Aldana Aguirre. Investigador y Docente Universitario.
El problema es la falsa democracia y el pisoteado estado de derecho. Hay un Derecho Maya que no puede ignorarse, pero, sobre todo, hay una voluntad popular que debería ser de suyo, un sostén para la democracia de verdad.
La corrupción no puede y no debe ser normalizada, de la misma manera la matonería que quieren hacerla parte del quehacer político de los corruptos y antidemocráticos. De sobra es bien sabido que la mayoría de los que se meten a la Política lo hacen simplemente para enriquecerse y para pagar con favores, los financiamientos recibidos no necesariamente de gente honrada.
Los cargos de elección popular jamás deberían servir para cambiar de clase social o bien para potenciar los intereses de clase de los ricachones de hoy y siempre.
Es una enorme necesidad para la vida de Guatemala y para su proceso de Construcción de una Democracia de verdad, que retomemos la rica tradición del Servicio Público, de los Cargos públicos en función de una ciudadanía activa, que espera el Desarrollo y la justicia de verdad en sus comunidades, barrios y colonias. Y para ello es fundamental que aquellos que se metan a la política partidista, deberían hacerlo porque tienen vocación de servicio, porque de verdad desean servirle a las naciones y pueblos que conforman esta nuestra Guatemala.
Nos dicen los griegos antiguos, que el fin de la política es la felicidad de la gente, y no precisamente, el enriquecimiento escandaloso, la destrucción de la República tirando al basurero el Estado de Derecho de estos que olvidan que se hizo la ley para el hombre y no el hombre para la ley.
Santiago Atitlán no es el problema, es el maravilloso ejemplo que deben tomar los pueblos, los municipios y las naciones, para que este sistema corrupto no termine convencido de que se puede pisotear la voluntad popular y todos tomemos conciencia de que el Estado de Derecho es inferior al Estado de Justicia.
Es un escándalo para las nuevas generaciones escuchar que un político se justifique diciendo que robo menos que otros, que mató menos y que engañó menos. Todos los corruptos y los ideólogos de la violencia opresiva deberían ser legalmente impedidos de participar en las elecciones para los cargos públicos.
Santiago Atitlán no debería ser necesario que se repita en ningún otro lugar, pero si seguimos sin hacer los cambios necesarios; seguramente iremos a un incremento de la acción ciudadana en contra del sistema.
El presidente Arévalo, aunque supuestamente disminuyó su salario en un 25%, sigue siendo de los presidentes mejor pagados de Latinoamérica. Pero no parece obvio para esta clase política, que el salario de los gobernantes debería reflejar la realidad económica del país, pero también y, sobre todo, caer en la cuenta que un cargo público debería ser un honor y no un medio para incrementar tu capital económico.
Y que decir de los diputados guatemaltecos: ni son servidores de la nación y menos su salario refleja la realidad económica del país. Dicho salario de los diputados chapines es más alto que el salario de diputados de otros países económicamente más fuertes que Guatemala. Ganan más que los diputados de Brasil, Chile, México, Argentina y Ecuador. Sólo por mencionar a países más desarrollados que nosotros.
