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La «magia» de la riqueza exprés en la Asamblea Legislativa.

Por: Mauricio Manzano.

Existe un axioma en la física del poder que la propaganda no puede camuflar: la acumulación acelerada de riqueza privada desde la función pública no es el resultado del talento financiero, sino de la descomposición moral.

En el El Salvador, la reciente filtración y publicación de los estados patrimoniales de diputados y ministros por parte del propio Ministerio de Hacienda ha levantado el velo sobre una realidad incómoda; aquellos que entraron prometiendo «limpiar la casa» han utilizado el Estado como un bufete privado para el enriquecimiento exprés.

Cuando un funcionario entra pobre a las estructuras del Estado y en un par de años exhibe un patrimonio de miles y hasta de millones de dólares, la lógica matemática desplaza a la retórica política, o son magos o son ladrones. Y en el mundo real, la magia no existe.

El análisis crítico de los datos patrimoniales publicados demuestra que la obtención de estas fortunas no responde a la dinámica del libre mercado, sino a la explotación de los recursos de las institucional del Estado para beneficio personal.

La publicación de Hacienda revela una desconexión total entre los salarios nominales de los ministros y el crecimiento de sus activos fijos, cuentas bancarias y bienes raíces.
Este escándalo patrimonial fractura de manera irreversible la narrativa oficial del régimen que exige sacrificios a la población pobre, justifica el alto costo de la canasta básica, la falta de medicamentos en los hospitales y la precarización del empleo bajo la promesa de un «sociedad segura», sin embargo, esta narrativa se estrella contra la opulencia de sus legisladores y ministros.

Mientras el ciudadano común es vigilado y auditado por cada centavo que ingresa, las cúpulas políticas del gobierno operan en una dimensión de total impunidad fiscal. La publicación de estos datos por el propio Ministerio de Hacienda no hace más que confirmar que la corrupción no ha desaparecido; simplemente ha cambiado de manos y se ha centralizado en una nueva oligarquía política que confunde los bienes de la nación con su caja chica personal.

Ese dinero es inmoral y no huele a sudor. Porque lo que estamos viendo son personas que entran a la política con las manos vacías o casi vacías y en poco tiempo estan con los bolsillos llenos, esto nunca se puede llamar exito, hay que llámalo por su nombre: parásitos de la patria. El verdadero político honesto entra al servicio público para desgastarse, no para engordar. Estos políticos que sacristán sus vestiduras de marca hablando de ayudar a los humildes pero sus cuentas bancarias reflejan miles y millones de dolares, entonces. sus palabras no valen nada. La ética nos enseña a medir a las personas por sus huellas, no por su retórica.
Esta nueva riqueza que hoy exhiben los diputados y ministros, lo más probable es que se ha pagado con el presupuesto de las escuelas que no se construyeron, la canasta básica que la gente no puede pagar y la dignidad de los inocentes.

En El Salvador los tiranos y sus cortesanos creen que el poder los hace invisibles ante la ley. Hoy celebran sus riquezas y se burlan de la escasez de los pobres desde sus camionetas de lujo. Pero la verdad tiene paciencia, los datos de su codicia ya quedaron grabados en la memoria colectiva, y en su momento, entregaran cuenta.