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Libro: DISIPANDO WETIKO.

POR: JOSÉ GUILLERMO MÁRTIR HIDALGO.

Egofrenia es un diagnóstico no reconocido oficialmente: una fusión de “ego” y “esquizofrenia” que se usa para describir a quien presenta un ego desmedido, narcisismo extremo y delirios de grandeza. La egofrenia maligna se entiende como un trastorno cultural o espiritual: el ego se vuelve destructivo, domina la mente y genera conductas de explotación, violencia y desconexión respecto de la comunidad y la naturaleza.

Wetiko es un término de los pueblos nativos de Norteamérica muy similar a la egofrenia maligna. Proviene de la lengua de la tribu Cree (algonquina) y designa un espíritu o enfermedad psíquica que conduce a la codicia insaciable, al consumo desmedido y a la incapacidad de reconocer la humanidad ajena. Ambos conceptos apuntan a la misma idea: una patología colectiva que se expresa en la explotación de la naturaleza, la deshumanización del otro y la incapacidad de vivir en equilibrio.

El libro Disipando Wetiko: rompiendo la maldición del mal invita a enfrentar nuestra propia sombra. En el templo de Apolo en Delfos está escrita la máxima “Conócete a ti mismo”: el único camino verdadero para llegar a ese auto conocimiento. Paul Levy, escritor y pensador estadounidense, publicó su estudio en 2011 y lo plantea como una guía para trabajar con el subconsciente mediante el análisis y la integración de la sombra.

La “sombra” es un concepto acuñado por Carl Gustav Jung: la parte subdesarrollada, indeseada e inferior de la personalidad. La palabra wetiko describe a una persona diabólicamente malvada o a un espíritu que aterroriza mediante actos de malicia. Levy interpreta wetiko como una manifestación de la sombra: un virus psíquico que afecta al anfitrión y alimenta una dinámica caníbal de contagio hacia otros. Este virus psíquico transforma al individuo en un depredador psiconeurótico; en su núcleo, el mal es la negación de la humanidad del otro. Lo contrario de la humanidad no es el animal, sino lo demoníaco: el hombre que se vuelve bestia y se transforma en su opuesto.

En un wetiko pleno existe el goce perverso de la dominación sobre otras personas: un proceso de deshumanización que convierte al otro en objeto, en una “cosa” a la que se le arrebata la libertad. Es la esencia del impulso sádico: transformar la impotencia en una experiencia delirante de omnipotencia.

Levy sostiene que para sanar el mundo exterior es necesario operar un cambio en el mundo interior. Retoma el diálogo gnóstico del “salvador”: “quien no conoce el mal no es ajeno a él”, para afirmar que el mal reside en nuestros propios corazones y no hay escapatoria del mundo, la carne y el diablo salvo enfrentándolos y trascendiéndolos. Mientras no erradiquemos el insecto wetiko dentro de nosotros, somos cómplices de la co-creación del mal en el mundo.

En el evangelio gnóstico de Felipe se afirma que la raíz de la maldad: mientras permanezca escondida, es fuerte; cuando se reconoce, se disuelve. Por tanto, es necesario hurgar en cada uno para encontrar esa raíz y producir frutos en el corazón. El estudio reflexivo del yo, moviéndose en el subconsciente, expone la sombra que se manifiesta en todos nosotros.

La lógica binaria —verdadero/falso, bueno/malo— ha sido utilizada para manipular la mente. Por ejemplo, en la Guerra Contra el Terror” George W. Bush dijo: “o estás con nosotros o estás con los terroristas”. Una paradoja es una afirmación aparentemente contradictoria; la naturaleza paradójica de wetiko no se resuelve en el marco aristotélico clásico. La solución exige un marco distinto de pensamiento.

La lógica de cuatro valores incluye el centro y los extremos: verdadero, falso, a la vez verdadero y falso, y ni verdadero ni falso. Extiende la lógica clásica incorporando dos valores adicionales: Ambos (evidencia a favor y en contra) y Ninguno (falta de información). Esta lógica sirve para modular sistemas de información incompletos o contradictorios y permite distinguir lo desconocido de lo contradictorio, algo que la lógica clásica no logra. Así, la lógica de cuatro valores representa todos los puntos de vista desde los cuales puede apreciarse un problema.

Des construye la mente condicionada y favorece una visión integral y holística. Es una expresión de un sistema no conceptual de pensamiento que conduce más allá del pensamiento mismo, generando una conciencia intuitiva del campo que impregna la existencia. Ver el mundo desde esta perspectiva holística equivale a un estado expandido de conciencia en el que se reduce la inversión en dualidades innecesarias. Adoptar la lógica de cuatro valores nos da mayores grados de libertad de elección y facilita el ejercicio del libre albedrío.

Levy reafirma que wetiko es la fuente del mal más oscuro. Liberar la mente permite corregir actitudes equivocadas, expandir la conciencia, cambiar la identidad, alcanzar la gnosis de lo divino y despertar. Wetiko no es solo un arquetipo del mal; apunta al papel profundo que cumple el mal en el plan cósmico de la creación, la salvación y la redención. No existe en la individualidad aislada: los individuos no son entidades separadas del entorno ni de los demás. Wetiko es un fenómeno relacional: ocurre en el espacio intermedio que se abre cuando nos relacionamos entre nosotros y con el mundo. No es una entidad objetiva separada de la conciencia subjetiva, sino una presencia que emerge en la interconexión.

Wetiko se caracteriza por consumo insaciable, narcisismo, egocentrismo, percepción distorsionada y canibalismo metafórico. En el caso de Nayib Bukele, hay comportamientos que algunos analistas asocian con wetiko: el apetito de poder evidente en la sustitución de magistrados de la Sala de lo Constitucional, su reelección pese a la prohibición constitucional, y el control de la Asamblea Legislativa y de la Fiscalía; la construcción del enemigo —ONG, prensa y la comunidad internacional— y el uso de X (antes Twitter) para confrontarlos; la comunicación centrada en su figura, los espectáculos mediáticos y el apelativo de “CEO de El Salvador”; y la extensión del régimen de excepción desde marzo de 2022, con más de ochenta mil detenidos, suspensión de garantías y la lógica de que “el fin justifica los medios”. Wetiko se manifiesta así como una adicción al poder que justifica cualquier acción para “salvar” al país, devorando disidencia y derechos en el proceso.

También hay elementos que no encajan totalmente con la metáfora: los homicidios descendieron de 38 por cada 100.000 habitantes en 2019 a 2,4 por cada 100.000 en 2023, y gran parte de la población legitimó esas medidas —Bukele fue reelecto con el 84,6% de los votos. Sus seguidores perciben en él vocación, no solo ego. Tratar a Bukele exclusivamente como wetiko funciona como metáfora política y advertencia arquetípica: un liderazgo mesiánico adicto al control que percibe enemigos por todas partes. Sería reduccionista ignorar el contexto: El Salvador venía de décadas de dominación bipartidista, con pandillas que controlaban territorios y provocaron miles de muertos.

Wetiko, al ser colectivo, no se aplica únicamente a Bukele: puede atribuirse también a élites anteriores, a las pandillas y a sectores de la ciudadanía que aplauden el autoritarismo a cambio de seguridad. Wetiko desaparece cuando la comunidad deja de alimentarlo.