Libro: LOS DEPREDADORES CONTRA EL PUEBLO.
POR: JOSÉ GUILLERMO MÁRTIR HIDALGO.
Meeuwis Theodoor Baaijen es un veterinario y empresario neerlandés que en 2024 publica el libro “Los Depredadores contra el Pueblo: el panorama general de la guerra secreta de 500 años contra la humanidad y como recuperar nuestro planeta, libertad y futuro robados”. Su tesis sostiene la existencia de una mafia global —a la que llama glafia— que habría aprovechado el poder de la usura para avanzar hacia una dominación global.
Israel Shahak, erudito judío y sobreviviente del campo de concentración de Bergen-Belsen, describe que el judaísmo clásico habría funcionado, en su versión más antigua, como un plan totalitario para beneficiar a unos pocos judíos muy ricos. Señala que, desde el siglo II hasta el siglo XVIII, los judíos habrían estado bajo el control de rabinos y líderes adinerados. En 1884 se celebró una conferencia en Berlín para repartir los territorios no colonizados de África entre las potencias europeas. En 1914 se completó la fase de lucha por África y la colonización del resto del mundo.
Según esta narración, la mayor operación de la glafia habría comenzado en ese mismo año: la subyugación de los imperios de Eurasia. Habría sido impulsada por representantes estadounidenses, británicos y sionistas con el propósito de poner las tierras bajo estados nación “normalizados”. Ese proyecto se habría completado a través de la Guerra contra el Terrorismo. Desde entonces, el objetivo de la glafia sería “normalizar” a todas las personas mediante un sistema de vigilancia orientado a detectar y disuadir la disidencia, mediante la implementación de un control digital de rasgos totalitarios.
El libro de Baaijen se apoya en tres pilares: primero, autores a quienes se etiqueta como “teóricos de la conspiración”; segundo, historiadores muy respetados y estimados, como Fernando Braudel y Charles Tilley; y tercero, cientos de citas —doscientas— de personas que, durante siglos, habrían advertido sobre este grupo y sus planes. La idea central es la existencia de una estructura de poder “oculta” y transnacional que, mediante mecanismos financieros, impulsaría una estrategia de dominación global progresiva hasta desembocar en un sistema moderno de “vigilancia”.
En Occidente se nos ha instalado la idea de que somos ciudadanos libres en países soberanos. Quienes dudan de estas explicaciones suelen ser descartados fácilmente como conspiranoicos. Sin embargo, durante aproximadamente doscientos mil años, nuestros antepasados vivieron en pequeñas comunidades nómadas. Los problemas, planes y reglas se resolvían en largas discusiones, y las opiniones tendían a armonizarse hasta alcanzar un consenso.
Hace unos diez mil años, con las innovaciones revolucionarias de la agricultura y la ganadería, el dinero comenzó a sustituir al trueque. Aparecieron monedas de oro y plata: algunas personas se hicieron más pobres y otras, más ricas. Quienes acumulaban excedentes empezaron a prestar a quienes necesitaban crédito. Entonces se descubrió que un interés pequeño, aplicado durante algunos años, podía duplicar rápidamente una deuda. El conocimiento antiguo sobre los daños provocados por la usura llevó a su prohibición en las tres religiones abrahámicas: cristianismo, islam y judaísmo.
A través de la usura, los primeros banqueros de Babilonia habrían alcanzado riqueza y poder hasta controlar a reyes y sacerdotes. Se redactaron leyes comerciales que protegían a la élite y les otorgaban el derecho a tratar a los conquistados como mercancías. Así, la gran esclavitud habría terminado convirtiéndose en un negocio clave. En la Edad Media, el poder habría estado en manos de una aristocracia terrateniente que mantenía a la población rural en servidumbre feudal. La religión dominante era el catolicismo, que prohibía la usura. Pero la demanda de préstamos de dinero creció, y en ese marco solo los judíos —por su acceso a ciertas habilidades— podían hacerlo con mayor facilidad: redacción y contabilidad. Mediante sus redes, se habrían prestado grandes sumas a deudores de alto rango. El préstamo era lucrativo, pero también arriesgado, ya que las garantías solían ser débiles. Para resolver ese problema, se habrían utilizado gravámenes e impuestos sobre los subordinados.
La expulsión de los judíos de España —en 1492— y de Portugal —en 1496— por la Inquisición habría provocado que fueran recibidos en Holanda y Venecia. Venecia, según esta visión, no habría estado bien situada para explotar con eficacia las recién descubiertas tierras de América. Entonces se habría iniciado un esfuerzo por desarrollar un imperio nuevo y mayor en la costa atlántica de Holanda e Inglaterra. Esas regiones protestantes habrían sido especialmente favorables a la usura. En el proceso habrían participado facciones de oligarcas venecianos, judíos sefardíes ricos expulsados de España y Portugal, además de una nobleza anglo-holandesa oportunista.
Con apoyo sefardí veneciano, la pequeña república de Holanda habría sido impulsada hacia el imperio global y su siglo de esplendor, mientras Gran Bretaña se preparaba para su papel. Holanda y Gran Bretaña habrían tomado el relevo del comercio veneciano de esclavos, lingotes de oro y plata, drogas, piratería y colonización de tierras lejanas. En 1694 se estableció el Banco de Inglaterra, un banco privado con monopolio sobre la emisión de dinero como deuda generadora de intereses. Los banqueros pasarían a ser los nuevos gobernantes del mundo, pero —por primera vez— invisibles para el pueblo. Desde ese momento, la usura se habría extendido de manera encubierta y gradual entre los ciudadanos. Con el capital financiero holandés, Gran Bretaña se habría convertido en la potencia mundial dominante y el sistema internacional de usura se habría generalizado.
En Occidente, la narrativa de gobiernos democráticos soberanos ocultaría que el poder real quedaría en manos de una élite financiera que dominaría mediante la usura. Durante el siglo XIX, una familia habría llegado a controlar el capitalismo financiero. Los Rothschild habrían acumulado —probablemente— la mitad de la riqueza mundial. Con el tiempo, se habría vuelto “cuestión de tiempo” que la familia bancaria Rothschild se aliara con los Rockefeller y sus grandes petroleras. Ese poder habría incluido sobornos a políticos, infiltración en la oposición y en los medios de comunicación, corrupción de gobiernos y secuestro de la ciencia. Según esta tesis, esas élites habrían financiado guerras y asesinatos políticos, fabricando eventos para provocar conflictos que les favorecieran.
El proyecto de Nuevo Orden Mundial sería una obra de varias generaciones. La Primera Guerra Mundial constituiría el evento decisivo que habría puesto en marcha un programa identificable hacia ese Nuevo Orden Mundial. Gran Bretaña ya no sería una opción adecuada para el control global, y se habría decidido trasladar la hegemonía a Washington. La Primera Guerra Mundial, en esta lectura, habría sido la creación de Estados Unidos como potencia mundial. Los banqueros —según el relato— habrían impulsado otros proyectos del Nuevo Orden Mundial: la Revolución Bolchevique en Rusia; la Sociedad de Naciones, precursora de las Naciones Unidas; y la Declaración Balfour, asociada al proyecto sionista de fundar Israel.
En la Conferencia de Paz de Versalles, los banqueros habrían garantizado las condiciones para el siguiente proyecto: la Segunda Guerra Mundial. En esta narrativa, Hitler sería un proyecto de banqueros anglonorteamericanos. Estados Unidos habría salido con la infraestructura intacta, el control de los siete mares, el monopolio de las armas nucleares y una posición estratégica con los jeques de Oriente Medio, presentándose como campeón de la democracia. Los banqueros habrían diseñado la arquitectura de la posguerra.
El “inimaginable poder de engaño” de los banqueros habría puesto la verdad “de cabeza” y, a través del control de los medios de comunicación, la ciencia, la academia, el sistema educativo y la industria del entretenimiento, moldearían nuestra percepción del presente y del pasado, manteniendo a la mayor parte de la población en ignorancia sobre esas supuestas maquinaciones. Mucha desinformación llegaría a través de Internet, por caminos falsos y sin salida destinados a distraer y alejar de la “verdad”.
En esta visión, los banqueros no tendrían lealtad a ninguna raza, nación, grupo o religión: serían sus propios dioses y los demás, esclavos. El siguiente proyecto enemigo sería el extremismo islámico. Baaijen sugiere que se haga cualquier cosa que empodere a los pueblos y a sus naciones, que favorezca la vida y no el dinero, y que nos haga menos dependientes de los bancos y de las grandes corporaciones.
El “milagro” o “modelo Bukele” no sería una salida a la dominación financiera, sino una nueva forma de gestionar la inserción de El Salvador en ella. La soberanía sería menos una realidad política y más una herramienta narrativa para sostener la paz social. El gobierno se presentaría como un ente independiente que desafía a la comunidad internacional, a las élites locales y a los organismos financieros tradicionales. En la práctica, sin embargo, el país mantendría una alta dependencia de la deuda externa y de los mercados financieros para sostener el gasto público. Los críticos sostienen que se estaría hipotecando el futuro de la nación, ya que el pago de intereses a acreedores globales perpetuaría la dominación financiera.
