León XIV lleva a España un potente mensaje político de cercanía a los vulnerables.
“La caridad no puede esperar”, asegura el Papa en una intensa jornada en la que ha llamado a la clase dirigente a “abandonar” la polarización y que ha culminado con una multitudinaria vigilia ante más de 500.000 jóvenes
Entre lo institucional, lo social y lo pastoral, León XIV ha iniciado este sábado el viaje que durante seis días le llevará por Madrid, Barcelona, Gran Canaria y Tenerife, la primera visita a España de un papa en 15 años, y lo ha hecho con un potente mensaje político que ha querido lanzar desde el arranque de su periplo español. El pontífice ha sido directo y firme en este sentido, dejando un tono más relajado y los gestos más cercanos para vulnerables y jóvenes. Así, ha tratado de buscar el equilibrio entre las advertencias por las malas decisiones que se toman en los Estados o en el mundo con la necesidad de la cercanía y la ayuda urgente, sin peros, a los que más la necesitan.
Esos objetivos con los que ha llegado el Papa a España explican que, en una intensa jornada, haya llamado a la clase política a la reconciliación y a evitar la polarización, insistiendo en la paz y el multilateralismo. Pero, al tiempo, ha invitado a “cultivar un corazón sensible a las necesidades de los demás”, una vez que ha dejado a los altos cargos de las instituciones españolas para ir a un centro que trabaja con los más vulnerables. Ante miles de jóvenes, ya al atardecer, ha arengado a testimoniar su fe para dar “una nueva dirección a la sociedad”.
Todo ello, apenas horas después de que el Vaticano confirmara que en estos días mantendrá un encuentro con víctimas de abusos sexuales en el seno de la Iglesia, lo que añade aún más relevancia a su viaje, por ser este un tema de máxima sensibilidad en nuestro país, con centenares de denuncias al respecto.
Comenzó todo a las 10.12 horas de la mañana. Con puntualidad vaticana, el Airbus A-320 de ITA Airways que le traía desde Roma tomaba tierra en el Aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas. Apenas unos minutos después León XIV pisaba por primera vez como Papa suelo español. Era la primera toma de contacto del carrusel de actos en una apretada agenda del primer día de los seis que el Papa pasará en España y que continuaba con la ceremonia oficial de bienvenida en el Palacio Real.
Fue allí donde León XIV pronunciaba, en presencia de los Reyes, el presidente de Gobierno, Pedro Sánchez, y las principales autoridades del Estado, incluidos todos los presidentes autonómicos con la excepción del lehendakari, Imanol Pradales (que sí acudirá a uno de los actos en Canarias), el primer discurso de su viaje. Una intervención realmente de calado que desbordaba lo eclesial y en la que agradecía a España “su fidelidad al derecho internacional y al multilateralismo” y “su compromiso activo con la paz y con la solidaridad de los pueblos”. Palabras que inciden en la distancia que Prevost viene tomando con su compatriota, el presidente de EEUU, Donald Trump.
Asistían también representantes de la oposición, Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal, singularmente. En dos días hablará en el Congreso de los Diputados, pero León XIV no ha esperado a entonces para invitar a la clase política presente a «abandonar las narrativas divisivas y polarizantes». De no menos peso fue su intervención en el Salón de Columnas del Palacio Real de Felipe VI, quien por primera vez se refería a los abusos sexuales en la Iglesia española y subrayaba la «claridad y firmeza» del Pontífice, «esenciales en el proceso sanador y de reparación del daño infligido».
Un permiso de residencia
Tras la recepción y un recorrido en papamóvil hasta completar el trayecto a la Nunciatura Apsotólica -donde se aloja durante su estancia en la capital y que ha sido seguido por unas 130.000 personas-, el Pontífice afrontaba por la tarde la segunda mitad del día. De la pompa del Palacio Real, a la realidad de la vida en la calle: León XIV visitaba el proyecto social CEDIA de Cáritas, un centro en el distrito de Carabanchel, en una de las zonas más humildes de Madrid, en el que el año pasado se atendió a más de 2.500 personas sin hogar. El Papa no ha dejado de dar acento social a este viaje pastoral, en el que también visitará una prisión en Barcelona y acudirá al muelle de Arguinegrín, en Gran Canaria, espacio simbólico de la crisis migratoria y el drama de la ruta atlántica.
Allí, en el madrileño barrio de Lucero, insistía en el mensaje de cercanía a los vulnerables y proclamaba sin ambages que «la caridad no admite demoras». En un emotivo encuentro que servía de “abrazo” de la Pastoral Social de la Iglesia a León XIV , escuchaba, entre otros testimonios, el de Khadri, llegado de Senegal en 2020 y que hoy ayuda en la acogida de migrantes. El joven le hacía entrega de un regalo cargado de significado en el contexto del reciente proceso de regularización: una réplica de su permiso de residencia. Un avance, seguramente, de lo que se vivirá en Canarias.
León XIV concluía la primera jornada de su visita en la Plaza de Lima con una vigilia con jóvenes que desde primera hora de la tarde llegaban por centenares. Hasta 280.000 se habían registrado previamente aunque la afluencia final ha sido mucho mayor, unas 500.000 personas según informaba Delegación de Gobierno hacia las ocho y media de la tarde. A ellos ha dirigido otro mensaje nítido. “Sed humanos, hombres y mujeres de carne y hueso, no apariencias. Nuestra fe es un estilo de vida que se cumple en la caridad”, exhortaba. “Esta, queridos jóvenes, es la virtud que cambia la historia más que ninguna otra”.
