¿Qué pueden hacer los demócratas ahora con su victoria en el Congreso de EEUU?
El Partido Demócrata ha arrebatado a los republicanos el control de la Cámara de Representantes y del Senado y domina 28 de los cincuenta Estados. Podrá maniatar, pero no controlar a Trump, que ya ha dicho que vetará todo lo posible, pero también que negociará.
Por: Mario Saavedra.
Una de las primeras reacciones de Donald Trump tras la victoria arrolladora de los demócratas en las elecciones legislativas de medio mandato ha sido reconocer su derrota, felicitar a sus adversarios y mostrarse dispuesto a negociar con ellos. Es todo un cambio respecto a la actitud que mantuvo tras perder las presidenciales de 2020, cuando se negó a reconocer la victoria de Joe Biden. Un Trump inédito. El «blunami«, el tsunami azul de los demócratas, ha sido incontestable: se han llevado por abrumadora mayoría la Cámara de Representantes, el Senado y han alcanzado la mayoría de los gobiernos estatales.
En una entrevista con The New York Times, el presidente estadounidense ha asegurado que está «absolutamente dispuesto a aceptar los resultados» y añadió: «Trabajaremos con los demócratas. Estamos deseando trabajar con ellos. Probablemente lleguemos a algún acuerdo». En otra entrevista, esta vez con CBS News, fue más explícito: «Felicidades a los demócratas. Espero trabajar con ustedes por el bien de nuestro país».
Pero Trump también ha querido dejar claro que no piensa renunciar a su poder. Después acudió a su red social favorita, Truth Social, y publicó la imagen de una gorra roja, como las que habitualmente llevan su lema MAGA, pero esta vez con una única palabra escrita en letras blancas: «VETO».

El presidente ya había advertido antes de las elecciones de que, si los demócratas ganaban el Congreso, se convertiría en «Mr. Veto», el señor Veto. Y, una vez conocida la derrota republicana, insistió en Fox News: «Nos enviarán cosas disparatadas y las vetaré. Y después de un par de meses de vetos, llamarán y dirán: ‘¿Cómo conseguimos que se aprueben las cosas?’. Y trabajaremos juntos».
Un pato cojo y maniatado
Trump conserva un poder muy amplio para gobernar durante los dos años que le quedan de mandato y los demócratas, pese a su victoria, no podrán imponerse fácilmente.
Sigue siendo el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas y conserva la capacidad de ordenar operaciones militares, aunque para una guerra sostenida debería obtener permiso del Congreso. Pueden intentar cortar o condicionar la financiación de las aventuras militares del presidente, por ejemplo contra Irán, los demócratas podrán apretar negándole nuevos fondos o imponer restricciones a su utilización. Sin embargo, Trump podría vetar esas leyes y todavía dispondría de determinados recursos y competencias para mantener las operaciones bélicas.

Trump puede seguir firmando órdenes ejecutivas para aplicar sus políticas sin necesidad de aprobar nuevas leyes, siempre dentro de las competencias que le reconoce la Constitución. Y para anular un veto presidencial a las leyes del Congreso, se necesita una mayoría de dos tercios tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado, que los demócratas no tienen. Si Trump hace algo demasiado extremo, quizá puedan unirse suficientes republicanos, pero es un escenario complicado.
El Congreso podrá lanzar comisiones de investigación sobre sus actuaciones más extremas, desde las redadas brutales del servicio de inmigración ICE a los sospechosos negocios familiares. Pueden hacer desfilar por el Congreso a los secretarios de Defensa, de Comercio o de Estado, y aumentar así la presión política sobre ellos.
Cámara de Representantes
Llegado el caso, pueden promover un nuevo juicio político contra Trump si consideran que ha cometido abusos de poder u otras infracciones que justifiquen ese procedimiento. La Cámara de Representantes puede aprobar una acusación por mayoría simple, pero para condenarlo y destituirlo necesitarían el voto favorable de dos tercios del Senado, una cifra fuera de su alcance sin un apoyo republicano considerable.
Frenar los nombramientos más radicales
Una de las consecuencias más importantes de la victoria demócrata estará en los nombramientos. El Senado tiene la última palabra sobre la confirmación de los altos cargos de la Administración, responsables de agencias federales y altos funcionarios del Departamento de Justicia. Hasta ahora, la mayoría republicana había facilitado la aprobación de muchos de los candidatos más radicales de Trump. A partir de enero, los demócratas podrán bloquear aquellos que consideren inaceptables y obligar al presidente a buscar perfiles más moderados.
Ese control se extiende también a la justicia federal. Los demócratas podrán impedir el nombramiento de nuevos magistrados del Tribunal Supremo si se produce alguna vacante. También tendrán la capacidad de bloquear las candidaturas de Trump para los tribunales federales inferiores o de los fiscales federales, cuyos nombramientos requieren la confirmación del Senado.
Resistencia desde los Estados demócratas
Hay un tercer frente de resistencai: los Estados. Los demócratas han conseguido hacerse con la mayoría de las gobernaciones de Estados Unidos por primera vez en 16 años. Antes de las elecciones gobernaban 24 de los 50 estados; ahora se han asegurado al menos 28, a falta de completar el escrutinio.
Han recuperado Texas, Georgia, Iowa, Ohio y Nevada. El caso más llamativo es el de Texas, bastión conservador por antonomasia, que por primera vez en casi cuatro décadas estará en manos de una demócrata, Gina Hinojosa. Es, además,la primera latina y la primera mujer en dirigirlo. Tendrá de su lado en el Senado de Washington al nuevo y flamante senador demócrata James Talarico, otro hito.
