HONDURASGATE: El nuevo Plan Cóndor que quiere arrancar de raíz a la izquierda latinoamericana.
Por: José Alfredo Villalta.
Una red transnacional financiada desde Washington, Tel Aviv y Buenos Aires busca demoler los gobiernos progresistas de la región mediante desinformación, lawfare y violencia política. En el centro de la trama: Juan Orlando Hernández, narco-presidente indultado por Trump.
La historia tiene el peso de las que no se olvidan. Una filtración de 37 audios —captados entre enero y abril de 2026 en plataformas como WhatsApp, Signal y Telegram— ha puesto al descubierto lo que analistas ya califican como la operación de desestabilización política más ambiciosa vista en América Latina desde los tiempos del Plan Cóndor. La investigación, publicada en exclusiva por Diario Red América Latina —dirigido por el español Pablo Iglesias— y el portal Hondurasgate, revela una arquitectura de injerencia coordinada entre Estados Unidos, Israel, Argentina y Honduras, con un objetivo declarado: exterminar al progresismo continental.
El operador central de la trama es el exmandatario hondureño Juan Orlando Hernández (JOH), condenado en Nueva York a 45 años de prisión por narcotráfico y conspiración para el tráfico de armas —y posteriormente indultado por Donald Trump en diciembre de 2025— quien habría sido colocado como operador político regional del movimiento MAGA en el continente.
Las voces de la conspiración
En una grabación del 30 de enero de 2026, Hernández le detalla al actual presidente de Honduras, Nasry Asfura, la arquitectura del plan: «Vamos a montar una célula, presidente, desde aquí, desde Estados Unidos, para que no nos rastreen ahí en Honduras. Va a ser como un sitio de noticias latinoamericanas.»
Los objetivos del operativo no dejan lugar a ambigüedades. En otra conversación, JOH señala que «se vienen unos expedientes contra México, contra Colombia y, lo más importante, contra Honduras, contra la familia Zelaya», mientras confirma haber sostenido una llamada con el presidente argentino Javier Milei que calificó de «exitosa. Muy, muy, muy buena».
En un tercer audio, Hernández le comunica a la vicepresidenta hondureña María Antonieta Mejía la necesidad de recursos para «atacar y extirpar el cáncer de la izquierda de ahí de Honduras y de toda Latinoamérica», con el respaldo de «algunos republicanos en Estados Unidos».
Dinero público para una guerra sucia
El financiamiento de la operación combina fondos de múltiples fuentes. Según los audios, Asfura ofreció transferir 150.000 dólares desde fondos del Instituto Nacional de Deporte (INSEP) de Honduras para sufragar la oficina de operaciones digitales en suelo estadounidense. Por su parte, el gobierno argentino habría comprometido 350.000 dólares para la conformación del equipo de comunicación regional.
Pero el dinero no es el único insumo. Los registros revelan una estrategia multidimensional que opera en varios frentes simultáneos:
Guerra digital: Creación de un portal de apariencia periodística latinoamericana para difundir noticias falsas y «expedientes» fabricados contra líderes progresistas como Claudia Sheinbaum (México) y Gustavo Petro (Colombia).
Manipulación religiosa: Instrucciones para alinear a las iglesias evangélicas hondureñas con el relato de la derecha, con el objetivo de que «la gente se olvide del pasado» y culpe a la izquierda de los problemas del país.
Lawfare: Fabricación de expedientes judiciales contra figuras de la oposición como mecanismo de persecución legal coordinada.
Violencia política: En una grabación del 18 de marzo, Hernández le transmite al presidente del Congreso hondureño que para «tener a la gente controlada» se necesitan métodos de fuerza.
Cesión de soberanía: A cambio del respaldo internacional, Honduras habría comprometido la ampliación de las ZEDES, la instalación de una nueva base militar estadounidense, la entrega del proyecto del canal interoceánico a empresas como General Electric y la aprobación de leyes favorables a corporaciones tecnológicas de EE.UU.
Israel en la sombra, Trump como arquitecto
Una de las revelaciones más perturbadoras de los audios es el papel de Israel en el regreso de Hernández a la escena política. Según los registros, JOH afirmó que su indulto «salió de una junta de rabinos» y que el primer ministro Benjamín Netanyahu tuvo participación directa en su liberación. El asesor político republicano Roger Stone habría sido el operador logístico de esas gestiones.
El presidente Gustavo Petro reaccionó con fuerza en redes sociales: «¿Qué razón tiene el señor Netanyahu para pagar por liberar a un gran narcotraficante, expresidente de Honduras, solo con el fin de destruir el gobierno de Colombia y México? ¿Acaso no demuestra que quienes luchamos en vanguardia contra el narco y somos agredidos por él, somos México y Colombia?»
Los audios han sido sometidos a verificación técnica mediante la herramienta Phonexia Voice Inspector, especializada en reconocimiento de voz y biometría, cuyos resultados confirmarían la autenticidad de las grabaciones.
Las voces del negacionismo
No todos aceptan los hechos. El presidente del Congreso hondureño, Tomás Zambrano, calificó los audios de «burda fabricación» en un mensaje publicado en X, señalando que algunas voces «incluso fueron fabricadas con acento colombiano o nicaragüense». El Congreso Nacional aprobó el envío de los registros a laboratorios especializados en Estados Unidos para un peritaje adicional.
El propio Hernández catalogó las acusaciones como falsas y las atribuyó a una operación de «la izquierda radical». Ni el gobierno argentino ni el israelí han emitido declaración oficial alguna.
Un continente en la mira
La investigación Hondurasgate no es un hecho aislado. Se inscribe en un patrón geopolítico de agresión sistemática contra las democracias progresistas del continente que combina los instrumentos clásicos del imperialismo —bases militares, control de infraestructura, presión económica— con las herramientas del siglo XXI: algoritmos, redes de desinformación, guerra cognitiva.
América Latina ya vivió este guión. En los años setenta, el Plan Cóndor coordinó dictaduras para exterminar físicamente a la disidencia de izquierda. El Hondurasgate sugiere que el modelo ha sido actualizado: ya no son necesarios los golpes de Estado convencionales cuando se puede demoler un gobierno desde adentro, con titulares fabricados, expedientes ficticios y pastores evangelistas movilizados como tropa de choque.
La diferencia crucial hoy es que los pueblos saben leer entre líneas. Y los audios están ahí, para quien quiera escuchar.
Fuentes: Diario Red América Latina, Hondurasgate, La Jornada, Infobae, El Ciudadano, BioBioChile, El Soberano.
