La diáspora no es un número electoral.
Por: José Meléndez.
“Don fulanito” ocupa su curul como diputado del partido gobernante, aunque jamás ha puesto un pie en la pequeña comunidad que lo eligió, salvo cuando llegan las elecciones y reparte “juguetes”. Aun así, su lealtad inquebrantable al gobierno lo convierte, según algunos, en el modelo perfecto de patriotismo, digno de representar a la diáspora.
Nuestros lectores residentes en Long Island, Nueva York, se preguntan:
¿Por qué alguien que desconoce nuestra realidad tiene que representarnos?
Asignar diputados para la diáspora salvadoreña en Estados Unidos es un tema de gran debate, que enfrenta argumentos sobre la equidad política y el impacto práctico en la legislación nacional.
Quienes defienden la medida, instaurada con una reforma al artículo 79 de la Constitución, sostienen que es justo otorgar voz y voto directo a una comunidad que representa a millones de salvadoreños y contribuye masivamente a la economía nacional mediante remesas. Se considera un paso histórico para saldar una deuda histórica, permitiendo que la «circunscripción 15» elija a 6 legisladores propios para velar por sus intereses fuera del país.
No obstante, las críticas señalan que la creación de estos 6 curules requirió restar escaños a departamentos con mayor población y densidad en el territorio nacional, como San Salvador y La Libertad, lo cual disminuye el peso del voto de quienes residen en el país. No obstante, partidos de oposicion y organizaciones populares han advertido que la reforma no exige que los candidatos residan en el extranjero, lo que genera dudas sobre si los representantes conocerán de primera mano las necesidades reales de la comunidad migrante. Esto ultimo apunta al evidente uso poltico; un mecanismo que podría instrumentalizarse, utilizándose más como una estrategia de concentración de poder que como una verdadera descentralización de la representación.
Curiosamente, los precandidatos del partido Nuevas Ideas se han esfumado: nadie los ha visto y han ignorado las invitaciones a programas de TV matutinos en los que podrían compartir sus posturas y planes para asegurar la continuidad del TPS. Tratar a la diáspora como mera cifra electoral revela la maniobra oportunista del gobierno.
