La escuela sólo muestra la derrota.
Por: Edwin Felipe Aldana Aguirre. *
Que una dictadura se enfoque en destruir la educación desde el escenario que es la Escuela, no tiene nada de sorprendente. Que también lo haga una dictasuave -o sea una dictadura con mejor apariencia o buen marketing- es harto entendible.
Pero ver solamente esta perspectiva, también es caer en la clásica pereza mental que campea con libertad por este mundo; victimizarse y señalar al único victimario con su abrumadora maldad, suena a queja lastimera ante Dios, del borracho aquel que se gastó el dinero para la comida de sus hijos.
La Escuela es un escenario de lucha y esto no es una visión marxistoide, es una visión realista, en un contexto en el cual sectores minoritarios confunden gobernanza con saqueo de la nación. Y dicha visión reclama la idiotización de la gente como forma de “educación” para el esclavo, para el sirviente, para el inferior.
Y tristemente nos estamos comportando como inferiores, como estúpidos que sólo se mueven a los golpes y que sonríen al ser reorientados. Sí, hay más de un culpable en este desastre que llamamos escuela: los maestros, los padres de familia, los niños con uso de razón, los adolescentes y jóvenes que se olvidan de serlo.
Como buenos padres sometidos al sistema, o le préstamos el teléfono al niño o a la niña o bien, logramos comprar uno o le regalamos el que cambiamos para que los niños vean sus videos y no me distraigan en mis tiempos en las redes que por supuesto no son sociales. Y ahí precisamente empezamos a construir al pequeño idiota que amará y defenderá al tirano y a su selecto grupo de iluminados. Y por supuesto, este fenómeno será reportado por sesudos pensadores universitarios que descubren que las nuevas generaciones nacen “despiertas” para las nuevas tecnologías. Esos mismos padres que se enojan porque sus niños sufren en el proceso de aprender a leer, y es que claro, aprender a leer tiene sus dificultades, no es algo fácil, pero no por eso, deja de ser la base del desarrollo mental y de la humanización creciente de los chicos. Pero leer les parece aburrido y violento. Es mejor que el niño goce y se ría del video en donde el abusivo aquel atropella a un perro pendejo distraído. Obvio, acá el único pendejo es el perro.
Padres que están como guardianes controlando que sus hijos no sean sometidos a sufrimiento, por esos maestros tan exigentes y abusivos que quieren que los niños aprendan y se convierten con ello, en aliados fieles de los destructores de esperanzas.
Quizá sea conveniente antes de seguir con los otros culpables, mostrar algo desde la universidad, no porque esta sea la panacea, ni la luz de las luces y menos el altar de la sabiduría. Pero eso sí, llegar a ella requiere unos requisitos que no son para nada de índole económica, sino que, de instrucción y educación pura y dura, aunque no vamos a obviar lo económico.
Y no empiezo desde el aula, que eso es ya una tragedia. Empiezo desde las diversas cafeterías del recinto universitario. Desde luego confirmado por las diversas cajeras de las mismas, porque lo malcriado no me quita el poco rigor académico que se me reconoce.
Hay muchachas y muchachos que no saben contar su dinero, y te ponen la mano extendida con sus monedas y si hace falta sacan sus billetes para que les cobren lo que van a consumir; no tienen idea de cómo se suman las monedas, de qué representa el dinero en cuanto poder adquisitivo. Y me dijo una señora de una de las cafeterías: Y son muchos los que vienen así y dicen que no pueden contar.
Y no pueden contar, y no pueden leer y si leen no entienden lo que están leyendo; entonces, las matemáticas de la universidad es prácticamente como tocarle las nalgas al diablo. Y un libro de 100 páginas, de 100 porque dicen los sabios que hay que dosificarles la lectura a los estudiantes pa que no se estresen. Pues ese libro de 100 páginas agrede su hermosa paz idiotizada. Ah, pero eso sí, son listos, estos estudiantes son listos. Huyen del saber cómo de la muerte y mediante regalías o la amistad son incluidos en los trabajos de grupo y van pasando ese feo camino que les conduce a su título universitario tan falso como la democracia.
Sinceramente estoy convencido, que el pensamiento crítico debe partir de esta denuncia valiente que no espera aplausos. Decir con honestidad que no nos llevan a la mierda; que vamos alegremente a hundirnos en la mierda de la ignorancia, porque nuestros padres, nuestros maestros y los niños, adolescentes y jóvenes, no tuvieron y no tuvimos los huevos suficientes para decir las cosas como son.
Y los maestros, los pobres sufridos maestros… Muchos no saben leer y si leen no entienden, han dejado de estudiar, han dejado de pensar porque hay cosas más divertidas en la vida; como endeudarse, como vestirse mejor e ir de compras. Y van y repiten las mismas cosas durante quince o veinte años. Rutina, hastío, pereza, todo aquello que enmascare la total falta de ilusión y rebeldía. La ciencia es rebelde por naturaleza y ella nace de la educación con su amor transformador.
Maestros y estudiantes deben entender que la escuela es el terreno en donde se libra la batalla más importante contra este sistema corrupto y marginador, ya que un pueblo educado, que estudia con seriedad y que tiene capacidad de pensar por cuenta propia, no es terreno propicio para ninguna tiranía.
Aprender física, matemáticas y ciencias positivas, se puede arrancar debajo de un árbol, a la luz de la vela en cualquier rincón. Las mejores condiciones para la educación son tema de lucha y eso no hay que evadir como buenos cristianos y ciudadanos.
Leer es de rebeldes, como San Romero de América que en su vida resumía cultura, humildad y amor por la vida de los pobres y la paz para todos.
Investigador y Docente universitario.
