Creencia

La complejidad del campo político religioso mexicano.

Por: Elio Masferrer Kan. *

La religión y la política en México tienen elementos dinámicos que le dan una singularidad que los diferencia radicalmente de otros procesos nacionales en nuestro continente. Es importante recordar que México tiene más de 3100 kilómetros de frontera con la mayor potencia protestante, los Estados Unidos de América, y a su vez fue colonizado por el Imperio Español que impuso el catolicismo como religión de Estado.

La estrategia colonial del catolicismo se basó en el cumplimiento de los sacramentos sin capacidad para transmitir los contenidos simbólicos y teológicos que los justificaban y explicaban, dando lugar a un proceso de construcción de formas diversas de catolicismos étnicos que retomaban las tradiciones culturales prehispánicas y las reformulaban en construcciones simbólicas, que podían ser viables para ser aceptadas por los frailes y sacerdotes, aunque asumían en muchos casos rituales agrícolas y de fecundidad. Estas formas tradicionales de religiosidad implicaron que fueran vistas por los liberales, como la principal dificultad para el desarrollo social y económico, impulsando el desarrollo del protestantismo, como una estrategia de cambio cultural. Los masones, quienes eran habitualmente católicos impulsaron la libertad de cultos en el siglo XIX y se confrontaron en violentas guerras civiles con los católicos conservadores.

Los protestantes se consolidaron y expandieron en todos los ámbitos de la vida nacional, favorecidos en gran parte por la consolidación del estado laico como resultado de la Guerra Cristera y la Revolución Mexicana, pero fundamentalmente por la crisis de las propuestas pastorales de la Iglesia Católica que no ha podido construir una propuesta teológica que rebasara los criterios sacramentalistas. Este hace énfasis en el cumplimento de los sacramentos para asegurar la Salvación, liberando a los creyentes de culpa por sus “errores” y pecados, pues el sacrificio de Jesús de Nazareth aseguraría a todos los cristianos el acceso al Paraíso, sin cuestionamientos al “desempeño” del alma en cuestión.

La estrategia de conversión de los evangélicos hace énfasis en la noción de culpa y que la Salvación no es por “obras”, sino por un arrepentimiento personal y  “genuino” de cada quien, pues cuando se “abarata” la Salvación, esto genera “sospechas”. Esta noción de arrepentimiento es estratégica pues implica que cada quien asuma la responsabilidad por sus acciones y en esto está basada la expansión de los evangélicos, y particularmente, los pentecostales, quienes hacen énfasis en la acción del Espíritu Santo. Curiosamente entre los católicos la opción  que más crece son las carismáticas que hacen también énfasis en el Espíritu, mientras que las propuestas tradicionales están en decadencia.

Esto lleva a un doble proceso, disminuye el número de católicos y cae la cantidad de templos católicos abiertos por la crisis de vocaciones religiosas y de feligreses, incrementandose el número de ateos y agnósticos y se consolida un número creciente de creyentes sin una adscripción religiosa definida, pero aumenta la cifra de evangélicos y particularmente quienes hacen una lectura fundamentalista de la Biblia, consolidando un proceso de secularización que no implica el abandono de lo religioso, sino todo lo contrario, un intento radical de actualización del mensaje bíblico a los contextos y circunstancias de la vida contemporánea.

México tiene alrededor de 4500 iglesias evangélicas independientes entre sí, que involucran a más de ciento cincuenta mil pastores y que se reúnen en más de ciento veinte mil templos y congregaciones, donde asisten sistemáticamente más de 18 millones de mexicanos, una gran diversidad, pero que coinciden en la Biblia como su fuente de inspiración. Una fuerza social impresionante que convoca a muchos interesados en cooptarla y que se articula implícita, pero no estructuralmente con miles de católicos carismáticos.

La fuerza de los evangélicos está en su dispersión y en la carencia de un liderazgo centralizado, lo cual implica que los fieles más participan activamente en su iglesia, por el concepto de “sacerdocio universal de los creyentes”. A su vez, los católicos mantienen una presencia importante, limitada por el clericalismo, qué ve con desconfianza la participación de los laicos. En este  contexto los evangélicos son muy independientes y nacionalistas, sensibles a las políticas discriminatorias aplicadas contra los migrantes en los Estados Unidos, pues muchos de ellos creyeron en el “sueño americano” y ahora, sus parientes y amigos sufren descalificaciones y tratos denigrantes por la “migra”.

La ruptura del concepto del Destino Manifiesto implica necesariamente la pérdida de liderazgo mundial, de quienes no entienden como se construyen los consensos.

*Doctor en antropología, profesor investigador emérito ENAH-INAH