Afilando las garras bajo protesta
Una OTAN frágil y empresarial.
Por: Sergio Ferrari.
La cumbre de la Organización del Atlántico Norte (OTAN) del 7 y 8 de julio en Ankara terminó como empezó: multiplicando el aparato militar de Occidente para mantener las guerras en marcha y anticipar las que podrían venir. No faltaron manifestaciones contra ese cónclave en decenas de ciudades europeas.
Negocios militares vs. protestas ciudadanas
El 7 de julio en la capital turca se habló fundamentalmente de negocios y de cómo serán empleados los recursos adicionales destinados a la industria bélica producto del constante aumento de los presupuestos militares en cada país. El segundo día, se afilaron las líneas estratégicas de la Alianza, la más importante entre potencias capitalistas, que llegó a su cónclave anual atravesada por fricciones. Las tensiones de Donald Trump con una parte de los líderes europeos siguen pesando y fuerte en una OTAN que hasta su llegada a la Casa Blanca reunía aliados que se respetan entre sí.
Los días previos en la propia Turquía y en muy diversas ciudades europeas, fuerzas progresistas se movilizaron para protestar contra la OTAN, el aumento desenfrenado de los presupuestos militares, así como contra el armamentismo y el reforzamiento de las tendencias bélicas en el continente y el mundo. Las mismas fueron convocadas entre otras en Londres, París, Bruselas, Atenas, Viena, Hamburgo, Fráncfort, Colonia y Zúrich. A diferencia de otras manifestaciones alter mundialistas de los últimos años, las actuales contra la OTAN fueron solo parcialmente cubiertas por los medios de prensa y tuvieron, por lo tanto, una limitada repercusión informativa.
En el país anfitrión, y con una capital-sede extremadamente militarizada, las manifestaciones fueron reprimidas con dureza y con el saldo de decenas de detenidos. Además de Ankara, se realizaron en Estambul, Esmirna y Samsun. Según diversos medios informativos en esas ciudades “grupos de izquierda, organizaciones de la sociedad civil y asociaciones profesionales congregaron a cientos de manifestantes para denunciar la celebración de la cumbre y reclamaron la salida de Turquía de la Alianza” (https://www.swissinfo.ch/spa/al-menos-35-detenidos-en-las-protestas-contra-la-cumbre-de-la-otan-en-turqu%C3%ADa/91712966).
Repartir la torta
Según informó la propia OTAN, en el Foro de la Industria de Defensa del martes 7 se anunciaron varios proyectos importantes “que estimularán la producción y la innovación en materia de defensa en toda la Alianza y proporcionarán nuevas capacidades para fortalecer el aparato de disuasión y defensa de la OTAN” (https://www.nato.int/fr/news-and-events/articles/news/2026/07/07/tens-of-billions-in-new-procurements-revealed-at-the-nato-summit-defence-industry-forum-in-ankara).
Participaron allí los ministros de defensa de los países de la OTAN junto con representantes de un centenar de grandes empresas con el objetivo de definir, en concreto, cómo se materializarán los compromisos de inversión asumidos un año antes en la reunión precedente de La Haya. Es decir, cómo se distribuirá esta cada día más grande torta bélico-industrial y quién sacará los mayores beneficios. Como declaró Rutte, «el dinero está ahí, y vamos a aportar aún más», al tiempo que instaba a los gobiernos y a la industria a «trabajar juntos, con mayor rapidez, para obtener mejores resultados».
El ex primer ministro neerlandés quien dirige la OTAN desde 2024 y ha demostrado una afinidad casi servil hacia Donald Trump, no se quedó en banalidades. Presentó lo que definió como la Ventanilla Industrial de la OTAN, que consiste en una nueva plataforma diseñada para facilitar la interacción entre las empresas armamentistas y la propia Alianza. Por primera vez se publicó un resumen no clasificado de la demanda futura de la Alianza, proporcionando a las grandes empresas del sector información precisa sobre las necesidades presentes y futuras de la misma.
La segunda iniciativa consiste en la creación del denominado Motor de la OTAN, que tiene como objetivo aumentar la capacidad de producción conectando las unidades de fabricación de empresas de los sectores civil y de defensa en todos los países de la Alianza. Se trata de contratos mil millonarios, que según Rutte “proporcionarán los medios esenciales para ejercer nuestras capacidades de disuasión y defensa… Lo que fomentará el crecimiento de nuestras economías, impulsará la innovación y contribuirá a la creación de cientos de miles de empleos a ambos lados del Atlántico».
En ese contexto, Rutte anunció la próxima entrega del décimo aparato del tipo Airbus A330 MRTT -de los doce previstos-, a la flota multinacional de aviones de reabastecimiento aéreo polivalentes (pueden transferir en vuelo 111 toneladas de combustible). También la adquisición del sistema aéreo no tripulado Triton de la estadounidense Northrop Grumman, que pretende mejorar las capacidades de vigilancia marítima de la Alianza. Así como la compra conjunta de aeronaves GlobalEye de la empresa sueca Saab para modernizar las capacidades de detección y control aéreo de largo alcance. Estos aparatos adaptados para funcionar en el marco de la guerra electrónica y de la ciber guerra pueden detectar barcos a aproximadamente 400 kilómetros de distancia e incluso una moto marina o el periscopio de un submarino en un radio de 185 km. El secretario general también presentó la iniciativa Drone Edge, que incrementará significativamente la inversión en sistemas anti drones y mejorará la formación de los operadores de tales aparatos.
Temas de discordia
Para la OTAN, el cónclave de Turquía -país que cuenta con el segundo ejército más grande a la Alianza- fue el momento de evaluar, además, los grandes temas pendientes y las tareas cumplidas por los Estados miembros.
Uno de ellos y tal vez esencial, es el aumento del presupuesto militar de cada país miembro. Antes de la cumbre Mark Rutte había anticipado que los aliados europeos y Canadá ya habían logrado avances significativos hacia el objetivo de un gasto en defensa correspondiente al 5 % de su Producto Interno Bruto (PIB) para 2035. Hasta ahora, según Rutte, “el progreso ha sido impresionante” y tras solo un año “ya destinan aproximadamente el 4 % de su PIB a defensa y seguridad”.
Porcentajes que en el caso de algunos países europeos siguen siendo cuestionados por Donald Trump, quien llegó a Ankara repitiendo dos argumentos irritantes que reabrieron las tensiones con sus aliados. Reiteró sus críticas porque las naciones europeas no acompañaron a Estados Unidos en su guerra contra Irán ni en el despliegue de una fuerza única para controlar el Estrecho de Ormuz, lo que provocó una crisis de credibilidad de la Alianza ya que Washington se vio “defraudado” por la actitud europea. Además, volvió a relanzar el delicado tema de Groenlandia, que hace parte de Dinamarca pero que el presidente republicano quisiera anexar a los Estados Unidos, argumentando, esencialmente, cuestiones geoestratégicas de seguridad.
Tan pronto llegar a Ankara -en el marco del reinicio de ataques militares contra Irán que significan el fin del frágil alto al fuego-, Trump removió ambas temáticas en sus declaraciones públicas con el objetivo de condicionar el marco de discusión de la cumbre. Reactualiza así, una vez más, la táctica ya conocida de imponer su propia agenda y sus prioridades en los espacios multilaterales. En ese sentido, reiteró sus amenazas de retirar el apoyo a la defensa militar de Europa.
En los últimos meses y dependiendo de su humor momentáneo, Donald Trump ha atacado, criticado, subestimado o desestimado a dirigentes de los países europeos aliados. Sus ataques pasaron de Pedro Sánchez de España a Giorgia Meloni de Italia, pero también a los primeros ministros de Alemania o Gran Bretaña, según fueran las coyunturas y sus cambiantes estados de ánimo. Ráfagas de críticas que avivaron tensiones diplomáticas y que han hecho perder la confianza de gran parte de la dirigencia europea hacia Donald Trump y viceversa y que repercute directamente en el frágil e inestable funcionamiento de la OTAN.
En Ankara el presidente estadounidense no cambió su discurso munido con argumentos y valoraciones contradictorias y cambiantes. En ciertos momentos reconoció los avances presupuestarios de sus aliados, en otros, arremetió con sus críticas ya conocidas. Ejemplo emblemático de sus humores variables es lo que declaró sobre España. Aterrizando a Turquía la clasificó de “mala gente” y “que se debía reconsiderar los acuerdos económicos” con el país ibérico. En tanto en el avión de retorno a Washington le dedicó elogios por el cumplimiento de sus compromisos presupuestarios.
Todo para la guerra
A pesar de esas tensiones reales, el comunicado final de la Cumbre de Ankara emitido por la propia OTAN obvió cualquier diferencia y se centró en los logros puntuales, en la unidad de la Alianza. Señala que las inversiones militares están aumentando, se desarrollan nuevas capacidades, la producción industrial de defensa se incrementa y los aliados europeos y Canadá desempeñan un papel cada vez más importante en su seguridad.
Revindica también el aumento paulatino, constante y significativo de los presupuestos para la defensa de cada Estado, así como la cooperación con la industria para fortalecer las capacidades de disuasión y defensa de la OTAN.
Subraya que dirigentes de Estados y empresarios del sector militar acordaron en la capital turca proyectos de adquisición por valor de más de 50.000 millones de euros y la inversión de más de 40.000 millones en sistemas aéreos no tripulados durante los próximos cinco años. Y que, adicionalmente, la OTAN ratifica su apoyo incondicional a Ucrania a quien destinará 70.000 millones de euros en equipo militar, asistencia y entrenamiento en 2026 y a repetir en 2027.
Ni una palabra de parte de los voceros de la Alianza ni de la dirigencia política presente en Ankara sobre el origen de los fondos para reforzar el aparato bélico-industrial de la OTAN. Presupuestos militares que se duplican o triplican y que atentan en cada Estado miembro contra sectores sensibles como la educación, la salud o la cooperación internacional. Lo que es claro y evidente que una tajada mayor de la torta que no crece va para la guerra, lo que significa un golpe más contra los contribuyentes y el Estado social que en Europa se viene debilitando a pasos agigantados.
Sergio FerrariJournaliste RP/periodista RPTel: (00 41) 078 859 02 44
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