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TEMAS PARA RELEER.

POR: MIGUEL BLANDINO.
A propósito de lo que el Papa ha dicho sobre la Inteligencia Artificial, me vienen a la mente los escritos de los fundadores de las ideas del socialismo científico.
Este año se cumplen 150 desde que Friedrich Engels escribió “El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre”.
Ese pequeño texto forma parte de Dialéctica de la Naturaleza, una portentosa obra que ilumina las avenidas por las que debería caminar la humanidad.
Al hablar del papel del trabajo, Engels dice que esa actividad moldeó la mano del simio, movió el pulgar para oponerlo a la palma y convertirla en la potencia que detonó el desarrollo del cerebro. Filosóficamente, materialismo puro: no son las ideas las que dan forma al mundo, sino la materia la que da origen a las ideas. Primero fue la mano. Ella, en el trabajo físico activó al cerebro y “de ahí pa’l real”, nació la humanidad.
Pero el trabajo no como actividad individual y aislada, sino social, colectiva, comunitaria.
Esto es muy interesante, y mucho más ahora cuando la tecnología está eliminando el trabajo y aislando a los individuos.
Hoy ya casi nadie usa su cerebro, papel y lápiz para hacer una operación aritmética, encontrar el logaritmo, o hacer el resumen de un texto. Para eso están las calculadoras, los teléfonos celulares y la IA.
Los chinos ya fabrican, ensamblan y empacan todo en fábricas oscuras en las que no encienden luces ni usan inodoros porque los robots no los necesitan, como tampoco se enferman ni piden permiso para ir a la escuela.
Las cifras de desempleo aumentan, pero ese no es el peor de los problemas.
El peor quizás va a ser la involución en los cerebros, la deshumanización de las personas y su “reanimalización”.
No será mañana, quizás tampoco pasado mañana.
En el capitalismo, en el mundo regido por los valores de la propiedad privada, como la riqueza tiende a concentrarse, la humanidad se descarta, se desecha.
Solo en el socialismo y en el comunismo, donde la propiedad es social y la distribución de la riqueza abarca a todos, el desarrollo de la tecnología enriquece al ser humano que puede dedicarse a las artes, a las ciencias, a la filosofía.
Los límites morales de la tecnología son un problema que debe estar en los temas de primera prioridad.