Las Iglesias. Crisis u oportunidad.
Por: Elio Masferrer Kan.*
Vamos hacia una religión de minorías me comentó un católico comprometido cuando le mencioné las cifras publicadas en el Anuario Estadístico de la Iglesia Católica. Esa frase siempre rondó en mi imaginación. Acabo de recibir el Anuario correspondiente al 2024, el último editado por la Secretaría de Estado del Vaticano y las cifras siguen siendo a la baja. Pocos investigadores revisamos estas cifras, porque el Anuario no “está en internet” y en la actualidad, para investigadores “perezosos” no existe. Hay que comprarlos en Roma. Tengo mas de 35 años comprándolo y este año no fue la excepción. Si lo comparamos con el 2003, hace 21 años hubo 16 millones 745 mil bautizos, en el 2024 hubo 13 millones 65 mil bautizos, tres millones y medio menos. El descenso es en todo el mundo, con excepciones. la Iglesia sólo crece en África y algunos países asiáticos. Los sacerdotes también descendieron, en el 2003 había 405 mil y ahora hay 403 mil, las religiosas también disminuyeron de 749 mil a 580 mil.
La pregunta sería entonces donde crecen: en África y ciertos países asiáticos, pero el personal de tiempo completo que se incrementa en Occidente son los diáconos permanentes casados, pasaron de 31 mil quinientos a más de 52 mil entre 2003 y 2024, pese a la oposición de obispos conservadores que exigen el cada vez mas desprestigiado celibato sacerdotal para el personal de tiempo completo. Las cifras de ordenamiento sacerdotal son bajas. En África y Asia son muy bajas las cifras de diáconos permanentes y se incrementa el número de seminarios dedicados a la formación de futuros sacerdotes, mientras que en el resto del mundo se están cerrando. Las congregaciones religiosas masculinas y femeninas que crecen son aquellas que lograron formalizar sus trabajos en África subsahariana.
Paradójicamente en África y Asia donde el clero es célibe por elección, además son extremadamente rigurosos con la población LGTBQ. Llegando a niveles de rechazo, que en el mundo occidental podrían calificarse como homofóbicos y donde por ciertas características culturales el rechazo de la conversión con la población poligámica es notoria y aparentemente inaceptable dentro del catolicismo. La información disponible confronta los cambios culturales del catolicismo en Occidente, con el creciente catolicismo africano. Son dos procesos paralelos y divergentes.
El Vaticano se opone tenazmente a que los laicos católicos, quienes probablemente sean más de mil millones de personas tomen roles más protagónicos. Es allí donde está el problema que ya el difunto papa Francisco mencionaba; el clericalismo es el cáncer de la Iglesia. La Iglesia en América, Europa y Oceanía tendría que reformularse y abrirse a los cambios culturales de su feligresía, que reclama un clero casado y un papel más destacado de las mujeres, lo que implicaría el desmantelamiento de las estructuras burocráticas institucionales: un “club de caballeros”. Los dos últimos papas han iniciado un proceso de renovación institucional que refuerza el papel de las mujeres en la
Iglesia. Le falta asumir pasos decisivos y novedosos. Tales como permitir el sacerdocio femenino y el ascenso a niveles jerárquicos (obispas y cardenales).
En el mundo occidental estas posiciones han sido asumidas por las iglesias cristianas, luteranos y anglicanos tienen liderazgos femeninos, muchas iglesias pentecostales y neopentecostales son lideradas por mujeres. Recordemos qué en el caso anglicano, los obispos africanos rechazaron que la cabeza de la Comunión Anglicana tenga una mujer en la histórica e icónica Catedral de Canterbury. No aceptan la apertura de los europeos y norteamericanos hacia la población LGTBQ. Las iglesias históricas en Occidente tienen una dinámica que asume los cambios culturales, mientras que los africanos y asiáticos construyen otras formas de cristianismo y de catolicismo.
Un caso aparte serían las iglesias cristianas en los Estados Unidos, donde las escisiones son notorias, e incluso ha llevado a la división de las iglesias históricas entre aquellas que aprueban o simplemente asumen como procesos paralelos las reivindicaciones de la población LGTBQ. Mientras que otras iglesias condenan cualquier “concesión” a esta población. La Iglesia Católica se mantiene en la más estricta ambigüedad, despliega un doble lenguaje, si bien lo rechaza formalmente recurre al concepto de caridad, amor al prójimo y planteos similares para ser incluyente, en el habitual doble lenguaje institucional.
El problema central son los jóvenes en el mundo occidental, cómo incorporarlos a la vida religiosa, los adultos cuando tienen problemas serios se refugian en las iglesias que rechazaban en su juventud, pero esto no les interesa a los lideres eclesiásticos. Los jóvenes en actividades institucionales garantizan la consolidación de los proyectos a largo plazo, ya lo dijo el Maestro “Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan, porque el reino de los cielos es de quienes son como ellos” Mateo 14:19.
*Doctor en antropología, profesor investigador emérito ENAH-INAH
