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Obras Decididas desde la DOM, no desde la comunidad.

Por Migue A. Saavedra.

A 3 años de los distritos: del cabildo abierto al centralismo absoluto
Municipios de papel, distritos en abandono: ¿modernización o soberbia centralista?

En junio de 2023 se aprobó la Ley Especial de Reestructuración Municipal. Se pasó de 262 municipios a 44 distritos. Se prometió un ahorro de US$250 millones anuales, menos corrupción y más eficiencia.Tres años después, la realidad es un estrangulamiento económico sistemático de lo local.

El argumento central para centralizar los recursos y suprimir la autonomía de la gestión local suele ser que la estructura anterior era inviable. Sin embargo, los datos técnicos de diversos estudios sobre finanzas públicas revelan una verdad estructural profunda: apenas una veintena de los anteriores municipios, los ubicados principalmente en las zonas metropolitanas o con alta actividad comercial contaban con una verdadera autonomía financiera y recursos propios suficientes para administrarse y sostener la inversión pública local.

El resto dependía de las transferencias del Estado para garantizar los servicios básicos. El error fundamental de la narrativa actual es asumir que la solución a la pobreza de las alcaldías era quitarles la facultad de decidir sobre su propio territorio. Al centralizar los fondos y reducir la representatividad, lo que se ha provocado no es eficiencia, sino la asfixia de las comunidades más alejadas. Pasamos de municipios con pocos recursos a distritos sin voz ni capacidad de respuesta inmediata ante las necesidades de la gente

Para gobernar el territorio hay que bajarse del pedestal; nadie resuelve el hambre desde un escritorio.Pretender que la concentración de decisiones es «modernización» no es más que un retorno a las viejas lógicas coloniales, donde el territorio es un mapa mudo y los ciudadanos, simples administrados sin voz.

La realidad de nuestras comunidades no se puede entender desde la comodidad de las oficinas climatizadas ni a través de las pantallas que difunden una modernidad ficticia. Al cumplirse tres años de la implementación de la reforma que transformó nuestros municipios en distritos, nos encontramos ante un panorama que exige un análisis sereno pero profundamente firme. Nos dijeron que la centralización traería eficiencia técnica, pero la realidad material en los cantones y caseríos nos devuelve una imagen muy distinta: la de municipios de papel y distritos en situación de abandono.

El verdadero desarrollo territorial no se diseña sobre un mapa mudo donde los ciudadanos son tratados como simples administrados sin voz. Para gobernar con justicia hay que bajarse del pedestal; nadie resuelve el hambre ni las necesidades de un cantón desde la soberbia de un escritorio centralizado. 

Pretender que la concentración absoluta de las decisiones y de los recursos es sinónimo de avance no es modernización; es, en el fondo, un retorno a las viejas lógicas coloniales que anulan la autonomía local y vacían de competencias a los territorios.

Este escenario representa un severo retroceso del Estado de Derecho y una preocupante vulneración al espíritu de nuestra Constitución, la cual concibe al municipio como la base de la organización política y administrativa del país. Cuando la estructura local se debilita y se le priva de presupuesto, la vulnerabilidad social no se reduce, sino que se profundiza. Es la constatación de una verdad ética fundamental: la inteligencia y la capacidad técnica, si están desprovistas de cercanía humana y de bondad, terminan siempre en el fracaso de la convivencia y en el sufrimiento de los más postergados.

Por eso, el reto que hoy tenemos por delante no es simplemente técnico, sino pedagógico y democrático. Necesitamos impulsar una alfabetización profunda de la ciudadanía, una formación de conciencias que capacite a la población para ir más allá del mensaje corto y superficial de la propaganda estatal. Es preciso que las comunidades comprendan sus derechos, organicen su palabra y exijan con firmeza una política del bien común, donde la administración del poder cumpla con su estricta función social y el presupuesto público vuelva a estar al servicio directo del prójimo.

Les invito a que entremos a fondo en este análisis, desarmando los relatos oficiales con los datos de la cotidianidad, para descubrir juntos los caminos de acción que nos permitan reconstruir la dignidad y la participación desde la base de nuestra sociedad.

Aglutinar municipios: el experimento que prometió eficiencia y entregó retroceso, migración y una democracia de escritorio.
El estrangulamiento económico: Sin FODES, sin ingresos propios.

El golpe más duro fue el desmantelamiento financiero. El Fondo para el Desarrollo Económico y Social de los Municipios (FODES), que representaba hasta el 6% de los ingresos corrientes del Estado, fue brutalmente reducido al 1.5% antes de la reforma. Posteriormente, gran parte de esos recursos se canalizaron a través de la Dirección de Obras Municipales (DOM), dependiente directamente de Casa Presidencial.

Se eliminó o centralizó gran parte de los ingresos propios que permitían a los municipios subsistir:
Partidas de nacimiento, certificaciones y carnets de minoridad,permisos de construcción,tasas de mercados,recolección de residuos y de otros cobros locales.

Además, se eliminaron beneficios directos al poblador  como los recursos asociados al transporte para becarios, becas estudiantiles, clínicas municipales y otras asignaciones periódicas que los municipios hacían por sus  habitantes locales. Todo esto mientras hoy ,cada nuevo distrito debe administrar un territorio mucho más extenso, que integra entre 3 y 6 antiguos municipios adicionales, aumentando drásticamente la demanda de servicios sin recursos proporcionales.

El resultado es claro: los nuevos distritos quedaron con una autonomía puramente nominal, pero sin músculo financiero real ,les auitaron todo (FODES y sus fuentes de ingresos). Hoy, muchos alcaldes y encargados de distrito reconocen algunos en privado y otros incluso públicamente, que no tienen recursos para responder a las demandas más básicas de la población.

Obras Decididas desde la DOM, no desde la comunidad

La DOM se convirtió en el gran ejecutor. Mientras los distritos se quedan sin ingresos, las obras las decide y ejecuta el nivel central. Algunos alcaldes y encargados de distrito, incluso afines al partido de gobierno, terminan acusando y atacando a “directivas” anteriores o a grupos locales que, “haciendo tripas chorizo” (con recursos mínimos y esfuerzo propio), intentan reparar lo que ni el gobierno local ni el central atienden.Esto no es eficiencia. Nos venden la idea de una reestructuración idílica, pero la realidad material es que han convertido a los distritos en mendigos de su propio presupuesto. Despojados de recursos directos, los liderazgos locales quedan anulados.

La contradicción salta a la vista: no hay dinero para reparar los caminos vecinales por donde los campesinos sacan sus cosechas, ni para mejorar el acceso al agua potable, pero mágicamente sí brotan los fondos cuando llega la fecha de la fiesta patronal. Esto no es casualidad; es el uso de la distracción donde hay derroche de luces , dulces, piñatas, atol chuco y guaro ,como sustituto de la gestión pública, y lo más curioso es que hasta en la preparación de la fiesta patronal aparece la «empresa organizadora que envían desde arriba». Esto ya no es solo un problema de abandono, es una muestra de cómo se centraliza hasta el negocio del entretenimiento popular.

Esto nos indica una pérdida de la economía local: Antes, las fiestas patronales movilizaban a los comités de festejo del municipio, al panadero del barrio, a los coheteros locales,ejerciendo así , la lógica del embudo: Ahora, la tarima, las luces ,los payasos del correo y las agrupaciones musicales vienen empaquetadas desde una empresa cuyo propietario es amigo o influyente de alguna «oficina central». El dinero público se gasta en el territorio, pero no se queda en el territorio; regresa al mismo centro de poder que planificó la asfixia.

Retroceso en desarrollo, abandono del campo y migración interna

Sin recursos propios y con obras centralizadas, los distritos rurales y periféricos retroceden en indicadores de desarrollo. La migración interna hacia las grandes ciudades se acelera. El campo se vacía. Las fuentes locales de empleo (pequeña agricultura, comercio y servicios municipales) desaparecen o se debilitan.
La gente ya no sabe a quién recurrir: ¿al alcalde de distrito que dice “no tenemos recursos”? ¿A la DOM? ¿Directamente al ,los ayasosPresidente para una lámpara o para “el muertito”?

El diagnóstico es severo: hemos vuelto a los tiempos coloniales. El paso del cabildo abierto ese espacio donde la comunidad se miraba a los ojos para decidir su destino al esquema de «pídele audiencia al Presidente» no es modernización. Es un viaje directo al siglo XVIII en versión 2026. Las narrativas gubernamentales pretendían vender la idea de que centralizar las obras terminaría con la corrupción local. Sin embargo, lo que han edificado no es transparencia, sino una asfixia planificada seguida de una dependencia total del poder central.

Al no haber dinero para obras fundamentales, reparación de calles, clínicas municipales o servicios de recolección de residuos;también estamos ante la profundización de la brecha rural. Mientras las obras se deciden desde un escritorio en San Salvador bajo criterios centralistas, los distritos rurales y periféricos retroceden aceleradamente en sus indicadores de desarrollo.

Administradores con sueldos triplicados y la jugada electoral
«No más alcaldes corruptos”, decían. Ahora ni alcaldes cercanos hay. Solo órdenes desde arriba y bolsillos vacíos.
Miren qué contradicción tan vergonzosa: mientras los encargados locales confiesan en privado que no tienen ni para cambiar una lámpara, los sueldos de los altos funcionarios distritales se mantienen elevados, promediando US$3,900 mensuales y alcanzando hasta los US$7,000 más gastos de representación. Eso no es austeridad; es desproporción y falta de respeto a un pueblo que padece el rigor de la economía diaria; a pesar de la incapacidad operativa de esos funcionarios que provienen en su mayoría(90%) de círculos políticos del partido oficial.

Ante posibles resultados electorales desfavorables, se especula con eliminar la figura municipal y nombrar 14 gobernadores departamentales (esquema colonial) y homologar elecciones municipales con presidenciales, extendiendo los periodos a 6 años. De ser así, sería un premio a la ineficiencia actual.

¿Qué Hacer?

La reestructuración municipal nos fue presentada bajo la promesa de una modernización eficiente y un supuesto ahorro de $250 millones de dólares. Sin embargo, la realidad material en los territorios desmiente el discurso oficial: la supresión del FODES y la centralización absoluta de los recursos han convertido a los distritos en mendigos de su propio presupuesto. Para desmontar este fallo estructural y devolver la dignidad a las comunidades, la sociedad civil debe plantarse con rigor ético y exigir una ruta clara de corrección pública.

Impacto social: La soberbia del escritorio frente a la realidad local
El nudo del problema radica en que se ha pretendido sustituir la voluntad y la ejecución local por la mirada de un burócrata en la capital. Reducir la gestión de las municipalidades a las directrices de la Dirección de Obras Municipales (DOM) es un grave error de juicio. La gente del lugar es la que sabe perfectamente dónde aprieta el zapato; son las familias de la comunidad las que sufren el bache en la calle, la falta de agua o el abandono de los artesanos y productores locales. Creer que un técnico desde una oficina centralizada puede planificar la vida cotidiana de todo un país es de una soberbia intelectual alarmante. Limitar el rol de la DOM a un ente de apoyo técnico y financiero no es un capricho; es una necesidad urgente para devolver la legitimidad y la soberanía a los distritos, restituyendo la potestad de planificar y ejecutar a quienes habitan el territorio.

Exigencias éticas y pasos a seguir
Para transitar de la queja a la construcción del bien común, es indispensable operativizar tres medidas estructurales e inmediatas:

Auditoría social obligatoria: Exigir una rendición de cuentas clara, pública y auditada sobre el destino real del FODES residual y el paradero del anunciado ahorro de los $250 millones. La transparencia no es opcional ni un favor del gobernante; es una obligación constitucional.

Restitución de la autonomía financiera: Devolver de forma inmediata un porcentaje significativo de los ingresos propios como las tasas locales, permisos, mercados y gestión de residuos a la administración directa de los distritos. No se pueden atender las contingencias comunitarias cotidianas si cada centavo debe pedir permiso a la capital.

Institucionalizar la participación ciudadana: Reactivar y obligar por ley la ejecución de mecanismos de participación real, tales como cabildos abiertos, presupuestos participativos y consultas y audiencias vinculantes. La democracia local se fortalece cuando el ciudadano decide, no cuando solo obedece.

Escenarios posibles y mirada de futuro
Si insistimos en mantener este modelo centralizado, caminamos hacia la tugurización institucional de los distritos, volviéndolos incapaces de responder a sus realidades básicas. Por el contrario, descentralizar y transparentar los recursos no debilita al Estado; lo humaniza y lo acerca a las necesidades del prójimo más vulnerable. La inteligencia técnica, si no está guiada por la bondad y el sentido de justicia hacia las comunidades, termina siempre en el fracaso de la gestión pública.

La historia nos enseña que cuando un régimen estrangula los contrapesos locales, el siguiente paso es la supresión total de la representación.

En las urnas: rechazar buscar a las mejores personas que muetren capacidad de gestión ,voluntad y compromiso ,esto sí es  premiar propuestas que devuelvan vida económica y política a lo local.

Llamado ciudadano-político

Esta no es “nueva política”. Es la vieja estrategia autoritaria del S.XVIII : cuando las instituciones locales no favorecen al régimen, se estrangulan económicamente, se vacían de competencias y, si es necesario, se suprimen. Para resolver problemas del día a día, hay que llegar hasta la cima;estamos ante un ridículo retroceso al siglo de la colonia.

Estimado ciudadano, no te conviertas en un simple espectador de la demolición de tus derechos locales. Infórmate sobre el uso de los recursos de tu comunidad, organízate con tus vecinos y exige la devolución de la autonomía de tu distrito. En los procesos electorales, mantén la memoria despierta: rechaza a las macetas humanas que solo reciben órdenes superiores y premia con tu voto las propuestas que defiendan la democracia de proximidad. La voz y el bolsillo local aún tienen la fuerza para revivi. Vota por quienes defiendan la democracia de proximidad y la autonomía local real.

La República y la patria ;se construye desde lo local o no se construye.
Difunde este análisis. Debate, actúa; la voz y el bolsillo local aún pueden revivir.