La Universidad: naturaleza y compromiso social.
Por: Msc. Leonardo Ramírez Murcia. *
Reflexionar sobre la educación superior universitaria es urgente y necesario en todo momento, en cuanto a su historia y su función, siendo que la “Universidad” constituye un patrimonio de la humanidad, dada su relevancia histórica por su función formativa llevada a cabo por docentes y estudiantes, así también, como generadora de conocimientos, competencias en quienes se forman en ella y de transformaciones sociales.
La educación superior es un derecho humano al cual deben acceder todas las personas sin distingos de ninguna clase, siempre que se cumplan los requisitos para su ingreso; sin embargo, llegar a la educación superior universitaria, pareciera ser un aspecto exclusivo de unos pocos seres “privilegiados” que conforman una élite dentro de la sociedad, o más aún, una élite dentro de esa elite que decide qué enseñar, para que o para quien, qué contenidos y competencias alcanzar en el egresado de las carreras, para servir cómodamente a los requerimientos de la clase dominante, al régimen de turno o a la élite política y económica dominante.
Por Universidad (universitas), debe entenderse la totalidad de elementos materiales, intelectuales y espirituales, puestas en función de los procesos generadores del conocimiento, que tiene como actores principales a los docentes, los estudiantes y los trabajadores administrativos con diferentes especialidades técnicas que dan apoyo a la misión de producir el conocimiento, alcanzar los aprendizajes deseados y, proyectar los mismos hacia la sociedad mediante la formación de profesionales y técnicos competentes y éticos, que aporten soluciones y estudios razonables que permitan las transformaciones en las estructuras políticas, económicas, sociales y culturales en la sociedad.
El uso del concepto de Universidad se encuentra desde la antigüedad. El orador y filósofo Marco T. Cicerón (106 al 43 a C), la denominaba universitas rerum, que significaba la totalidad de las “cosas que conforman el universo”, puestas al servicio del conocimiento.
La idea de la universitas evolucionó al punto de convertirse en la expresión más concreta y específica del tema, universitas magistrorum et sholarium, el cual se refiere a un grupo de individuos dedicados a la enseñanza y a la educación, así que, siendo esta el significado de tal expresión epistemológico (conocimiento científico), será posible comprender ahora del porqué al conglomerado de personas vinculadas de alguna manera al quehacer académico, investigativo, artístico, creadora de conocimiento y pensamiento crítico, se le denomina, comunidad universitaria, y a la institución que la alberga se le denomina ciudad universitaria, la cual, tiene una expresión concentrada o concreta una y extendida la otra, manifestándose estas en las aulas por una parte y en los campos de experimentación y observación fuera de las aulas, respectivamente.
En cuanto a sus orígenes, entendiendo que la universidad se constituye por los maestros y los estudiantes principalmente, dada su misión de crear conocimiento, buscar la verdad, descubrir el mundo oculto en los fenómenos de la sociedad, la psiquis y la naturaleza, habría que trasladarse en el tiempo a la antigüedad, a Atenas, con la Academia de Platón (427–347 a C) y el Liceo, propuesto por Aristóteles (384–322 a C), que funcionaron en instalaciones propias. Le siguen las comunidades de maestros, investigadores y alumnos, en Alejandría (S331 a C), que reunió a artistas, matemáticos, astrónomos, filósofos, etc. que la convirtió en un faro de luz, de conocimiento e impulsó el desarrollo material y espiritual de la humanidad, considerándose la primera universidad que ha tenido la humanidad, sin embargo, en esos mismos tiempos, se crearon otras como las universidades de Fez y del Cairo, en Africa (J C Londoño) o la Universidad de Constantinopla del año 340, y la de Nankin o Nanjing, China, en año 259.
A finales de la edad media surgen las universidades de Bolonia (1088), Oxford (1096), Cambridge (1208), en América se fundan las de Harvard (1636), Yale (1701), de México (1551), San Carlos Guatemala (1681), la de El Salvador, en febrero de 1841, mientras que un año antes -26 de agosto de 1940- se había creado la Universidad de Costa Rica. Desde Bolonia se desprende la expresión Alma Máter, o madre nutricia para referirse a la universidad, de forma metafórica.
Con todo lo antes expuesto, se vuelve necesario abordar algunos aspectos relacionados con la misión de la universidad a partir de su naturaleza abordados en los párrafos que anteceden en sus componentes materiales y humanos, y por supuesto, de su razón de ser como impulsora del pensamiento crítico, siendo que, desde sus orígenes, la universidad se ha orientado hacia la creación de conocimiento, al debate de temas filosóficos, matemáticos, de la política o del Estado, manteniéndose activa la relación entre la docencia y el estudiante, misión que, no se puede lograr únicamente en el aula, como núcleo de convergencia entre los factores dinámicos del saber, o en el laboratorio, donde se ponen a prueba las hipótesis según el objeto de estudio, de tal manera que la generación de conocimiento va más allá del espacio físico del campus universitario, por el contrario, debe abarcar la sociedad entera, la naturaleza y el pensamiento.
La universidad, ya sea pública o privada, tiene una misión histórica que la integran múltiples funciones que le permiten sustentar su existencia, siendo así que ninguna institución de educación superior se creará con fines crematísticos y lucrativos, por el contrario, la búsqueda y acrecentamiento del conocimiento y proyección social es su principal misión y le da sustento a su existencia, lo que no implica que no puedan adquirir ingresos económicos, solo que moderados y razonables, para cubrir sus necesidades de operación administrativas y académicas. El fundamento de la existencia de una universidad no es la de obtener lucro por encima de su misión humanista, las universitas públicas se sostienen con fondos del erario nacional que provienen de los impuestos de la ciudadanía.
A principios del S XX, el filósofo y ensayista Español, José Ortega y Gasset (9 de mayo de 1883 – 18 de octubre de 1955), respecto a la misión de la universidad, señaló que ésta, estaba centrada en dos campos, uno era la formación de profesionales y la otra en la investigación científica, pues, esta le permitía acrecentar los conocimientos con la participación del cuerpo docente; mientras tanto en El Salvador, la Ley de Educación Superior plante que son fines de la universidad, la de formar profesionales, promover la investigación, prestar un servicio social, de lo que amerita hacer algunas consideraciones de cara al cumplimiento de estos ideales.
Mas allá de estos fines, es necesario reflexionar sobre la manera de cómo las universidades -particularmente la Estatal- están en la línea de cumplir una docencia comprometida con la ciencia, con el conocimiento profundo y el pensamiento crítico, con la ética y la verdad, con la investigación sistemática, compromiso con la proyección social que ayude realmente a las necesidades de la sociedad -no para cumplir requisitos burocráticos-, que la universidad sea accesible a los jóvenes de su comunidad como a aquellos que aún no lo son, pero que necesitan recibir los beneficios universitarios, a través de lo que podría denominarse extensión universitaria, en las áreas de las ingenierías, ciencias de la salud, ciencias jurídicas, la pedagogía, la economía, la promoción y la defensa de los Derechos Humanos, etc. como también, en la manera en que se vincula ésta con los sectores de la sociedad manteniendo su autonomía e independencia frente a los grupos de poder, y la promoción de las diferentes expresiones artísticas-culturales.
Con todo esto, la universidad constantemente debe reflexionar si está cumpliendo su rol crítico de los fenómenos políticos, económicos, sociales, culturales, etc. que atañen a la sociedad y a la misma comunidad universitaria, lo que implica ser propositiva y comprometida con su hacer científico, siendo reflexiva, argumentativa, técnica, persuasiva, pues esa es su principal arma de lucha contra el subdesarrollo, la ignorancia y la incompetencia, y debe ser, su mayor aporte a la nación, de tal manera que la universidad es el alma de la sociedad, es la síntesis del conocimiento que nace del estudio sesudo de los problemas que subyacen en la sociedad, conocimiento que viene de la esenia de su quehacer para transformarse en la conciencia de la nación, esa conciencia crítica que orienta con sabiduría las soluciones de los grandes problemas de la sociedad que son ignorados o no son atendidos por el gobierno de turno, aporte que se manifiesta -claro está- mediante la formación de profesionales altamente competentes y éticos.
Todo esto, requiere como se ha dicho, de una docencia independiente, autónoma, entregada a la generación de conocimiento, al estudio constante, intolerante a la desidia académica, dispuesto a caminar hacia el conocimiento científico crítico, reflexivo y profundo de los fenómenos objeto de estudio y de interés social, a lo cual la universidad debe hacerlo suyo. La universidad y la docencia deben implementar programas de estudio -con contenidos- obedeciendo la realidad histórico-social y no adaptar u ocultar contenidos para agradar al poder de turno, ser universitario es un reto en cualquier tiempo, más aún, en los momento críticos y adversos contra el conocimiento, contra la ciencia y contra la universidad, como lo registra la historia, pues son valores que, con orgullo se deben asumir y defender.
* Escritor y académico.
Julio, 2026.
