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«Tecnofascismo» y «Tecnofeudalismo»

El capitalismo ha abierto paso a una nueva realidad digital con características de la época medieval. En este modelo tecnofeudal los datos se usan como moneda de cambio, lo cual aumenta las desigualdades entre los usuarios y las grandes empresas tecnológicas y sus dueños

Por Nerea Seijas.

El tecnofeudalismo es una teoría que expone un sistema postcapitalista dividido como la sociedad feudal de la Edad Media. Llevado a la actualidad, los señores feudales, que en el Medievo eran propietarios de las tierras, ahora son los dueños de las grandes empresas tecnológicas. Del mismo modo, los siervos, que antiguamente trabajaban las tierras a cambio de protección, ahora son los usuarios que ofrecen sus datos a cambio del acceso a las plataformas. Esta jerarquía crea una relación de dependencia en la que los señores feudales, como en el Medievo, ejercen un poder económico, político y social.

La idea del tecnofeudalismo ha surgido en las últimas décadas, sobre todo con el auge de las redes sociales y la consolidación de las plataformas digitales. Uno de sus principales exponentes ha sido el economista y exministro griego Yanis Varoufakis, que explica las ideas de este sistema en su reciente libro Tecnofeudalismo. El sigiloso sucesor del capitalismo. Varoufakis sostiene que el nacimiento de la tecnología en la nube ha modificado el sistema capitalista y el mercado tal y como lo conocíamos.

Cambios en el mercado global

La moneda de cambio del tecnofeudalismo son los datos. Al usar cada vez más las plataformas digitales, millones de usuarios dejan una huella digital que alimenta sus algoritmos e incrementa el valor de las aplicaciones de manera gratuita. Bajo este sistema, se entiende que los individuos ya no son dueños de sus preferencias, sino que están creadas o condicionadas por los propios algoritmos. 

Estos algoritmos han revolucionado el mercado tradicional. Por un lado, han transformado la publicidad, pues las plataformas personalizan los productos que se muestran dependiendo del usuario y sus gustos. Por otro, también la propia compra de productos, ya que ahora basta con un clic para recibirlos a domicilio. Este nuevo mercado ha generado un nuevo tipo de capital, pues la plataforma ya no se centra en la producción sino en modificar el comportamiento de los consumidores. De ese modo, ha relegado los beneficios propios del capitalismo y ha puesto en el centro a las rentas. Al igual que en la Edad Media, estas rentas son cuotas que los siervos pagan a los señores para usar sus propiedades. En la actualidad, esto se traduce en ceder los datos personales a cambio de tener acceso a la nube y a sus plataformas digitales. 

Como los terrenos en la Edad Media, sólo unos pocos tienen a su alcance el privilegio que supone el acceso a una gran cantidad de datos. Hoy en día, los “señores de la nube” son las grandes empresas tecnológicas y sus dueños. Este grupo empresarial, principalmente estadounidense, está liderado por las cinco compañías más importantes del sector: Alphabet (empresa matriz de Google), Amazon, Meta (propietaria de Facebook e Instagram) Apple y Microsoft. A ellas se suman otras como la china ByteDance, propietaria de TikTok.

Tecnofeudalismo, desigualdad y democracia

Bajo el tecnofeudalismo, la concentración de riqueza y poder en manos de los dueños de las grandes tecnológicas fomenta mayores desigualdades económicas y el deterioro de las bases democráticas. Y es que mientras estas empresas se enriquecen con los datos de los usuarios, se han permitido no ser transparentes con su uso, con el que tienen una gran influencia social. De hecho, Google, Amazon y Meta han sido multados con millones de euros por la Unión Europea por no respetar las leyes de protección de datos.

Para solucionar los problemas de este modelo, Yanis Varoufakis defiende la importancia de conocer quiénes son los propietarios de la información de los usuarios y no sólo saber qué datos tienen. De forma similar, el politólogo canadiense y miembro de la ONG australiana The Ethics Center, Gwilym David Blunt, plantea la necesidad de pedir una mayor rendición de cuentas a los multimillonarios tecnológicos como Jeff Bezos o Mark Zuckerberg, quienes buscan librarse de las regulaciones. Por su parte, el Foro Económico Mundial sostiene la necesidad de crear políticas para regular el sector de manera integral.

«Tecnofascismo»: Palantir.

La polémica empresa tecnológica estadounidense Palantir ha publicado 22 tesis de las cuales muchas van más allá de temas empresariales. Los críticos las interpretan como una defensa del tecnofascismo.

«Silicon Valley ha perdido el rumbo»: así comienza el primer capítulo de The Tecnological Republic, el libro en el que Alex Karp expone su visión del mundo. Karp no es un hombre cualquiera. Este multimillonario figura en la lista de las 100 personas más influyentes del mundo, Time 100, elaborada por la revista Time. Es el director ejecutivo de Palantir Technologies, una empresa de software especializada en análisis de datos.

Durante el fin de semana pasado, Palantir publicó un resumen del libro de Karp en 22 tesis, en su cuenta corporativa oficial en X. La publicación se asemeja a un manifiesto político de la empresa, y ha generado un debate considerable entre los entusiastas de la tecnología y la política.

¿Qué dice el manifiesto?

Con estas tesis, Palantir se posiciona como un actor clave en la intersección de la tecnología y la política de seguridad. En términos generales, las tesis se pueden dividir en varias áreas:

  • Geopolítica y política de seguridad: «La era nuclear está llegando a su fin», afirma, por ejemplo; la disuasión ya no se logrará mediante armas nucleares, sino mediante sistemas de inteligencia artificial (IA). Y es aún más explícito: «La cuestión no es si se construirán armas de IA, sino quién las construirá y con qué propósito». Los adversarios no se perderán en debates teatrales, sino que avanzarán. En otro lugar, Palantir postula la necesidad de instrumentos de poder «duros» con soporte de software: «Se han revelado los límites del poder blando y la retórica grandilocuente». Además, el poder estadounidense ha posibilitado un período de paz extraordinariamente largo. En ocasiones, el manifiesto se vuelve políticamente muy específico: «La castración de Alemania y Japón tras la guerra debe revertirse». Europa, que sigue estando débilmente armada hasta el día de hoy, está pagando ahora un alto precio por el desarme alemán tras la  Segunda Guerra Mundial. Y si la «devoción sumamente teatral al pacifismo japonés» continúa, un cambio de poder en Asia es inminente.
  • La relación entre sociedad y política: Palantir sostiene que, en el discurso actual, está «prohibido» hablar de las distintas historias de éxito de diversas «culturas». Además, Estados Unidos debe resistir la tentación de un «pluralismo vacío y superficial». Ambos puntos coinciden con la ideología MAGA asociada al presidente estadounidense, Donald Trump, y su entorno. Sin embargo, Palantir evita congraciarse descaradamente con Trump, como lo hacen algunos sectores de Silicon Valley. «La psicologización de la política moderna nos desvía del camino correcto», afirma la empresa. Buscar la plenitud en los políticos solo conduce a la decepción. Asimismo, la empresa aboga por la reflexión al triunfar sobre los enemigos, en lugar de la celebración inmediata.
  • El papel de la industria tecnológica: La relación entre las empresas tecnológicas y el Gobierno estadounidense es un tema recurrente: «Silicon Valley tiene una deuda moral con el país que propició su auge», es uno de los argumentos centrales. Palantir aboga por ir más allá de las aplicaciones y por una economía tecnológica que siga generando crecimiento y seguridad. «Silicon Valley debe desempeñar un papel en la lucha contra los delitos violentos», afirma la compañía, que vende sus productos a organismos encargados de hacer cumplir la ley en todo el mundo.

¿Qué opinan los críticos del manifiesto político de Palantir?

El economista y exministro de Finanzas griego Yanis Varoufakis compartió la publicación original con el comentario: «¡Si el mal pudiera tuitear, este sería el contenido!».

El investigador neerlandés especializado en populismo Cas Mudde interpretó el manifiesto de Palantir como un llamamiento a un mundo dominado por un Estados Unidos autoritario y controlado por empresas de vigilancia tecnológica: «¡Puro tecnofascismo!», señaló. En su opinión, el manifiesto descalifica a Palantir «como socio comercial para cualquier otro país», escribió Mudde en LinkedIn. Europa no solo debería detener toda nueva cooperación, sino también poner fin a todas las inversiones «en esta empresa tecnofascista».

El bloguero británico y fundador de la plataforma de investigación Bellingcat, Eliot Higgins, comentó irónicamente en relación con las cuestiones sociopolíticas del debate cultural y el pluralismo que era «sumamente normal y aceptable» que las empresas publicaran tales declaraciones.

¿Qué es exactamente Palantir?

El nombre Palantir proviene de la épica fantástica de J.R.R. Tolkien «El Señor de los Anillos». En ella, aparecen las llamadas «piedras videntes», poderosas herramientas de comunicación que están en posesión de los villanos que desean subyugar a los pueblos libres de la Tierra Media.

El cofundador e inversor clave es Peter Thiel, cuyo apoyo también se considera crucial para el ascenso político de Donald Trump. Thiel nació en Frankfurt, Alemania, donde Alex Karp también vivió posteriormente durante varios años.

Palantir anuncia en su sitio web un software que supuestamente facilita la toma de decisiones en tiempo real en Gobiernos y empresas, «desde las fábricas hasta el frente».

¿Quién utiliza el software de vigilancia Palantir?

Muchas agencias gubernamentales de EE. UU. utilizan Palantir. El programa Vantage, por ejemplo, se desarrolló específicamente como sistema operativo para el Ejército estadounidense. En la guerra contra Irán, el software de captación de objetivos Maven, basado en inteligencia artificial, proporcionó datos para numerosos ataques aéreos.

La plataforma de análisis de datos Foundry es utilizada por las autoridades de EE. UU., pero también de Europa, para diversos fines. Los Países Bajos y Grecia utilizaron el servicio para rastrear la propagación del coronavirus.

Quizás la aplicación más conocida de Palantir sea Gotham, utilizada por las agencias de seguridad para recopilar rápidamente información sobre personas a partir de fuentes públicas y privadas. Agencias estadounidenses como la CIA y el ICE son clientes clave, al igual que organizaciones de seguridad europeas.

Varias fuerzas policiales de estados federados alemanes también utilizan versiones modificadas de Palantir, incluidas las de Hesse y Baviera. En Renania del Norte-Westfalia, un contrato plurianual expira en octubre; ese estado ha convocado una nueva licitación para software de investigación, en la que Palantir y sus competidores pueden participar.

En Alemania, el Gobierno federal planea introducir una legislación que permitiría a un software analizar grandes cantidades de grabaciones públicas, como voces y rostros en publicaciones de redes sociales, y crear perfiles biométricos a partir de ellas. Esto facilitaría las investigaciones de las agencias de seguridad que utilizan Palantir o aplicaciones de la competencia. Sin embargo, los críticos argumentan que esto supondría un paso hacia un Estado de vigilancia.