El ejército de trolls y la granja de bots. No argumentan, saturan.
No necesitan tener razón, solo necesitan que la mentira parezca multitud. Son los que gritan para que nadie más se escuche.
Cómo la ultraderecha te vende el miedo y cómo despertar al hipnotizado digital.
Por Miguel Saavedra.
Te lo ofrecen en conferencias y foros internacionales de la ultraderecha. Con premios, con aplausos y con powerpoints de casos de éxito en Ecuador, Argentina, Chile, Honduras, El Salvador, Colombia, Perú y hasta en la democrática Costa Rica.
Desde el MAGA en EEUU hasta toda América Latina
Pagan los mismos servicios. El mismo esquema y estrategia, el mismo pack, casi el mismo proveedor de humo digital. Solo cambia la bandera del cliente y la causa , unos para llegar al poder y otros para perpetuarse.
Donald Trump ha consolidado una alianza estratégica en América Latina con los mandatarios Javier Milei en Argentina, Nayib Bukele en El Salvador y Daniel Noboa en Ecuador. Ese es el núcleo duro. Pero el corredor es más grande. El mapa real del que nadie habla es este,el corredor trumpista.De Milei a Kast, de Noboa a la democrática Costa Rica, hasta el otro dictador de centroamerica el de Nicaragua. Todos compraron el kit o matienen sus propio aparato digital y de control de la data de sus paises.Y detrás de algunos de estos mecanismos hay dinero político o del orígen difícil de rastrear.
En Nicaragua, Freedom House documentó una estructura conocida como Digital Project, con empleados de instituciones públicas dedicados a producir y distribuir contenido en redes sociales; el informe señala que estas células también fueron utilizadas para difundir información falsa y atacar a críticos del gobierno.Igual modus operandis funciona en oficinas estatales en El Salvador.
En México también se han documentado redes de cuentas automatizadas y trolls vinculadas a conversaciones políticas y ataques contra el gobierno de la presidenta Sheinbaun, por contrato pagado por alto empresario accionista de Televisa.
Esto obliga a abandonar una idea ingenua de que todo lo que parece opinión en redes es mayoría y tendencia natural y que nació espontáneamente. No, detrás hay orquestadores digitales,que hacen su trabajo para crear opiniones mayoritarias ficticias.Es la nueva forma de hacer política electoral. Lo que IDEA Internacional describe con elegancia como que las instituciones «transitan hacia la adopción de herramientas tecnológicas», acá te lo venden sin eufemismos:
Un kit de neuromarketing politico para ganar elecciones y para no irse nunca más del poder.
Tiene cuatro módulos. Se venden juntos.
El primer módulo es el clima.El más barato y el más sucio. No esperan a medir la opinión, la fabrican. Te siembran dos o tres temas miedo, odio, pánico moral o patriotismo de utilería y con trolls y portales fantasma hacen que parezca que todo el mundo habla de eso.
Mira el último ejemplo de estos días: todos los medios y redes hablando del mausoleo de Francisco Morazán y nadie del escándalo que destapa El Faro, que según su investigación, desde oficinas estatales y un banco de gobierno se habrían entregado 1.4 millones a Porfirio Chica, uno de los operadores del modelo «Cerimedo» en El Salvador. O que se comentara sobre la modificación de la ley de divulgación de informcion digital, Donde se protege a funcionarios y politicos oficialistas de dar a conocer su interaccion digital oficial o no (blindaje que les permite demandar a quien publique información de lo actuado , por ellos). Así funciona. Te cambian la agenda.
Crean la sensación de que la mayoría ya decidió: «la gente quiere mano dura», «todos piden orden», «nadie más puede salvar al país». Y cuando llega la encuestadora seria, tú ya estás calentado. No respondes lo que piensas, respondes lo que crees que quiere la mayoría para no quedarte fuera. La encuesta ya no mide, solo legitima.
Luego viene el segundo módulo, la infantería.El ejército de trolls y la granja de bots. No argumentan, saturan. No necesitan tener razón, solo necesitan que la mentira parezca multitud. Son los que gritan para que nadie más se escuche.
El tercer módulo es la fábrica de realidad.Aquí está el alto ticket. Los desinformadores que convierten un rumor en noticia. El contenido para opinadores, el guion ya masticado que repiten en TV y podcasts como si fuera análisis propio. Los periódicos fantasmas y las páginas web a granel, veinte diarios que no existen, con nombres serios, que publican lo mismo a la misma hora para que Google te diga que es verdad. Y el pago de influencers, ese que te vendía recetas y ahora te vende al candidato, facturado como «posicionamiento».
Y queda el cuarto módulo, el seguro. El que te garantiza la victoria por si no alcanzó con el miedo. Por si el algoritmo no te dio el 85%, entra lo analógico. El plan B de toda la vida: votos que se pierden en el camino, actas que se corrigen con otro lapicero, votos marcados y depositados sin doblar sino planchados, y el clásico sistema de conteo que se traba justo en el momento clave y cuando vuelve, vuelve con otros resultados.
Todo facturado como «consultoría en comunicación estratégica» o «modernización educativa con Google o Grok».
Resumen en una frase: gana quien mejor vende el miedo, mejor maquilla la mentira y además manipula el resultado final. Esa es la nueva forma de hacer política.Para ellos eso es competencia electoral.
Entonces el ciudadano tiene que preguntarse: ¿Qué hacer cuando ya sabes que te programaron el voto?
Si ya sabemos cómo funciona el Pack, la pregunta ya no es si nos manipulan, sino qué hacemos ahora que lo sabemos. Porque la misma tecnología que sirve para hipnotizar, sirve para despertar. Solo hay que cambiarle el uso.
Hay que desinstalar el chip. Pasar de consumidor a auditor. El ciudadano hipnotizado hace scroll. El consciente hace pausa. Lo primero no es discutir con el troll, es dejar de alimentarlo. El negocio del pack vive de tu indignación. Si te indigna, lo compartes. Si lo compartes, el algoritmo lo premia.
Y después viene la alfabetización digital radical. Enseñar en cada barrio no qué pensar, sino cómo funciona el truco. Que una mujer de 35 años sepa que ese video que la asustó le llegó porque el sistema sabe que tiene miedo por la seguridad de sus hijos. Cuando entiendes el anzuelo, dejas de morder. Sirve también la higiene del feed: no difundir ese meme, silenciar, bloquear, no debatir con granjas. A un bot no se le convence, se desenchufa.
La misma tecnología también puede servir para revertirlo. Ellos usan IA, datos y redes para mentir. Nosotros podemos usar lo mismo para verificar. Si ellos tienen veinte periódicos fantasmas, nosotros necesitamos quinientos observatorios ciudadanos. Si ellos pagan páginas web a granel, nosotros armamos una red de voluntarios.
¿Como se revierte? Ya existe IA para cazar bots. Las mismas herramientas que detectan patrones para venderte miedo pueden detectar que dos mil cuentas creadas hace tres días repiten la misma frase a la misma hora. Hay colectivos en Ecuador y Argentina que ya lo hacen con software libre.
Y si ellos tienen contenido para opinadores, nosotros hacemos lo mismo pero al revés: kits de verificación para el grupo de WhatsApp de la familia, un video de treinta segundos en TikTok que desmonta la mentira del día con el mismo lenguaje rápido que ellos usan. Y los influencers de la verdad. No necesitas pagar a uno con millones. Necesitas a tus propios voceros, la maestra, el enfermero, el dirigente barrial o comunal que tiene la credibilidad que el pack nunca podrá comprar.
Hay que asumir el rol de ciudadano consciente, de firewall humano. El consciente no es el que sabe más, es el que despierta a otro. Está además el enorme grupo del hipnotizado digital que cree estar solo contra una mayoría fabricada.
El trabajo del despierto es romper la espiral del silencio. Decir en voz alta: «yo también vi esa noticia falsa, a mí también me llegó, pero te invito a que mires esto otro…». Su rol no es convencer al fanático, es sostener al dudoso y sacarlo del trance, ayudarle a distinguir la realidad de la fantasía. Porque el pack no necesita que todos le crean, solo necesita que los que dudan se queden callados.
Ser firewall, ser rompefuego, es no reenviar sin verificar. Son cinco segundos que le quitan millones al pack. Es preguntar en público: ¿quién paga esta página?, ¿cuándo se creó?, ¿por qué todos dicen lo mismo? Es llevar la discusión de la pantalla a la plaza de nuevo. El algoritmo no puede manipular una conversación cara a cara en la tienda del barrio.
Con esa maquinaria de propaganda masiva haciendo uso del «pack de gobernabilidad», que en paises como El Salvador se «compra» tecnología para controlar sus datos y manipular electoralmente a su población. El escenario perfecto es contar conciudadano solos , asustados y creyendo que todos piensan igual.
El antídoto es lo contrario: te necesita organizado, informado y recordando que la papeleta sigue siendo tuya. No pueden hackear lo que no está conectado, que es la conversación humana. No dejemos que se pierda.
La tecnología no es el enemigo. El enemigo es quien la usa para venderte miedo y manipular tu voluntad.
