Evangélicos y creyentes en la política. Ideología e prejuicios.
Por: Elio Masferrer Kan.
Algunos líderes cristianos intentan posicionarse en el campo político electoral, recurriendo a discursos que suponen son de interés para el mundo evangélico. La pregunta es sí a los evangélicos o a los católicos les interesa que personas de sus mismas creencias religiosas estén al frente de la política. Mi experiencia de trabajo de campo es que el asunto tiene aspectos contradictorios y es necesario aclarar algunos puntos, que constituyen auténticos prejuicios.
Hace 30 años el Ing. Cuauhtemoc Cárdenas dijo explícitamente que no era creyente y no practicaba ninguna religión. Los “expertos” electorales afirmaron que esto era un grueso error del candidato y que en un país de mayoría católica (México) su derrota estaba asegurada. Una periodista que hoy es la subdirectora de un importante medio nacional, me preguntó que opinaba sobre el tema y mi respuesta fue más cuidadosa, “déjeme investigarlo”. Diseñamos una encuesta con preguntas abiertas y con los alumnos de antropología de las religiones de la Escuela Nacional de Antropología e Historia nos abocamos a su aplicación, siguiendo criterios aleatorios pudimos avanzar en varias conclusiones.
La mayoría de los entrevistados consideraban que no era relevante si era o no practicante de alguna religión, “no tiene nada que ver” era la respuesta típica, alrededor de un tercio de los entrevistados consideraba que era importante que fuera creyente, porque “tendría miedo a la justicia divina y sería menos ladrón y mentiroso”, destacando además que los políticos gozaban de total impunidad por la incapacidad del sistema judicial, ·aquí no le hacen nada”. Es importante mencionar que Cárdenas fue electo Jefe de Gobierno de la Ciudad de México. La primera derrota relevante del PRI como partido de estado. Esto está desarrollado en mi libro Religión, poder y Cultura.
En sentido estricto a los entrevistados no les interesaba que el candidato fuera practicante de alguna religión, el asunto era más simbólico y estaba referido a la vigencia de la justicia divina y en la certeza que Dios y San Pedro impedirían su ingreso al Paraiso. Aunque alrededor del 60% rechazaba alguna relación y sus respuestas estaban mas centradas en la laicidad del estado, “religión y política son cosas diferentes” decían. A mediados de la década de los noventa del siglo pasado los evangélicos comenzaron a explorar la construcción de un partido político o cómo incidir en la política, teniendo en cuenta su crecimiento y además los políticos cada vez más se acercaban a los templos cristianos, sin que por ello no dejaran de negociar con los jerarcas católicos, y a niveles más locales con los párrocos de cierto prestigio.
En el 2006 Andrés Manuel López Obrador fue designado candidato presidencial por la izquierda mexicana y su estrategia fue diferente a la de Cárdenas, siempre se declaró creyente, pero sistemáticamente emitía mensajes confusos sobre su identidad confesional. Nuevamente los “expertos” lanzaron la hipótesis de que era evangélico y que México era un país de mayoría católica y no votaría por un evangélico. En 2012 López Obrador asistió a la Misa que celebró el papa Benedicto XVI en su Visita Pastoral a México, aprovechó para saludar al ex presidente Fox, reivindicando su concepto de campaña, sobre la “república amorosa”. En 2018 ganó las elecciones con más de la mitad de los votos, como explico en mi libro Lo religioso dentro de lo político. Las elecciones de México 2018.
En realidad, lo que preocupaba más a la Jerarquía Católica eran sus vínculos con la Masonería mexicana, específicamente el Rito Nacional Mexicano, una derivación del Rito de York. Los masones del Rito Escoses siguieron en su mayoría relacionados con el PRI y en ciertos casos con en PAN, el presunto partido católico. Recién en el 2024 comenzaron su migración a MORENA. Llenando de “priistas” al partido mayoritario, para desconcierto de los veteranos morenistas. Para la Jerarquía Católica el regreso de los masones a posiciones políticas estratégicas fue una catástrofe, después de años de un paciente trabajo para excluir a la Masonería de la política.
Un sector importante del liderazgo evangélico histórico estuvo siempre vinculado a la Masonería, pero en el caso de los pentecostales y otras expresiones similares, no hay una relación. Un sector de los evangélicos y católicos conservadores, se sienten más identificados con los “evangelicals” blancos fundamentalistas que intentan construir un nacionalismo cristiano en los Estados Unidos (Trump) y se identifican con ese proyecto político transnacional, haciendo énfasis en las críticas a las “concesiones” que se aplican a feministas, colectivos LGTBQ y movimientos similares. Mi información de campo es que la mayoría de los evangélicos no están de acuerdo con partidos políticos de base confesional y no utilizarían cómo elemento central para la definición del voto a estos criterios. Pues consideran que “no debe mezclarse la religión con la política”.
El voto conservador religioso, tanto de católicos cómo evangélicos, ha logrado consolidarse como estrategia políticamente posible en países donde la propaganda logró instalar sentimientos de “pánico moral” (Stanley Cohen) que generan situaciones donde la sociedad se siente amenazada por factores hábilmente manejados logrando instalar la necesidad de gobiernos autoritarios de derecha y “mano dura”, cómo ha sido en caso de Argentina, Bolivia, Chile y Costa Rica, por ejemplo. Aunque la experiencia internacional esta mostrando las limitaciones de la factibilidad de estos proyectos socio-políticos-religiosos, como puede verse por la crisis de esta propuesta en Brasil, donde el “modelo Bolsonaro” está seriamente cuestionado.
El desafío consiste en la construcción y desarrollo de nuevas formas de trabajo y acción política y en el surgimiento de nuevos políticos “creíbles”.
Doctor en antropología, profesor investigador emérito ENAH-INAH
COHEN, Stanley (2017) Demonios populares y “pánicos morales”. Delincuencia juvenil, subculturas, vandalismos, drogas y violencia. Barcelona, GEDISA
