Hacia una caracterización del exilio político centroamericano.
Lees el estudio completo en este enlace: Una-aproximacion-a-la-situacion-pensamiento-y-accion-del-exilio-en-CA.pdf
Por: Alexander Segovia.
Existen varios estudios que han realizado aportes importantes a la caracterización de la diáspora
política y del exilio centroamericano (Naciones Unidas, 2026; Beristain, 2026; Gómez-Abarca, 2026,
2023, 2019; Cristosal, 2026; Casa Centroamérica, 2025; González Cueva y Álvarez, 2024; Gómez-Abarca
y Vázquez Solís, 2020; Articulación de Movimientos Sociales, 2020). El análisis que sigue profundiza
en la caracterización del exilio político salvadoreño, guatemalteco y nicaragüense, particularmente en
lo relacionado con su naturaleza y composición, su acción política, su pensamiento estratégico y sus
preocupaciones.
2.1 El carácter político del exilio y su composición
El estudio se centra en el exilio político, es decir, en aquellas personas que salieron forzadamente de
sus países de origen porque ellas o sus familias fueron objeto de persecución y/ o represión por parte
de agentes estatales en el marco de una política deliberada, dirigida a callar y debilitar a la oposición.
Todas las personas exiliadas entrevistadas -o sus familiares- fueron objeto de intimidación, persecución
y, en los casos extremos, de represión estatal -golpizas, encarcelamientos, secuestros, torturas,
destierros y desnacionalizaciones17- por el hecho de ejercer su profesión y su oficio con independencia
y responsabilidad social, por su compromiso con la democracia y la defensa de los derechos humanos,
por su activismo en favor de la verdad y la justicia, por pertenecer a movimientos sociales y partidos
políticos de oposición, por realizar investigación académica sobre temas incómodos para el poder y,
en general, por su posición crítica y de denuncia ante los abusos de poder, la corrupción estatal y el
autoritarismo (Parte III).
Estos roles los realizaban desde diferentes espacios públicos y privados como directores y presidentes
de gremios periodísticos, organizaciones de derechos humanos, sociales y territoriales; abogados
especialistas en el litigio estratégico y en la defensa de organizaciones y personas perseguidas; operadores
de justicia; autoridades ancestrales indígenas con mandatos comunitarios; funcionarios públicos -diputados, ministros-; dirigentes y activistas políticos y sociales; académicos, periodistas, escritoras,
artistas, especialistas electorales, ambientalistas, entre otros. La mayoría de ellos tiene formación
académica y profesional y algunos cuentan con capacidad institucional, experiencia organizativa y con
contactos internacionales que les facilita el activismo. Este rasgo tan diverso, especializado y sectorial
del exilio político si bien constituye una fortaleza en términos de capacidad y diversidad de incidencia,
también representa un obstáculo para la acción concertada y para la construcción de alianzas nacionales
y regionales (Sección 2.3.2).
Un rasgo importante del exilio político es la presencia de mujeres con mucho prestigio, liderazgo
y preparación, quienes pese a tener responsabilidades familiares tanto en los países de origen como
en los de acogida, dedican buena parte de su tiempo al activismo, la incidencia y a la organización de
las mujeres exiliadas. Estos roles de las mujeres exiliadas entrevistadas coinciden con los hallazgos de
otros estudios que destacan la presencia de líderes campesinas, indígenas, estudiantes, defensoras de
derechos humanos, ambientalistas, periodistas, académicas y activistas políticas (Naciones Unidas, 2026;
Gómez-Abarca, 2026; Cristosal, 2026; Casa Centroamérica, 2025). Este rasgo es importante porque son
precisamente las mujeres las con frecuencia han sufrido más las consecuencias del exilio, represión,
estigmatización y abusos por parte de los agentes estatales y en los países de acogida (Parte III).
17 De acuerdo con diversos reportes, más de 200 de las personas presas políticas que el régimen de Ortega- Murillo tenía encarceladas
desde junio de 2021, fueron desterradas en febrero de 2023. Asimismo, desde esta última fecha más de 450 personas han sido despojadas
de la nacionalidad.
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Una aproximación a la situación, pensamiento y acción del exilio político centroamericano
De acuerdo con los resultados de las entrevistas realizadas, el exilio político salvadoreño,
guatemalteco y nicaragüense incluye personas con diferentes estatus migratorios que se refieren a sí
mismas de diferentes maneras -refugiados, asilados, expatriados, desterrados, desnacionalizados-.
Conviene señalar, sin embargo, que el concepto de exilio es un término complejo y controversial que
es percibido de diferente manera por los entrevistados, lo cual parece ser un rasgo común a todos los
exilios18. Por ejemplo, una exiliada nicaragüense para quien el exilio nunca fue una opción rechaza
llamarse exiliada: “me arrancaron las raíces por la fuerza, soy desterrada, no exiliada” afirmó con
convicción. Una compatriota suya, por el contrario, prefiere que la llamen exiliada y no migrante: “no
me siento migrante, sino exiliada”, aunque aclaró que el exilio “no estaba en mi imaginario”. Asimismo,
dos exiliados nicaragüenses y una exiliada guatemalteca manifestaron su rechazo inicial a considerarse
exiliados o refugiados, por lo que se resistían a solicitar formalmente el refugio -que es el término legal
que existe en algunos países para aquellos que solicitan protección internacional- ya que el hecho de
llenar la solicitud les hacía sentirse “derrotados”.
Para otros exiliados, la dificultad de nombrarse y reconocerse como exiliados tiene que ver con la
carga ideológica y política negativa del término exilio, que, según su opinión, fomenta comportamientos
discriminatorios. Al respecto, una exiliada guatemalteca señalo que “cierta parte de la sociedad que
nos expulsó y de la que nos recibe nos juzga y nos discrimina porque somos exiliados… nos ven y nos
tratan como mierda, esa es la verdad”. En esta misma línea, una exiliada nicaragüense expresó que a
los exiliados “nadie nos pregunta quienes somos ni que profesión tenemos, solo somos un número”.
Para otra exiliada nicaragüense, esta discriminación es parte del odio que existe a nivel mundial contra
los migrantes: “todo el mundo te odia (por ser migrante) en todas partes del mundo”. Por su parte, un
exiliado salvadoreño confesó que asumir y luego hablar del exilio cuesta “porque hablar del exilio es
hablar del deterioro del país”, señalando que, aunque cueste, hay que asumirlo, ya que sirve para lidiar
con “la obsesión de volver al país de origen y solo entonces se piensa aportar de otras maneras”.
Para otras de las personas entrevistadas, el exilio es visto como un reposicionamiento para seguir
trabajando con mayor libertad y menor riesgo inmediato, y no como una derrota; por ejemplo, para
una exiliada salvadoreña, el exilio puede funcionar como una plataforma de denuncia internacional
con mayor alcance que el que era posible desde el interior: “(ahora) tengo voz con más volumen…es
una forma nueva de llevar la denuncia, con más libertad que las personas que están en El Salvador”.
En esta misma línea, un exiliado guatemalteco señaló que la idea de organizarse con otros exiliados es
“convertirse en la voz de los sin voz…decir afuera lo que no se puede decir adentro”.
La dificultad de aceptar el exilio no es sorprendente si se considera que, en su gran mayoría, los
exiliados entrevistados son personas con perfiles de liderazgo, comprometidas con el cambio social y
con la defensa de la democracia; para ellos, el exilio supone un conflicto emocional complejo. Como ha
señalado Casa Centroamérica, estas personas, enfrentan el desafío de asimilar su propia vulnerabilidad
al convertirse en exiliadas: “El cambio abrupto que significa dejar de ser agentes de resistencia y pasar a
una posición de dependencia y riesgo, genera una fuerte disonancia interna y sentimientos de pérdida
de identidad” (Casa Centroamérica, 2025:40).
Para la mayoría de las personas entrevistadas -excluyendo los desterrados y desnacionalizados
nicaragüenses- el exilio fue el último recurso para ejercer sus derechos y actuar de acuerdo con sus
creencias y principios o bien para salvarse de la prisión o la muerte después de una serie de hechos
acumulativos de represión y persecución sufridos por ellas o sus familias (Parte III). Al respecto, un
periodista salvadoreño que salió hacia el exilio luego de pasar un tiempo en la clandestinidad expresó
que salió del país “para no darles el gusto de morirme en una cárcel”.
18 Por ejemplo, en su informe especial sobre el exilio, la Comisión de la Verdad de Colombia señala las fronteras difusas entre migrantes,
personas exiliadas y solicitantes de asilo, el rechazo de los exiliados a llamarse migrantes y la preferencia de buena parte de los colombianos
en el exterior de usar el término más amplio de diáspora (Comisión de la Verdad de Colombia, 2022).
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Una aproximación a la situación, pensamiento y acción del exilio político centroamericano
Pese a sus similitudes, existen matices importantes entre los perfiles de los exilios políticos de los
diferentes países. En El Salvador, el exilio refleja la política selectiva del régimen autocrático de Bukele,
que busca deliberadamente intimidar a la oposición sentando precedentes con personas e instituciones
críticas al gobierno, en particular defensores y defensoras de derechos humanos, periodistas19, personas
vinculadas con organizaciones sociales y territoriales, exfuncionarios de gobierno, políticos y académicos,
quienes han tenido que salir del país debido a las amenazas, intimidaciones y persecución fiscal y judicial -nacional y transnacional- practicada por distintos agentes estatales20 (Parte III). El exilio salvadoreño,
además, lo componen dos generaciones claramente diferenciables: las personas que tuvieron un papel
destacado en la guerra y los activistas jóvenes vinculados a movimientos sociales sectoriales y territoriales
diversos.
En Guatemala, el exilio contemporáneo lo componen, en una proporción importante, mujeres
y hombres operadores de justicia, quienes luego de la disolución, en el año 2019, de la Comisión
Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) fueron perseguidos por Consuelo Porras
durante los ocho años que fue fiscal general y jefa del Ministerio Público21. Estas personas fueron
criminalizadas por las actuaciones realizadas en el ejercicio de sus funciones, no por participar en
actividades de oposición política. También hay periodistas, defensores de derechos humanos, líderes
sociales, autoridades indígenas, ambientalistas, estudiantes, académicos y exfuncionarios estatales,
quienes han sido objeto de represión y persecución política por defender la democracia, denunciar la
corrupción gubernamental y las violaciones a los derechos humanos y por defender los territorios, el
medioambiente y los derechos ancestrales de los pueblos indígenas y afrodescendientes22.
Por su parte, el exilio nicaragüense es el más antiguo, numeroso, heterogéneo y complejo, integrado
por personas proveniente de prácticamente todos los sectores socioeconómicos y políticos del país, con
diferentes ideologías, formaciones y experiencias y con una participación destacada de las mujeres y
los jóvenes. La masividad de este exilio es tal, que para algunas de las personas entrevistadas representa
prácticamente la totalidad de la oposición -social y política- del país y, según una exiliada “refleja la
estructura y las desigualdades sociales y del racismo de Nicaragua”. Un rasgo adicional de este exilio -que le añade complejidad- es su carácter intergeneracional, ya que combina una gran cantidad de
exiliados jóvenes reprimidos y perseguidos a partir de abril de 2018, con personas que vivieron el
período revolucionario y la transición democrática de los años 90 desde distintas posiciones y sufrieron
sus impactos de manera diferenciada.
Otra característica del exilio político centroamericano es su dispersión en distintos países de
Centroamérica, del resto del continente americano y de Europa, lo cual lo convierte en un exilio
plenamente transnacional. Si bien la dispersión geográfica representa oportunidades en términos de
incidencia, construcción de redes e interacción con el resto de la diáspora centroamericana viviendo
en esos países, también plantea retos importantes en términos de la coordinación, el diálogo y la
construcción de visiones, posiciones y agendas conjuntas debido, entre otras cosas, a que el contexto
19 De acuerdo con un informe de la Asociación de Periodistas de El Salvador (APES, 2025), entre enero y el 9 de junio de 2025, 43
periodistas salieron del país por razones de acoso y miedo a ser detenidos. Por su parte, la Red Centroamericana de Periodistas contabilizó
53 periodistas exiliados hasta el mes de septiembre de ese año.
20 Un estudio reciente sobre la criminalización y la persecución política en El Salvador clasifica a las personas afectadas de acuerdo a los
siguientes perfiles: i) personas con protección internacional especial -defensoras de derechos humanos, de derechos medioambientales,
de derechos laborales o sindicales, derechos de pueblos indígenas, periodistas y personas operadoras de justicia-; ii) familiares o personas
del núcleo cercano; iii) personas críticas que cuestionan públicamente el ejercicio del poder y/o determinadas políticas públicas; iv)
personas opositoras, identificadas por su afiliación partidaria o porque son consideradas cercanas a partidos de la oposición por haber
ocupado cargos de confianza durante sus gobiernos (Cristosal, 2026).
21 A principios de 2019 más de una docena de investigadores y funcionarios de la CICIG salieron del país. La Oficina del Alto
Comisionado de Derechos Humanos en Guatemala (OACNUDH) documentó que entre 2020 y 2025, al menos 60 operadores de justicia
salieron del país, así como 22 periodistas (Beristain, 2026).
22 Para un análisis detallado del exilio guatemalteco, ver: Beristain (2026).
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Una aproximación a la situación, pensamiento y acción del exilio político centroamericano
cultural y sociopolítico y las narrativas predominantes en los países de acogida influyen sobre la visión
y las posturas políticas de los exiliados (Parte III).
La selección del país de acogida por parte de los exiliados depende de una serie de variables, entre
las que destacan la cercanía geográfica con el país de origen, las facilidades de regularización y de
inserción laboral y productiva en el país de destino, la existencia de redes familiares o de amigos en
los países de acogida, las redes de contactos de las personas exiliadas con actores externos -gobiernos
nacionales o locales, organizaciones no gubernamentales, universidades, etc.-, la posesión de otra
nacionalidad, la capacidad económica de los exiliados para movilizarse e instalarse en el destino de
su preferencia23. Conviene señalar, sin embargo, que varias de las personas exiliadas entrevistadas han
residido en varios países y que su decisión final de establecerse en determinado territorio ha dependido,
entre otras cosas, de las facilidades para obtener protección internacional, de la posibilidad de insertarse
laboral y socialmente, e incluso del idioma24.
De acuerdo con las entrevistas realizadas y a los hallazgos de otros estudios, existen concentraciones
importantes del exilio salvadoreño en Guatemala, México, Costa Rica y España; del guatemalteco en
México, Estados Unidos y España y del nicaragüense en Costa Rica, El Salvador, Guatemala, México,
Estados Unidos y, de manera creciente, en España, debido a las facilidades que dicho país le ha brindado
a los nicaragüenses en los últimos años – incluyendo el otorgamiento de la nacionalidad a las personas
que fueron desterradas y desnacionalizadas por el régimen Ortega-Murillo-, y al creciente temor de los
exiliados de ser asesinados en Costa Rica25.
