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Los rituales, las multitudes y el deporte.

Por: Elio Masferrer Kan. *

En el contexto del campeonato mundial de fútbol es importante entender la confluencia de nuevos procesos sociales que congregan multitudes y permiten formas inéditas de cooperación y organización social. Antes los espacios de congregación de las multitudes eran controlados por las iglesias y en el caso mexicano y latinoamericano, por la Iglesia católica. La asistencia semanal a los tempos, las procesiones y congregaciones e incluso los autos de fe inquisitoriales estaban regidos por un sistema de rituales regidos por la Iglesia, que involucraba a las autoridades políticas, quienes confiaban en que sus acciones estaban respaldadas por la Gracia de Dios, quien designaba las autoridades y a su vez, estas controlaban mediante el Patronato Real a la Iglesia.

El siglo XIX se caracterizó por el desarrollo de las independencias nacionales, la ruptura con el clero español, a la vez que la Iglesia establecía nuevos acuerdos con las nacientes repúblicas, simultáneamente los liberales impulsaban estados laicos y la libertad de cultos para mediatizar el poder clerical y legitimar nuevas oligarquías nacionales. El siglo XX se caracterizó por importantes procesos de migración de las zonas rurales a las ciudades generando a su vez nuevos fenómenos de masas. Lo más notable fue que la Iglesia fue rebasada por los procesos de urbanización y no tuvo la capacidad estructural para que las multitudes urbanas siguieran los cánones del Período colonial, donde las identidades locales estaban determinadas por las vírgenes y santos patrones de las diferentes localidades.

Surgirían así nuevos procesos y mecanismos identitarios y el deporte se configuró como un mecanismo viable para la construcción de identidades locales, regionales y nacionales. En paralelo, la construcción de nuevas identidades pasaba por el desarrollo de los medios de comunicación de masas que entronizaban nuevos héroes culturales en artistas cinematográficos y cantantes que expresaban los sentimientos de las masas en nuevos contextos sociales, y es allí donde la Iglesia Católica no supo librar la batalla. El mundo evangélico fue muy eficaz en el desarrollo de la música cristiana, el surgimiento de oradores que trabajaban el mensaje religioso con una estrategia que se alejaba de lo clerical, pero que llegaban y llegan a sectores importantes de la sociedad.

Actualmente las multitudes se congregan en los estadios deportivos y los equipos tienen a nuevos héroes que realizan procesos y milagros. Simultáneamente el deporte permite “igualar” a los pueblos, y generan un conjunto de simetrías simbólicas que obligan a los países del Primer mundo a competir con pueblos, países y estados más débiles, donde simbólicamente quedan evidenciada la vulnerabilidad de los poderosos y las capacidades de los más débiles para confrontarse con los “otros”, quienes deben rendirse en términos deportivos y no “vale” apelar a la capacidad financiera, industrial o militar.

El surgimiento de nuevos héroes culturales basados en la destreza física, el timbre de la voz o la capacidad de construir nuevos discursos representan desafíos para la construcción de poder, hegemonía y autoridad. Allí se construyen nuevos espacios de confrontación simbólica, pero no menos real y consistente. Pues los juegos deportivos se configuran en lo que los antropólogos llamamos “batallas rituales”, espacios sociales donde se desarrollan conflictos con ciertas reglas de juego, donde la convivencia de los contrarios se expresa en términos relativamente pautados y los poderosos deben admitir ser cuestionados por sus antiguos dominados.

Las batallas simbólicas inciden en el estado de ánimo de las masas, donde el asunto no necesariamente pasa por ganar o perder, sino por que tuvimos la capacidad de “demostrar nuestras fortalezas” y ser escuchados. Para los países sedes del campeonato el desafío es demostrar ser anfitriones mundiales y convencer al Mundo de sus capacidades y calidades social y económica. Las iglesias evangélicas crearon ministerios especializados en “Atletas (o deportistas) por Cristo y lograron el apoyo de figuras importantes, que les permiten capitalizar estos eventos.

Hay un componente cualitativo adicional, pues ser reconocido por la capacidad de anfitrión mundial incide en la autoestima y los orgullos nacionales, compartidos por quienes se sienten reconocidos como anfitriones. Esto influye directamente en el fortalecimiento de las respectivas identidades nacionales y genera además un elemento adicional, que define de alguna manera los “tiempos políticos” y la capacidad de los diferentes actores para posicionarse ante la sociedad y la opinión pública. Hay veces que es mejor callar y esperar una oportunidad adecuada para impulsar determinadas acciones. La política tiene sus tiempos y los buenos políticos “saben cuándo”.

*Doctor en antropología, profesor investigador emérito ENAH-INAH