El Salvador: crisis económica y el asalto al futuro.
El colapso de este casino económico que monto este gobierno ilegal ya comenzó, y la factura la están pagando, como siempre, los más pobres.
Por: Mauricio Manzano.
Durante siere años, la dictadura ha vendido la ilusión de que El Salvador es el nuevo milagro económico del mundo, un paraíso de inversiones impulsado por criptomonedas, certámenes de belleza y conciertos. Sin embargo, las luces LED y las pantallas gigantes de alta definición no pueden ocultar la quiebra técnica de una nación. Según datos del primer trimestre de 2026, la realidad matemática expone a un gobierno que ha hipotecado el futuro del pueblo para financiar su propia propaganda y otras vanidades que solo ellos saben, pues todos los gastos los tienen en reserva.
No obstante, el modelo no está fallando; está haciendo exactamente para lo que fue diseñado: concentrar el poder y socializar la miseria y las deudas.
El dato más revelador, según el Banco Central de Reserva (BCR), el primer trimestre de 2026 la inversión extranjera directa disminuyó un 40%. Evidentemente, el capital huye del autoritarismo, mientras el régimen gasta millones en pautas internacionales para atraer turistas y especuladores. Los verdaderos inversionistas, los que instalan fábricas, generan empleos formales y pagan impuestos, están huyendo del país. El capital no invierte donde no hay seguridad jurídica, donde la justicia depende de un sólo hombre y donde la información pública tiene reserva de siete años. Una caída del 40% no es un bache económico; es un voto de censura global contra la inestabilidad de un gobierno que cambia las leyes, y en ocasiones, con votos de diputados fantasmas.
Por otra parte, la deuda pública asciende a $34,631 millones, más del 90% del Producto Interno Bruto (PIB). El casino económico implantado por el régimen ha llevado al Estado a un nivel de endeudamiento que roza lo criminal. El país acumula una cifra que condena a las próximas tres generaciones de salvadoreños a nacer endeudados.
Lejos de utilizar estos fondos para construir hospitales reales, tecnificar la agricultura o rescatar el sistema educativo, el régimen ha utilizado el endeudamiento para mantener encendida la maquinaria del simulacro. Han sustituido la producción nacional por una economía de importación y deuda, una receta que solo conduce al colapso de la canasta básica y a la inflación galopante.
Pero lo más perverso de esta crisis es cómo el gobierno está financiando su déficit; metiendo la mano en el bolsillo del ciudadano trabajador. La deuda del Estado con el fondo de pensiones ha alcanzado los $11,567 millones, según datos del mismo BCR. Este no es dinero abstracto del gobierno; es el sudor, el trabajo y los ahorros de toda la vida de los salvadoreños. El régimen está utilizando los fondos de retiro de los trabajadores como su cajero automático personal. Es un acto extremo de cinismo moral, robarle la tranquilidad a los ancianos para pagar publicidad, agentes que hacen lobby, y sólo ellos saben en que más gastan el dinero de los ciudadanos honrados y trabajadores.
Por otra parte, el gobierno le debe a la banca privada nacional $1,500 millones en Letras del Tesoro. Han saturado el crédito interno, lo que significa que los bancos tienen menos dinero para prestarle al campesino, al pequeño emprendedor o a la familia que busca una vivienda digna. El Estado está secando la economía local para sobrevivir un mes a mes.
En conclusión. Los números del primer trimestre de 2026 han destrozado la narrativa de mentiras del oficialismo. No hay milagro salvadoreño, lo que hay es un saqueo estructurado. La Inversión Extranjera no caerá un 40% por culpa de la «oposición», sino por el miedo a un tirano que no rinde cuentas. Las mentiras mueren de de hambre cuando los recursos se acaban, y a este gobierno se le ha terminado el dinero ajeno. Al endeudar al país por más de $34,631 millones y saquear los ahorros de los pensionados, el régimen ha demostrado que está dispuesto a sacrificar la sobrevivencia de todo el pueblo con tal de no apagar sus reflectores. El colapso de este casino económico que monto este gobierno ilegal ya comenzó, y la factura la están pagando, como siempre, los más pobres.
