LA ERA DE LA ESTUPIDIZACION.
POR: MIGUEL BLANDINO *
Existe una preocupación cada vez más amplia acerca de los peligros de los artefactos digitales utilizados sin ningún criterio ni control. En parte es por la ignorancia supina: hoy existe suficiente información, pero no se busca. En parte porque es más cómodo tener a los hijos inmovilizados,
encadenados a la pantalla, sin hacer ruido ni ponerse en peligro socializando con seres humanos de manera presencial. En parte porque es mucho más barato comprar un dispositivo digital que tener que llevarlo al cine, al teatro, a un museo o galería o, peor aún, al campo para que conozca las vacas y las gallinas o a la playa.
Michel Desmurget escribe en la primera parte de su libro titulado: «La fábrica de cretinos digitales»: CUENTOS Y LEYENDAS:
La capacidad que demuestran ciertos periodistas, políticos y expertos
habituales en los medios de comunicación para difundir, sin el menor
atisbo de crítica, las fábulas más extravagantes de la industria digital
es absolutamente prodigiosa. Hasta podría provocarnos una sonrisa
si no fuera porque conocemos el enorme poder que tiene la repeti-
ción. En efecto, en el imaginario colectivo, estas fábulas acaban por
convertirse en hechos reales a fuerza de reproducirlas una y otra vez.
En ese momento, se deja atrás el terreno del debate fundamentado
para entrar en el espacio de la leyenda urbana, es decir, de una histo-
ria «suficientemente plausible para ser creída, basada sobre todo en
rumores y ampliamente difundida como verdadera».5 Así, si se repite
con la frecuencia necesaria que, por su apabullante dominio de lo
digital, las nuevas generaciones tienen un cerebro y unas formas de
aprender diferentes, la gente acabará por creerlo, y una vez que lo
crea, su visión de la infancia, de la adquisición de conocimientos y
del sistema educativo cambiará por completo. Por eso, desmontar las
leyendas que contaminan el pensamiento es el primer paso impres-
cindible para reflexionar de un modo objetivo y fecundo acerca del
verdadero impacto de los dispositivos digitales.”
Vale la pena leerlo, aunque sea solo por tener otra perspectiva.
No está demás. Todo sea por la salud de la infancia, la adolescencia y la juventud.
