AJEDREZ SALVADOREÑO – BREVE HISTORIA
El Amigo
Queridos amigos: Lo que tenía que pasar pasó; y toca ahora el turno a un breve comentario sobre lo que ha sido y es el Ajedrez Salvadoreño desde sus orígenes. Buen punto porque este pequeño país –territorialmente hablando- en esta rama del deporte se ha abierto camino no sin dificultades pero con pie derecho, el del espíritu y entrega. Gracias a Dios, obteniendo éxito tanto dentro del ámbito nacional como en el internacional. Véase si no la amplia actividad ajedrecística de hoy en día. Llega hasta las Escuelas, Centros de Estudio de todo nivel, Clubes diversos, interior de la República, Etc. Está en el récord de idas y venidas al exterior con triunfos no despreciables. En las visitas de Grandes Maestros y personajes distinguidos del Juego Ciencia, “Juego de los Dioses” no me canso de repetir, procedentes del medio internacional. Las cuales desde el inicio de este magno deporte, han sido constantes. Nos honran. Somos pobres pero gustosos, diría el dicho popular. No sin razón. Largo sería tratar este tema histórico. No es posible todo. Pero haremos milagros a fin de resumir en un artículo tan basta actividad del ajedrez Guanaco.
La historia. No se tienen datos oficiales de qué había en El Salvador de antaño. Solo nos imaginamos que más de algunos practicaban el deporte mental en el calor del hogar, dulce hogar. En un Club Social o deportivo como asunto adicional para distraer entre toros. Sin embargo, podemos dar fe que despuntó como experiencia organizada en 1936, a partir de la llegada del Señor Enzo Bianchi, un emigrante de origen italiano. ¿Por qué a El Salvador? No sabemos. Hay una numerosa colonia italiana que habita el país desde tiempos inmemoriales. En esta oleada llegaría él. Pero si sabemos que para el Ajedrez Salvadoreño el arribo del Señor Bianchi –Q.D.D.G.– pues ya murió, pasó a la transición, fue un regalo caído del cielo. Desarrolló el Ajedrez Salvadoreño incubando inquietudes a granel que después se extendieron por el territorio como ramas de un árbol gigantesco germinado de pequeños granos caídos en tierra fértil. Como en la Parábola del Sembrador, muchos se perdieron, otros granos no y afortunadamente pocos pero selectos fueron las simientes que crecieron y la labor comenzó.
A él se unió años después el Mayor Óscar Bolaños –después Teniente Coronel- miembro del Consejo de Gobierno Revolucionario de 1948, convirtiéndose en brazo derecho y motor de esta empresa grande nacional. Alberto Zarzar algún tiempo después, impulsor y mecenas; el Coronel Joaquín Zaldívar, Ministro de Trabajo en los años 60´s; gran amigo de los ajedrecistas y entrenador en épocas posteriores. En fin, no se alcanza a cubrir una historia completa si no a vuelo de pájaro. Don Enzo Bianchi merece honores ya que además se mantuvo como Presidente de la Federación Salvadoreña de Ajedrez –FSA- por muchos años. Hasta 1975, si no me equivoco, ocasión que entregó a nuevos dirigentes no menos entusiastas lo que será motivo de otro artículo. Además fue pilar sostén Don Enzo del Club Salvadoreño de Ajedrez, pieza clave para el desarrollo a cabalidad del Juego Ciencia en nuestro hermoso país de volcanes y ríos, El Salvador. Este Club fue la base de operaciones donde a golpe de cincel, ganando y perdiendo, entre alegrías y llantos se formaron las primeras figuras cuyas imágenes hoy han quedado estampadas en el mármol de la historia nacional. Es decir, la primera gran generación de ajedrecistas. ¿Quiénes son estos? No quisiera ser injusto. La lista daría para mucho, así que conformémonos con solo algunos de los más renombrados. Los primeros Campeones Nacionales.
Antonio Salazar, primer Campeón Nacional en 1946. De ahí arrancan en forma las competencias nacionales. Antonio González, Campeón en 1947; Benjamín Oliva, Campeón 3 veces, 1954, 1958 y 1961, uno de los hombres símbolos de los primeros años. Juan Serrano, tres veces Campeón, en 1955, 1962 y 1965; Donato Pineda, dos veces seguidas; Helios Quintanilla, Jaime Soley, uno cada uno. Atilio Mojica, Campeón Nacional tres veces en distintos años. Sin embargo, Benjamín “el Niño Rojas” impuso su sello personal al ser Campeón Nacional dos años consecutivos, 1967 y 1968 cuando ya no era fácil la tarea. Leonardo Mena no puede faltar porque además de ser amigo de todos, de viejas y nuevas generaciones, en su casa de Ciudad Delgado entrenaban sábados y domingos. Además de tomar algunas cervecitas y aperitivos, hablar hasta por los codos de sus cuitas personales disfrutando y enjugando lágrimas cuando alguno padecía males de familia. Se justificaba así decir: “GENS UNA SUMUS” –Somos una familia-. Fue Campeón Nacional en 1970. Antonio Grimaldi figura que abriendo espacio a una nueva y relevante camada nacional, la generación de “Libios”, ganó la justa nacional en 1971 y 1973. De ahí para acá es otra historia a la que haremos referencia en nuevo artículo. El Ajedrez nacional en resumen tiene trayectoria, el rastro del Águila en el aire que es difícil seguirlo pero con imaginación se puede. Nada es imposible.
Mientras tanto, amigos lectores, entreténganse resolviendo este pequeño problema de ajedrez no menos ingenioso. Juegas las blancas y dan mate en dos.
