LA OTRA HISTORIA DE LOS ESTADOS UNIDOS.
POR: JOSÉ GUILLERMO MÁRTIR HIDALGO.
Howard Zinn es un historiador, dramaturgo e intelectual socialista estadounidense. En mil novecientos ochenta pública “La otra historia de los Estados Unidos: una historia popular de los Estados Unidos”. Zinn presenta una alternativa convincente a las narrativas tradicionales que glorifican a la nación, destacando las experiencias de aquellos marginados por los sistemas de poder. El autor afirma que la historia estadounidense refleja como una pequeña élite ha ejercido influencia sobre la mayoría.
En el capítulo inicial aborda como la colonización europea, iniciada por las políticas españolas, llevó al exterminio sistemático y el desplazamiento de los nativos americanos. Los africanos esclavizados llegaron a Virginia en mil seis cientos diecinueve (1619), con lo que se inicia el racismo en América. Los individuos esclavizados enfrentaron duras condiciones y la perdida de sus lazos culturales. Pero resistieron a través de actos de desobediencia y rebeliones. Los sirvientes blancos de las clases gobernantes, gozaban de ciertos privilegios, como forma de evitar las coaliciones entre blancos pobres y esclavizados.
Los blancos pobres en mil setecientos setenta y seis (1776), protagonizaron la “Rebelión de Bacon”, porque se sentían ignorados por la aristocracia. Figuras influyentes en la colonias inglesas reconocieron que establecer una identidad nacional, les permitiría apoderarse de tierras y el poder político del imperio británico. Fueron individuos de la clase alta los que organizaron movilizaciones contra la opresión británica. La Declaración de Independencia destaca quejas contra el rey, aboga por los ideales de igualdad y libertas, pero, excluyo a las mujeres, a los individuos esclavizados y a los nativos americanos.
La independencia sirvió a los intereses de las élites coloniales. La revolución condujo a la distribución de tierras de leales, enriqueció a la élite y creo oportunidades a pequeños agricultores, manteniendo la estratificación social. Con la independencia, se inicio un proceso de desplazamiento y violencia contra los nativos americanos. La Constitución surgió de los intereses de la élite, asegurando un gobierno que sirviera a sus intereses.
La “Rebelión de Shays” ejemplifica la lucha de ciudadanos privados de derechos contra la opresión de la élite. Las mujeres participaron activamente en la revolución, pero, fueron privadas de derechos después de la revolución, manteniendo jerarquías de género. A mediados del siglo diecinueve, hubieron esfuerzos como el de Mary Wollstonecraft y la Convención de Séneca Falls en mil ochocientos cuarenta y ocho (1848), que inspiraron a las mujeres a abogar por sus derechos.
El desplazamiento de sus tierras ancestrales de manera sistemática, fue a favor del asentamiento y expansión de los blancos. Bajo la presidencia de James K. Polk se llevo acabo una política expansionista. El “Tratado de Guadalupe Hidalgo”, logrado por la rendición de México, reformuló las fronteras territoriales. Estados Unidos anexo California, Nevada, Utah, Nuevo México, las mayores partes de Arizona y Colorado, y partes de las actuales Oklahoma, Kansas y Wyoming. En mil ochocientos cuarenta y nueve (1849) anexo a Texas.
En ese mismo siglo, los esclavos expresaron resistencia a través de levantamientos importantes. .Algunos lideres fueron Gabriel Prosser, Denmark Vesey y Nat Turner. Inquilinos de Valle del Hudson, llamados los “antiarriendistas”, se organizaron contra el opresivo sistema de patriciado. ”La Rebelión de Dorr” en Rhode Island, buscaba una reforma electoral contra las restricciones de voto para los terratenientes. A medida que las economías cambiaban, emergieron movimientos por los derechos de los trabajadores.
La Guerra Civil, condujo a una evasión temporal de la lucha de clases. Pero después de la guerra, las depresiones económicas llevaron a las masas a las calles. .Zinn explica que las nuevas tecnologías como la electricidad y el vapor, transformaron las industrias. Las élites estadounidenses se consolidaron alrededor de mil ocho cientos setenta y siete (1877). La clase empresarial se involucró en prácticas corruptas con políticos, en cambio, fomentaban una cultura de desigualdad económica. El gobierno mantenía una fachada de neutralidad mientras se alienaba con la élite empresarial, en contra de los intereses laborales. Lideres como Tom Watson, intentaron unir a los blancos pobres con los negros contra la tiranía corporativa.
El vigésimo sexto presidente de los Estados Unidos, Theodore Roosevelt, representó la mentalidad expansionista de las élites americanas. Dicho expansionismo se manifestó en las intervenciones militares estadounidenses en América Latina y el Pacifico. La “Enmienda Platt” permitió la intervención en Cuba, contradiciendo la promesa de independencia. La adquisición de Filipinas, resulto en rebelión contra el dominio estadounidense. Un artículo de Emma Goldman determinaba que la Guerra Hispanoamericana sirvió a los intereses capitalistas.
El surgimiento del taylorismo permitió a las empresas maximizar sus beneficios, mientras deshumanizaban a los trabajadores. Para principios de mil novecientos el movimiento socialista ganó impulso. La Federación Estadounidense del Trabajo (AFL), representaba a los hombres trabajadores blancos calificados. Mientras que los Trabajadores Industriales del Mundo (IWW), busco unir a todos los trabajadores.
En la Primera Guerra Mundial, el intelectual progresista Randolph Bourne explicitó que “La Guerra beneficia al Estado a expensas de los ciudadanos”. Hubo un florecimiento de los gobiernos, en tanto que las luchas de clase eran silenciadas. A pesar de los llamados a la unidad nacional, existió una oposición significativa dentro de los círculos socialistas. La Ley de Espionaje de mil novecientos diecisiete (1917), fue una herramienta para sofocar la oposición y encarcelar a los disidentes. En febrero de mil novecientos diecinueve (1919), Seatle fue testigo de una huelga general. La reacción violenta contra la IWW demostró el temor del gobierno a un movimiento revolucionario.
En mil novecientos treinta y nueve (1939), el Partido Comunista de los Estados Unidos (CPUSA) calificó a la guerra que se avecinaba como un conflicto imperialista. La Segunda Guerra Mundial, atrajo un apoyo popular sin precedentes. Esto podría considerarse fabricado, debido a la propaganda nacional. Después de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos se involucró en una política exterior agresiva destinada a contener el comunismo.
Revueltas de la población negra en las décadas de los cincuenta (50) y sesenta (60) del siglo veinte, recordaron el origen de los Estados Unidos en la esclavitud y en la segregación continua. El Movimiento de Derechos Civiles, liderado por Martin Luther King Jr. ganó impulso. Para fines de los sesenta (60) el “Poder Negro” se convirtió en un sentimiento predominante. Desde mil novecientos sesenta y cuatro (1964) a mil novecientos setenta y dos (1972), Estados Unidos emprendió un esfuerzo militar en Vietnam, pero, finalmente fracaso. La década de los sesenta (60) vio el renacer de la conciencia feminista. El Movimiento por los Derechos de las Mujeres ganó impulso. A fines de los sesenta (60) y principios de los setenta (70) se dieron revueltas en las prisiones, explicando la conexión entre el encarcelamiento y la opresión social. Y la revolución sexual de los sesenta (60), resulto en cambios en las actitudes sociales hacia el sexo prematrimonial, arreglos de convivencia y la expresión de la identidad de genero.
A principios de la década de los setenta (70) la confianza pública en el gobierno se desplomó, por el descontento con la Guerra de Vietnam y los escándalos gubernamentales. Para el historiador Richard Hofstadter, los líderes políticos de ambos partidos operaban dentro de una visión limitada por intereses capitalistas. Cambios de poder entre demócratas y republicanos eran cambios sin cambios estructurales significativos. El sistema político estadounidense mostró un consenso bipartidista, que prioriza el capitalismo y el militarismo.
El cuadragésimo segundo presidente de los Estados Unidos, William Clinton, favoreció los intereses corporativos. Implementó políticas estrictas contra el crimen, centradas en el castigo, sin abordar sus causas fundamentales. Por eso Zinn expresa que la democracia enfatiza que, la democracia genuina, debe originarse de abajo hacía arriba. En lugar de reformas de arriba hacía abajo impulsadas por las élites.
El autor cierra con la reflexión que las narrativas tradicionales glorifican las estadísticas, ignorando los movimientos de resistencia colectiva. Zinn expresa un optimismo por un futuro levantamiento entre las mayorías oprimidas contra el uno por ciento de la élite.
