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Iglesias y creyentes en política electoral. Propuestas y destinos.

Por: Elio Masferrer Kan. *

La legislación mexicana en materia de registro de nuevos partidos políticos es compleja y muy estricta en materia religiosa, pues fue formulada en 1992, junto con la apertura del Estado Mexicano, que implicó derogar una legislación sumamente restrictiva que derivaba de la Reforma juarista de 1857 y de la Constitución aprobada en la Constitución de 1917 y la derrota militar de la insurrección de un sector integrista de la Iglesia Católica, la Cristiada (1926-29). Las restricciones a las iglesias y particularmente a la Iglesia Católica eran abrumadoras, sus bienes habían sido expropiados y los ministros de culto no tenían derechos políticos por prestar “obediencia a un Jefe de Estado extranjero”, el Papa, las restricciones llegaban a tal nivel que los sacerdotes no podían recibir herencias, ni circular con ropa religiosa en la calle.

Las leyes mexicanas en materia electoral vigentes prohíben expresamente que los ministros de culto o las iglesias participen en procesos electorales, y no pueden inscribirse como militantes en partidos políticos, para ser funcionarios del Estado deben esperar tres años a su renuncia al estado eclesiástico y cinco años para ser candidatos. Aunque, “hecha la ley, hecha la trampa” y las iglesias participan en los procesos electorales a través de laicos comprometidos con los jerarcas religiosos.

Las iglesias han desarrollado estrategias para incidir en las elecciones en tres temas: evitando que se apruebe cierta legislación, incidiendo en el comportamiento electoral y logrando prebendas y beneficios, recibiendo recursos y capital social. Estas situaciones les permiten a las iglesias demostrar poder para, desde su posición, negociar en forma eficiente con los políticos. Adquiriendo prestigio, legitimación social e institucional que les permitiría presentarse  como una organización sólida, prestigiada y reconocida en distintos ámbitos de la sociedad.

Históricamente la Iglesia Católica fue reconocida como la que tenía mayor influencia y control social, lo que implicó un conjunto de estrategias de la Iglesia para mantenerse en el poder, pese a las constantes presiones de los sectores anticlericales y de la masonería para quitarle poder, aduciendo el carácter laico del Estado, prácticamente el único parapeto político para contener a la Iglesia Católica, aunque el mayor problema viene de sus errores históricos y estratégicos, negándose a entender los cambios en la cultura social y política de México y otros países de América Latina. La Conferencia del Episcopado Mexicano, que reúne a los obispos católicos logró institucionalizar una “pasarela” de los candidatos presidenciales, donde pareciera que les toman examen, en 2024 el papa Francisco invitó a Roma a los candidatos presidenciales y fueron Xochitl Galvez y Claudia Sheinbaum.

La estrategia de los evangélicos es distinta, sus proyectos pasan por consolidar partidos políticos con programas confesionales, basados en “preceptos bíblicos”. Aparentemente la estrategia debería ser exitosa pues precisamente los evangélicos plantean su obediencia a la Biblia, en tanto “palabra de Dios”. Esta estrategia política ha sido eficaz en Costa Rica, pero la misma tiene serias limitaciones. Fracasó en Guatemala y se descompuso en Brasil, por los excesos de Bolsonaro. Los casos más recientes son en Argentina, el telepredicador Dante Gebel y  el caso mexicano.

El diputado federal Hugo Eric Flores Cervantes está en el tercer intento fundacional de un partido, tratando de cooptar el voto evangélico dentro de la Cuarta Transformación que se llamaría Paz; desde la derecha evangélica se lanzó el partido Vida, con un programa marcadamente definido hacia la vigencia de la familia tradicional y un fuerte rechazo a las reivindicaciones “woke” de los colectivos feministas y LGTBQ. Sus registros están seriamente cuestionados pues tienen registrados como propios, militantes de un partido ya registrado, poseen ministros de culto como militantes y lo más serio, no pueden explicar el origen del dinero empleado en la campaña de registro. En el estado de Jalisco obtuvo el registro un partido local Humanismo Mexicano vinculado a la Luz del Mundo, que a nivel nacional está aliada con MORENA, el partido en el gobierno.

El problema que tienen los partidos evangélicos en México es la cultura laica de la sociedad y la noción de que una cosa es la Fe, las Sagradas Escrituras y otra los políticos, quienes no tienen “buena fama”, y son vistos como un mal necesario. Por qué los evangélicos son los principales defensores de la laicidad del Estado, muy sencillo, no quieren que los católicos los “mayoriten” porque sus iglesias y congregaciones habitualmente son pequeñas, aunque crecen constantemente y actualmente son el 20% de la población. Pero el asunto es programático, tienen claro que una cosa es “la Palabra de Dios” y otra cuestión son los programas políticos y observan con desconfianza a los nuevos “profetas”.

Cómo dice el refrán popular “no hagas cosas buenas que parecen malas”.

*Doctor en antropología, profesor investigador emérito ENAH-INAH